jueves, 23 de octubre de 2008

Queridos lectores:

El blog está totalmente actualizado e incluye todos los artículos sobre el proceso de primarias, demócratas y republicanas, para quien tenga ganas de hacer memoria.

miércoles, 22 de octubre de 2008

El campo de batalla

Una de las cosas que suelen olvidarse en relación con las elecciones norteamericanas y que es preciso recordar a menudo es el hecho de que no las gana el candidato que obtiene el mayor número de votos, sino el que obtiene mayor número de votos electorales en el Colegio Electoral, que podéis ver en el mapa que os adjunto:

Generated Map

El Colegio Electoral se compone de 538 electores, divididos entre los 50 Estados de la Unión y el Distrito de Columbia (que no es Estado, pero tiene electores). ¿Por qué 538? Es el resultado de sumar el número de miembros del Congreso (435), del Senado (100) y los tres electores del Distrito de Columbia.

El ganador del voto popular en un Estado se lleva todos los votos electorales de ese Estado (salvo en Maine y Nebraska, donde para llevarse todos los votos electorales, además del voto popular general hay que ganarlo en cada uno de los distritos del Congreso -hay 3 en Nebraska, y 2 en Maine-).

El número de electores por Estado está distribuido de manera más o menos proporcional en función de la población de los Estados. Así, lógicamente, el Estado con mayor número de electores (55) es California (que tiene 53 congresistas y 2 senadores), que es también el Estado más poblado. Otros Estados con poca población, como Alaska, Idaho o Wyoming, tienen el número mínimo de electores (3, porque tienen 1 solo congresista y 2 senadores). Los Estados más poblados (y más urbanos) están ligeramente infrarrepresentados en el Colegio Electoral, mientras que los Estados menos poblados (rurales o simplemente pequeños, como Delaware) están ligeramente sobrerrepresentados.

Este último hecho es lo que provocó, por ejemplo, que en las elecciones de 2000 Al Gore ganara el voto popular por medio punto y sin embargo perdiera el Colegio Electoral por cinco votos:


Presidential
Candidate
Popular VoteElectoral Vote
George W. Bush (R)
50,460,110 47.87% 271 50.4%
Albert Gore Jr. (D)
51,003,926 48.38% 266 49.4%
Ralph Nader (Green)
2,883,105 2.73% 0 0.0%

Cuatro años después, en cambio, George W. Bush consiguió ser reelegido ganando tanto en el voto popular como en el Colegio Electoral al candidato demócrata, John Kerry:


Presidential
Candidate
Popular VoteElectoral Vote
George W. Bush (R)
62,040,610 50.73% 286 53.2%
John Kerry (D)
59,028,439 48.27% 251 46.7

Y éste fue el mapa electoral:

Generated Map

Como podéis ver, la división en las elecciones de 2004 alcanzó incluso a la geografía.

El apoyo de Kerry se concentró en:

- los Estados de la Costa Oeste (empezando por California) y Hawaii.
- la mayoría de los Estados del Medio Oeste (salvo Iowa).
- algunos de los Estados del "Rust Belt" (Estados industriales que lo han pasado mal en los últimos años), pero no todos. De hecho, entre estos Estados estaba Ohio, que perdió y con ello, las elecciones (si Kerry hubiera ganado Ohio, con sus 20 votos electorales, hubiera ganado las elecciones aunque hubiera perdido el voto popular).
- el eje Washington, D.C.- Nueva York.
- los Estados de Nueva Inglaterra (la cuna del Partido Republicano se ha convertido en una de las regiones más prodemócratas del país).

Por su parte, el apoyo de Bush se concentró en:

- los Estados interiores del Oeste, desde Canadá hasta México, más Alaska.
- los Estados de la antigua Confederación, desde Texas a Virginia, que durante décadas habían sido la principal base de poder del Partido Demócrata.
- los Estados de los Apalaches (antiguos Estados esclavistas que no se unieron a la Confederación, como Kentucky o Missouri).
- algunos Estados del Rust Belt (Ohio, y en particular Indiana) y Iowa, el único Estado del Medio Oeste que le apoyó (por un margen mínimo).

En estas elecciones, McCain ha dirigido sus esfuerzos electorales a intentar ganar algunos de los Estados que John Kerry ganó en 2004:

Generated Map

De izquierda a derecha: Minnesota, Wisconsin, Michigan, Pennsylvania y New Hampshire. Sin embargo, lo cierto es que todas las encuestas indican que McCain no tiene posibilidades en ninguno de los Estados antedichos (de hecho, la campaña de McCain abandonó Michigan hace ya un par de semanas, y hoy se ha sabido que va a reducir significativamente sus anuncios en Wisconsin y New Hampshire. Por su parte, en Pennsylvania las encuestas le dan a Obama unos 14 puntos de media, y en Minnesota 7).

En otras palabras: McCain está totalmente a la defensiva, intentando tan solo proteger el mayor número posible de Estados ganados por Bush en 2004.

Obama, por su parte, está concentrando su ofensiva en los siguientes Estados, todos ellos ganados por Bush en 2004:

Generated Map

Una vez más, de izquierda a derecha: Nevada, Colorado, Nuevo Mexico, Iowa, Missouri, Indiana, Ohio, Virginia, Carolina del Norte y Florida.

Para que os hagáis una idea de la situación a día de hoy: según las encuestas, Obama está en cabeza en todos los Estados antedichos salvo Indiana. Y no sólo en cabeza: tiene 11 puntos de ventaja en Iowa, 9 en Virginia (¡que no vota por un candidato demócrata desde 1964!), 7 en Colorado y Nuevo México, y ya más cerca, 3 en Florida, Carolina del Norte y Nevada, 2 en Ohio y 1 en Missouri (está a 2 puntos de McCain en Indiana).

De todo el lote anterior, a Obama le basta con ganar en Iowa, Nuevo México y Colorado para ganar las elecciones. En cualquier caso, si éstas fueran a día de hoy, y como una imagen vale más que mil palabras, comparad el mapa electoral de 2004 (Bush 286 votos electorales, Kerry 251):

Generated Map

con el mapa electoral si la elección fuera hoy, de acuerdo con las encuestas (Obama 374 votos electorales, McCain 164):

Generated Map

Por supuesto, McCain puede acortar distancias (es más, la historia nos indica que eso es lo que normalmente debería pasar en los próximos días). Pero no cabe duda de que lo tiene muy difícil para ganar estas elecciones.

martes, 21 de octubre de 2008

Las elecciones de 1860

He recibido un correo privado (de Santi) en el que éste demanda una explicación un poco más detallada sobre las elecciones de 1860. Dado que fueron las primeras elecciones que ganó el Partido Republicano, y dado que fueron las elecciones que llevaron a la Casa Blanca al mejor presidente de la historia del país, y a uno de los tres o cuatro seres humanos más grandes que han existido (Abraham Lincoln), sin duda merecen una explicación a fondo.

En primer lugar, recordemos que, contrariamente, a lo habitual, se presentaron cuatro partidos:

1) El Partido Republicano: fundado en 1854 en oposición a la ley Kansas-Nebraska que pretendía expandir la esclavitud más allá del Sur y hacia el Oeste, los republicanos básicamente consistían en la rama norteña del antiguo Partido Whig, que explotó a raíz de la cuestión de la esclavitud (los whigs sureños abandonaron el Partido y se integraron en el Partido Demócrata). Se habían presentado ya en 1856, perdiendo por poco frente al Partido Demócrata. El Partido básicamente abogaba por una abolición gradual de la esclavitud, aunque sus elementos más radicales exigían la emancipación inmediata de los esclavos.

2) El Partido Demócrata: fundado en la década de 1830, gobernó durante la mayor parte de los 30 años previos a la Guerra Civil. Aunque en menor medida que el Partido Whig, que desapareció por la cuestión de la esclavitud, el Partido Demócrata se vio sacudido por esa misma cuestión en las elecciones de 1860, hasta el punto de que la rama sureña del partido se escindió y se presentó en solitario a esos comicios (tras la Guerra Civil, sin embargo, se produjo una reconciliación y los demócratas norteños y sureños volvieron a presentarse unidos). Los demócratas no eran abolicionistas, pero tampoco querían que la institución de la esclavitud se extendiera más allá del Sur.

3) Demócratas sureños: escindidos del Partido Demócrata, que, como hemos dicho, no aceptaba que la esclavitud se extendiera más allá de los Estados en los que ya existía, los demócratas sureños defendían que la esclavitud debía poder ser extendida hacia los nuevos Estados del Oeste (entre otras cosas, porque de no ser así, los esclavistas se daban perfecta cuenta de que pronto habría una mayoría de Estados antiesclavistas en la Unión), y amenazaban con la secesión si no se cumplían sus exigencias.

4) Unión Constitucional: los restos del Partido Whig se presentaron por última vez en las elecciones de 1860, intentando hallar algún tipo de compromiso entre republicanos y demócratas, aunque con una plataforma de una vaguedad total.

El día de las elecciones, estos fueron los resultados:

Presidential CandidateParty
Popular Vote(a)Electoral
Vote



CountPct
Abraham LincolnRepublican
1,865,90839.8%180


John C. BreckinridgeSouthern Democratic
848,01918.1%72


John BellConstitutional Union/Whig
590,90112.6%39


Stephen A. DouglasNorthern Democratic
1,380,20229.5%12



5310.0%

Total4,685,561100 %303

Needed to win152


Y éste fue el mapa electoral:



Como podéis ver, los resultados fueron muy peculiares:

a) Los republicanos obtuvieron la mayoría de los votos del Colegio Electoral (180 de 303), pero menos del 40% de los votos totales. Ganaron con más del 50% en la mayoría de los Estados norteños, por muy poco en California y Oregón (por eso están en azul claro) y no obtuvieron ni un solo voto en la inmensa mayoría de los Estados esclavistas.

b) Los demócratas quedaron segundos en el voto popular (29,52%), pero perdieron la mayoría de los Estados del Norte frente a los republicanos (de hecho, sólo ganaron Missouri- de color rosa, y New Jersey, en rojo), y del Sur frente a su escisión sureña o frente a los restos del Partido Whig, por lo que quedaron cuartos en el Colegio Electoral.

c) Los demócratas sureños ganaron en la mayoría de los Estados del Sur, y aunque obtuvieron muchos menos votos populares que sus homólogos del Norte, obtuvieron muchos más electores, debido a que su voto estaba más concentrado. Ahora bien, es preciso aclarar que en varios Estados sureños (Louisiana, Georgia, Maryland) ganaron con menos del 50% de los votos y que en su conjunto, aunque por poco, el Sur no era secesionista (los antiguos Whigs todavía obtuvieron un gran número de votos).

d) Por último la Unión Constitucional ganó en varios Estados fronterizos entre el Norte y el Sur (en amarillo), y aunque apenas obtuvo votos en el Norte, sí obtuvo resultados muy dignos incluso en el Sur profundo.

Carolina del Sur no votó en las elecciones presidenciales. Sus electores fueron elegidos por el Congreso del Estado (que apoyó, por supuesto, a los demócratas sureños).

Tras la elección, y aprovechando que entre la votación y la toma de posesión del presidente había más de cuatro meses, 13 Estados se secesionaron (no simultáneamente, sino en sucesión) y acabaron creando los Estados Confederados de América (en verde oscuro, los 13 Estados secesionistas).

Location of Confederate States of America

El nuevo presidente electo, Lincoln, se opuso a la separación de los Estados sureños, afirmando que era inconstitucional, lo que finalmente dio inicio a la Guerra de Secesión (1861-1865).

lunes, 20 de octubre de 2008

El efecto Bradley

En sus últimos comentarios, Alfonso y Laura mencionan el llamado "efecto Bradley", aspecto muy peculiar y propio de las elecciones norteamericanas que demanda una explicación a fondo sobre el mismo.

El llamado "efecto Bradley" es fácil de definir: se trata de una hipótesis según la cual existe un segmento de votantes blancos que al ser preguntados por su intención de voto en las encuestas contestan que van a votar por el candidato negro, pero luego, a la hora de la verdad ("en la intimidad de la cabina electoral", como sugiere Alfonso con mucha gracia), votan en realidad por el candidato blanco.

El "efecto Bradley" recibe su nombre por Tom Bradley, alcalde negro de Los Ángeles que se presentó a gobernador de California por el Partido Demócrata en 1982. Las encuestas previas a las elecciones le daban una notable ventaja, pero finalmente perdió el día de las elecciones por 1,2 puntos, atribuyéndose su derrota al hecho de que numerosos votantes blancos "mintieron" a los encuestadores y votaron en realidad por el candidato (blanco) republicano.

El "efecto Bradley" volvió a ser mencionado a raíz de las elecciones de 1989 a gobernador de Virginia, en las que Doug Wilder, el candidato del Partido Demócrata, era negro. Una vez más, tras liderar (en teoría) comodamente en las encuestas, Wilder ganó las elecciones con una ventaja de medio punto sobre su oponente (blanco) republicano, convirtiéndose así en el primer gobernador negro electo de la historia.

El "efecto Bradley" se ha estudiado científicamente en los últimos veinte años. En concreto, este año se publicó un estudio sobre el mismo cuyas conclusiones paso a resumir (de memoria):

1) El "efecto Bradley" existió durante los años 80 y principios de los 90. Como agudamente señala Laura en su comentario, no se trata tanto de una cuestión puramente racial, como de una combinación de dicho aspecto con otros factores. En particular, los estudios muestran que el "efecto Bradley" se producía en elecciones en las que el tema de la inseguridad ciudadana y el crimen era especialmente importante (las elecciones de California 1982 y Virginia 1989 fueron comicios donde esos temas se discutieron con mucha fuerza). En un contexto de inseguridad, el votante blanco inconscientemente asociaba al candidato negro con la delincuencia (por cuanto los negros en Estados Unidos son una parte desproporcionadamente alta de la población carcelaria) y le retiraba su voto en las urnas, aunque lo negaba ante el encuestador.

2) El "efecto Bradley" empezó a desaparecer a mediados de los noventa, coincidiendo -lógicamente- con la reducción de la delincuencia y de la inseguridad ciudadana en Estados Unidos (véase, por ejemplo, los logros de Giuliani en Nueva York durante su mandato 1994-2001), y a día de hoy se entiende que es inexistente. Un ejemplo clásico en ese sentido fue la elección al Senado en Tennessee en 2006, en la que Harold Ford Jr., el candidato demócrata era negro. Si bien perdió, lo cierto es que las encuestas previas al día de las elecciones le daban un resultado ligeramente peor del que realmente obtuvo. Por lo tanto, no hubo "mentiras a los encuestadores".

(A nivel puramente anecdótico, la campaña de 2006 fue muy interesante en relación con la cuestión racial, por cuanto el Comité Nacional Republicano emitió un anuncio implícitamente racista, en el que una mujer blanca aparecía diciendo que al candidato demócrata le gustaba ir a las fiestas que organiza la revista "Playboy", y acababa dirigiéndose a la cámara y diciendo "Harold, llámame")

3) Nate Silver, en la web www.fivethirtyeight.com, ha defendido elocuentemente no sólo la inexistencia del "efecto Bradley" este año, sino la existencia de lo que ha definido como el "efecto Bradley inverso", consistente en que algunos votantes negros están mintiendo a los encuestadores y afirmando que van a votar por Hillary (en las primarias) o por McCain (en las generales), aunque luego votarán por Obama. Prueba de ello es que en los Estados sureños, durante las primarias, Obama obtuvo resultados sustancialmente mejores de los que le daban las encuestas.

Mi opinión personal, en resumen: es posible que todavía exista un "efecto Bradley" residual (a fin de cuentas, es la primera vez en la historia que se presenta un candidato negro a la Presidencia, y hay numerosos racistas blancos todavía en el país). También es posible que exista un cierto "efecto Bradley inverso", siendo lo más probable que se compensen el uno con el otro. Pero en última instancia, no estoy muy seguro que vaya a ser un factor que influya en las elecciones (como mínimo, no creo que suponga un desfase de cinco a seis puntos entre lo que predigan las encuestas y la realidad, como ocurrió en California 1982 y Virginia 1989). Como mucho, puede hacer que el número de indecisos que se decante por McCain en el último momento sea superior a lo normal (superior al 50%), reduciendo las distancias con Obama.

Pero como dice Laura, la persistencia del "efecto Bradley" no se trataría sólo de la cuestión racial, sino de un combinado de temores: que Obama sea considerado demasiado liberal, demasiado inexperto, que haya estado rodeado de compañías dudosas en su juventud (y para colmo, que es negro, claro).

domingo, 19 de octubre de 2008

Un fin de semana desastroso...

... para McCain.

Las últimas encuestas (especialmente las que se efectúan diariamente), mostraban un ligero descenso en la intención de voto de Obama y una ligera mejora en la intención de voto de McCain, lo que, sin ser un motivo para el optimismo, al menos era un motivo en el bando republicano para seguir confiando en la remontada.

Sin embargo, este fin de semana se han sabido tres noticias que realmente ponen en cuestión las posibilidades de McCain, que ya eran de por sí escasas:

1) En primer lugar, el exsecretario de Defensa de George W. Bush y ex Jefe de las Fuerzas Armadas, Colin Powell, republicano moderado y negro, ha anunciado que va a votar por Obama. Powell, amigo personal de McCain, le inflige así a la candidatura de éste un golpe muy duro ("el último clavo en el ataúd", según un republicano que no ha querido dar su nombre a la prensa).

Es cierto que los anuncios de apoyo por parte de figuras públicas, especialmente en el marco de las elecciones generales, suelen carecer de importancia. Sin embargo, Colin Powell es una excepción. En febrero de este año, la empresa de sondeos Rasmussen preguntó si el apoyo a uno de los candidatos por parte de una serie de personalidades políticas y mediáticas (Ted Kennedy, Russ Limbaugh, etc) haría que el votante se sintiera más o menos inclinado a votar por ese candidato. En todos los casos menos uno, el apoyo público a un candidato por parte de esas figuras públicas solía hacer menos probable el apoyo del votante a ese candidato. La única excepción era Colin Powell (del que el 28% decía que su apoyo le haría más tendente a favorecer al candidato al que apoyara Powell, mientras que el 19% decía lo contrario, y un 50% manifestaba que no le haría cambiar de opinión).

Como podeis ver, las cifras no son abrumadoras, pero Powell es la única figura norteamericana respetada a lo largo de todo el espectro político (incluidos un 77% de los demócratas). Cuando dejó el cargo de Secretario de Estado, sólo un 5% de los norteamericanos tenía una visión desfavorable de su gestión (pese al fiasco de las armas de destrucción masiva). Es, simplemente, el hombre más popular de Estados Unidos (bueno, quizá hoy ya no lo sea entre la América republicana). El apoyo de Powell es vital para que los republicanos e independientes moderados consideren la posibilidad de votar por Obama.

En cualquier caso, recomiendo ver el anuncio del apoyo por parte de Powell:

Powell expone los argumentos a favor de Obama con especial claridad y sobriedad.

2) La otra noticia del día, sepultada por el anuncio de Powell, es que Obama ha recaudado en septiembre la increíble suma de 150 millones de dólares para financiar su campaña. 3,1 millones de personas han donado a su campaña, con una media de 86 dólares por persona.

Para poner esto en perspectiva, hemos de recordar que McCain dispone de 84 millones de dólares en fondos públicos a utilizar entre el final de la Convención republicana y el día de las elecciones (básicamente, Septiembre y Octubre). Obama, sólo en Septiembre, ha recaudado casi dos veces más fondos de los que dispone McCain (y aún falta Octubre).

Aunque el Comité Nacional Republicano puede ayudar a McCain, y tiene más dinero que su contraparte demócrata, es probable que cuando se analice la historia de estas elecciones, se vea que Obama se ha gastado, en líneas generales, dos veces más dinero que McCain (y tres o cuatro veces más en algunos de los Estados más disputados).

3) Y la otra noticia del fin de semana, todavía más sepultada, pero quizá la más terrible para los republicanos. En Estados Unidos, muchos Estados permiten el voto presencial con mucha antelación sobre la fecha de las elecciones. Carolina del Norte es uno de esos Estados, en el que los demócratas no ganan desde 1976.

Recordemos algunas de las cifras: el 46% de los votantes registrados en Carolina del Norte son demócratas (sureños, que muchas veces apoyan al candidato republicano a la presidencia). El 32% son republicanos.

En los dos primeros días de votación, han votado 214.000 personas (un 40% más que hace cuatro años). De ese número un 62% eran demócratas (recordemos que sólo son el 46% de los votantes registrados), y un 22% republicanos (diez puntos menos de lo normal).

Por si esto fuera poco, hay que ver cómo están votando los electores negros: en el primer día de votaciones, el 36% de los votantes eran negros. Sin embargo, los negros sólo representan el 22% de los votantes registrados de Carolina del Norte.

Por supuesto, esto no es un indicador del resultado electoral futuro, pero sí del entusiasmo que sienten los votantes de uno y otro partido de cara a las elecciones (en particular, los votantes negros demócratas). Y es otra señal ominosa para McCain.

sábado, 18 de octubre de 2008

¿Una elección de realineamiento?

La prensa norteamericana se ve sometida a dos pulsiones muy distintas en el marco de unas elecciones presidenciales: o bien desea que la elección sea lo más ajustada posible (porque eso vende más periódicos y consigue mayor audiencia televisiva y radiofónica) o, por el contrario, quieren una victoria aplastante ("landslide" es como lo llaman ellos), porque eso les permite hablar de una elección "histórica". No hay punto medio: la elección debe resolverse como la de Bush-Gore en 2000 (medio punto de diferencia), o resultar en una victoria aplastante como la de Reagan sobre Mondale en 1984 (dieciocho puntos de ventaja, nada menos).

Por eso el actual estado de las encuestas les resulta un tanto molesto: Obama tiene una ventaja de unos siete puntos de media, lo que está a medio camino de los deseos de la prensa: o empate o victoria aplastante.

En cualquier caso, los liberales más optimistas y los conservadores más pesimistas han empezado a analizar las posibilidades de una derrota aplastante del Partido Republicano. Steven Stark, del Boston Phoenix (que pertenece a la segunda categoría), publicó un artículo hace unos días hablando de la posibilidad de que esta elección fuera una de las llamadas "elecciones de realineamiento".

¿Qué es eso? Pues bien, una elección de realineamiento es una elección que altera el panorama político de un país. Desde la fundación del Partido Republicano en 1856, la política norteamericana se puede dividir en cuatro períodos de dominación de uno u otro partido:

1) Entre 1856 y 1896: dominio del Partido Republicano. Fundado en 1856, el GOP ("Grand Old Party"), gana sus primeras elecciones en 1860 (con Lincoln- color azul en el mapa que os adjunto). Las gana con menos del 40% de los votos, aunque con mayoría en el colegio electoral, y tan solo porque sus oponentes están profundamente divididos: demócratas norteños (en rojo en el mapa), demócratas sureños (en verde en el mapa), y antiguos whigs (en amarillo en el mapa).



La Guerra Civil (y especialmente la posguerra), por supuesto, solidifican las posiciones políticas partidarias: tras la Reconstrucción del Sur, y tras las conflictivas elecciones de 1876 (en las que, al igual que en el año 2000, el candidato republicano ganó el Colegio Electoral, pero no el voto popular, y una muy controvertida decisión sobre Florida le dio la presidencia), el Partido Demócrata (representante de los sureños vencidos) gana TODAS las elecciones en TODOS los Estados de la antigua Confederación hasta 1920 (cuando los republicanos consiguen ganar en Tennessee). En cambio, el Partido Republicano (representante de los norteños vencedores) gana la mayoría de los Estados norteños, más poblados, lo que le suele garantizar la victoria.

Entre 1856 y 1896, los republicanos gobiernan la Casa Blanca 28 de 40 años (1860-1884, 1888-1892). Por cierto, el único presidente demócrata posterior a la Guerra Civil (Grover Cleveland) NO era sureño, sino gobernador de Nueva York.

2) Entre 1896-1932: 1896 es la elección de realineamiento más disputada por los historiadores, pero probablemente merezca ese título. 35 años después de la Guerra Civil, los recuerdos de ésta se empezaban a difuminar (McKinley, el candidato republicano, de hecho, fue el último Presidente que había combatido en la guerra). El Partido Demócrata, por su parte, harto de perder elecciones, intenta expandir su base electoral hacia el Oeste, con un mensaje muy populista, liderado por William Jennings Bryan. En el eje izquierda-derecha, el Partido Republicano se mantiene en el ala "izquierda" del espectro político hasta 1912, aproximadamente, y el Partido Demócrata, dominado todavía por el ala sureña, representa la "derecha" del país.

Los republicanos ganan las elecciones con comodidad, gracias a su victoria en Nueva Inglaterra, Nueva York y el Medio Oeste. Los demócratas ganan en el Sur y en la gran mayoría de los Estados del Oeste, pero no alcanzan el 47% del voto electoral:



(pensad que los Estados republicanos tienen más población y más votos electorales que los del Oeste y los del Sur).

Entre 1896 y 1932, los republicanos gobiernan la Casa Blanca 28 de 36 años (1896-1912, 1920-1932). Para más inri, el único presidente demócrata, Wilson, gana las elecciones de 1912 con el 42% de los votos únicamente porque el Partido Republicano se parte en dos pedazos: los seguidores del presidente Taft (oficialistas) y los seguidores del expresidente Theodore Roosevelt (que fundan el Partido Progresista).

Tras la presidencia Wilson (que había llevado al Partido Demócrata hacia posiciones más de izquierdas, especialmente a raíz de la Primera Guerra Mundial), sin embargo, se produce un fenómeno muy peculiar: el Partido Demócrata sigue esencialmente representando al Sur racista y conservador, mientras que el Partido Republicano abandona los principios progresistas que habían defendido Roosevelt y hasta cierto punto Taft, y también deriva hacia el conservadurismo económico.

3) 1932-1968: El crack de 1929 y la Gran Depresión destruyen al Partido Republicano (que llevaba doce años en el poder), y llevan al Partido Demócrata a la Casa Blanca. Franklin D. Roosevelt (una vez más, un gobernador de Nueva York) mueve al Partido Demócrata progresivamente hacia la izquierda, lo que lleva a la increíble paradoja de que en un momento determinado los demócratas abarcan TODO el espectro político: desde los racistas segregacionistas sureños de derecha dura hasta demócratas de izquierdas lindantes con el Partido Comunista en Nueva York. Eso, por supuesto, conduce a victorias aplastantes como la de 1932 (una elección de realineamiento clásica):



Entre 1932 y 1968, los demócratas gobiernan la Casa Blanca 28 de 36 años (1932-1952, 1960-1968). Tan solo Eisenhower, con su extraordinaria aureola de héroe de la Segunda Guerra Mundial y su imagen de moderación, unidos al natural desgaste de 20 años de gobierno, consiguen devolver temporalmente a los republicanos a la presidencia.

4) 1968-2008: Ya en el período anterior se estaba larvando un espectacular cambio en la orientación política de los dos grandes partidos. Roosevelt, como hemos dicho, movió a los demócratas hacia la izquierda. Truman, un demócrata de Missouri, inició las primeras maniobras claras contra la segregación racial (desegregó el Ejército, por ejemplo), lo que provocó ya un primer conato de deserción de los demócratas sureños en las elecciones de 1948:



(los Estados en verde votaron por el segregacionista Strom Thurmond, gobernador de Carolina del Sur).

El candidato demócrata al que Eisenhower derrotó en 1952 y 1956, Adlai Stevenson, mueve al Partido Demócrata definitivamente hacia la izquierda, mientras que el anticomunismo de McCarthy y sus seguidores ya había empezado a mover al Partido Republicano hacia la derecha desde el final de la II Guerra Mundial.

Los presidentes Kennedy y especialmente Johnson se enfrentan definitivamente al ala racista sureña de su partido, lo que provoca la ruptura del Sur con el Partido Demócrata y el desplazamiento masivo de los votantes blancos racistas sureños al Partido Republicano (a raíz primero de la campaña de Goldwater en 1964, y posteriormente de Nixon en 1972). El Partido Demócrata pasa a ser el partido de centro-izquierda, mientras que el Partido Republicano se convierte en el partido de centro-derecha.

Como una imagen vale más que mil palabras, para que veáis lo drástico que fue el cambio en menos de una década, comparemos el mapa electoral de 1956 (Eisenhower contra Stevenson):



Una rotunda victoria del Partido Republicano frente al Demócrata que apenas mantiene sus feudos en el Sur profundo (pero pierde ya nada menos que 5 Estados de la antigua Confederación). Apenas ocho años después, el mapa se invierte radicalmente:



La rotunda victoria de Johnson sobre Goldwater es el reverso de la victoria de Eisenhower contra Stevenson: Johnson arrasa, pero pierde precisamente los Estados del Sur profundo (Mississipi, Alabama, Georgia, etc) que no votaban por un republicano desde hacía 100 años.

1964 es claramente una elección de realineamiento (hay numerosos Estados en los que el Partido Demócrata no gana unas presidenciales precisamente desde 1964). Los demócratas pierden el Sur (en el que no han vuelto a ganar desde la victoria de Carter, un demócrata sureño, en 1976), mientras que los republicanos, aunque se recuperarán ampliamente hasta conseguir aplastantes victorias en 1972 y 1984, empiezan a perder pie en sus feudos tradicionales de Nueva Inglaterra y el Medio Oeste. Por otra parte, el tremendo crecimiento de población de la Costa Oeste hace de California el Estado más poblado de la Unión. La última ocasión en que los republicanos han ganado en California es en las elecciones de 1988, hace ya veinte años.

En cualquier caso, los republicanos han gobernado 28 de los últimos 40 años (1968-1976, 1980-1992, 2000-2008), y los únicos presidentes demócratas en ese período han sido dos sureños centristas (Carter y Clinton).

5) 2008 en adelante: la clave para captar si estas elecciones son de "realineamiento" no está en si Obama es capaz de ganar Estados como Ohio, Nuevo Mexico o Iowa, que han cambiado de manos en los últimos ciclos electorales de manera constante. Lo importante es si el hartazgo respecto del Partido Republicano por parte de los votantes es tal que, de manera similar a las elecciones de 1932, los demócratas son capaces de ganar Estados en los que hace décadas que no ganan y en los que Obama no sólo está compitiendo, sino en algún caso incluso liderando en las encuestas: Virginia o Indiana, que los demócratas no ganan desde 1964, Carolina del Norte, en la que no ganan desde 1976, o Colorado, en la que no ganan desde 1992. La victoria de Obama y, por supuesto, la continuidad de esa victoria en ciclos electorales sucesivos nos permitirá calibrar si estas elecciones son de verdad históricas, y si el Partido Demócrata es capaz de recuperar posiciones en el Sur y en el Oeste, las dos áreas desde las que el Partido Republicano ha dominado la política norteamericana en los últimos cuarenta años.

domingo, 12 de octubre de 2008

Historia de dos vicepresidentes: Biden

Las campañas electorales norteamericanas muchas veces se basan en espejismos. La de este año quizá más de lo habitual.

Durante toda la campaña la crítica más repetida contra Barack Obama ha sido la de que es un radical y un inexperto. Pues bien, en la decisión más importante que adopta un candidato a la presidencia de Estados Unidos (la elección de su vicepresidente), Obama ha demostrado que lo que es, pese a la retórica "transformadora" que tan bien emplea en sus discursos, es esencialmente un pragmático.

Sólo un hombre pragmático y poco idealista escogería para el cargo de vicepresidente a un miembro del "establishment" de Washington tan señalado como Joe Biden, el senador "senior" de Delaware: a sus 65 años y tras 35 años en el Senado, la experiencia de Biden para ocupar la vicepresidencia es absolutamente indiscutible (y así lo reflejan las encuestas efectuadas en Estados Unidos tras su nombramiento: sólo los republicanos más acerbos se atreven a afirmar que no está preparado para ser vicepresidente).

Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, expresidente del Comité Judicial durante lustros, Biden es uno de los puntales del Senado (es el sexto Senador más veterano). Con sus conocimientos de política internacional, cubre una asignatura que Obama, en opinión generalizada entre la prensa y los "expertos", tenía pendiente. Con su experiencia en materia judicial, será una ayuda inestimable en la tarea interna más importante que tendrá Obama: la elección de los magistrados del Tribunal Supremo.

Biden, como mínimo, tiene una personalidad interesante, y muchos y diversos talentos: habla bien, es divertido, es todavía atractivo pese a su edad, tiene una historia personal emocionante (su primera mujer y su hija murieron en un accidente de tráfico a finales de 1972, con Biden recién elegido como Senador). Todos los días vuelve a Wilmington, Delaware, desde Washington D.C., en tren, para estar con su familia (se casó por segunda vez en 1977).

Para hacer las cosas más interesantes, en 1988, tras su primera campaña presidencial fallida, padeció dos aneurismas cerebrales que casi le llevan a la tumba.

Por otra parte, es el Senador más pobre (tal vez sería más ajustado decir menos rico) en una cámara llena de millonarios, por lo que al menos está claro que no ha empleado el cargo para enriquecerse.

En términos electorales directos, no aporta mucho al ticket: su Estado, Delaware votará sin duda al ticket demócrata en las presidenciales, entre otras cosas, porque es lo que lleva haciendo desde 1992 (los dos Senadores y la gobernadora del Estado son demócratas, aunque curiosamente, su congresista, el muy moderado Mike Castle, es republicano). Biden lo único que asegura es que Delaware votará más demócrata de lo que ya lo hace habitualmente.

Entre los defectos: Biden tiene una tendencia muy acusada a meter la pata cuando habla. El mejor ejemplo es lo que dijo cuando Obama entró en la carrera presidencial: dijo que tenía muchas posibilidades porque, y cito textualmente: "I mean, you got the first mainstream African-American who is articulate and bright and clean and a nice-looking guy" (dijo que era el primer candidato negro "limpio"; luego explicó que lo que había querido decir era "fresco", pero el daño ya estaba hecho). Y éste es sólo el ejemplo más conocido, pero Biden habla demasiado en general.

Siempre ha querido ser presidente: fue candidato ya en 1988 y en 2008, por lo que no cabe descartar que si Obama gana las elecciones y gobierna hasta 2016, Biden intente presentarse a la presidencia en esa fecha (aunque a los casi 74 años sería más viejo de lo que lo es McCain a día de hoy).

En cualquier caso, su designación dice mucho del carácter real de Barack Obama: aunque hable mucho de cambio, a la hora de la verdad quiere que su vicepresidente sea una persona de fiar y que le permita navegar las difíciles aguas del Senado, donde los proyectos presidenciales triunfan o mueren. Y demuestra también que Obama es poco rencoroso, porque ha escogido a un candidato que le criticó de manera muy dura durante las primarias, acusándole directamente de no estar preparado para el cargo (tendrá su encanto ver a Biden desdecirse de esa afirmación en el debate de esta noche).

En resumen, si hay que buscar un precedente histórico de la decisión adoptada por Obama, quizá el ejemplo más claro es la elección como vicepresidente de Lyndon B. Johnson, el jefe de la mayoría demócrata en el Senado, por parte del candidato a presidente J.F.Kennedy, un joven Senador de Massachusetts, en las elecciones presidenciales de 1960. A Kennedy también le encantaba la alta retórica; en la práctica, quiso un vicepresidente experto y con experiencia en el manejo del Senado, que Johnson dominaba como Paganini a su violín (como se comprobó posteriormente durante el período 1964-1966 de su propia presidencia).

Añado una cosa más: Obama ha dejado claro que Hillary Clinton no estaba en su mente como posible vicepresidenta en ningún momento, pero que la respeta lo suficiente como para elegir a alguien con mucha más experiencia que ella, y no insultarla adicionalmente escogiendo a políticos más inexpertos que Hillary, como Tim Kaine, el gobernador de Virginia, o Kathleen Sebelius, la gobernadora de Kansas. De Joe Biden se pueden decir muchas cosas, pero es indudablemente un peso pesado de la política norteamericana, con más experiencia que Hillary Clinton.

No es que Biden me esté impresionando especialmente en campaña (ha metido la pata un par de veces, la más divertida de las cuales fue cuando dijo en una entrevista con Katie Couric que durante la Gran Depresión Roosevelt hablaba por la televisión para tranquilizar a los americanos, ¿de verdad, Joe?- ¡con la cantidad de televisores que había entre 1933 y 1945!). Pero lo hizo razonablemente bien en el debate vicepresidencial, y, una vez más, insisto: Biden cumple la única regla que debe cumplir el vicepresidente: estar preparado para ser Presidente en caso de que el presidente electo muera por cualquier circunstancia (y especialmente en circunstancias violentas). Johnson estaba preparado en 1963 tras el asesinato de Kennedy, y Bush padre lo hubiera estado en 1981, si el atentado contra Reagan hubiera tenido éxito.

viernes, 10 de octubre de 2008

Los errores de McCain

De mi último comentario parecería deducirse que las campañas electorales no tienen importancia alguna, y son los factores externos (popularidad del presidente saliente, estado de la economía, etc), lo único que importa.

Pero eso sería exagerar. Por supuesto, una campaña bien llevada puede suponer la diferencia entre la victoria y la derrota (aunque esta reflexión sirve más bien para un año más ajustado que éste). Quizá el ejemplo más claro es la campaña de 1976, en la que Gerald Ford consiguió reducir una desventaja de 30 puntos en las encuestas a meramente 2, pese al Watergate y pese a una de las frases más desastrosas de la historia de los debates electorales (Ford soltó la siguiente perla en uno de los debates: "No hay dominación soviética en el Este de Europa" -¡en 1976!-). Y Ford consiguió "casi ganar" gracias a una campaña bien dirigida (y a una campaña, la de su rival Carter, excesivamente confiada y mal llevada)

Ya he dicho en alguna otra ocasión que era difícil de antemano que un republicano le ganara a un demócrata estas elecciones en particular. La crisis económica (y esta es la madre de todas las crisis económicas) lo ha hecho casi imposible.

Pero McCain no se ha ayudado a sí mismo nada en los últimos meses. Los errores que a mí, como observador en la lejanía, me llaman más la atención son los siguientes:

- McCain ganó sus primarias, de hecho, a principios de febrero. Obama tuvo que luchar hasta principios de junio (aunque a principios de mayo ya estaba claro que había ganado). En cualquier caso, McCain contó con 4-5 meses de ventaja para adelantarse en organización, recaudación de fondos, coordinación con el Comité Nacional Republicano. Pues bien, una de las historias de hoy en la prensa americana es que Obama está gastando dos veces más que McCain en anuncios en ocho de los Estados más competitivos. Mi pregunta es: ¿qué demonios estuvo haciendo McCain mientras Obama y Hillary se desangraban? Aunque hay más entusiasmo en el bando demócrata (y más capacidad de recaudación), ¿por qué no utilizó McCain mejor esos meses de ventaja?

- La elección de Palin. Aunque en un primer momento pareció que esa maniobra había sido brillante (en un solo golpe maestro se captaba al ala derecha del Partido, que sigue sin tenerle cariño a McCain, y a las votantes de Hillary Clinton ofendidas porque no fuera la candidata a la vicepresidencia), lo cierto es que, en retrospectiva, ha sido un error. Palin ha sido una distracción continua (y no positiva) para la campaña. Es evidente que no está ni remotamente preparada para el cargo, lo que la hace especialmente inadecuada para un posible presidente de 72 años, y es evidente que sus ideas están mucho más a la derecha que las del votante medio norteamericano. Aunque sobrevivió al debate, las entrevistas previas con los medios de comunicación (especialmente una devastadora con Katie Couric, de la ABC) fueron nefastas. El ala derecha del Partido sigue enamorada de ella, pero los moderados están huyendo de ella como de la peste (David Brooks, comentarista conservador -aunque escribe en el New York Times- la llamó anteayer "un cáncer para el Partido Republicano").

Si McCain quería hacer historia y poner a una mujer en el ticket, tenía como mínimo seis opciones republicanas con más experiencia que Palin (que gobierna Alaska desde 2007) y bastante más jóvenes que McCain (pero no tanto como Palin):

1) Linda Lingle, gobernadora de Hawaii desde 2003
2) Jodi Rell, gobernadora de Connecticut desde 2004
3) Olympia Snowe, senadora de Maine desde 1995
4) Susan Collins, senadora de Maine desde 1997
5) Kay Bayley Hutchinson, senadora de Texas desde 1993
6) Lisa Murkowski, senadora de Alaska desde 2002 (aunque su padre era un auténtico corrupto -por cierto, le derrotó Palin-, por lo que quizá no hubiera sido buena idea).

(Elizabeth Dole, de Carolina del Norte, tiene la edad de McCain).

Pero las seis tenían un "problema": todas son "pro-choice" (o sea, que no se oponen frontalmente al aborto). Palin es la única Gobernadora o Senadora republicana que es fervientemente antiaborto. Pero también era la Gobernadora o Senadora menos cualificada de entre todas las posibilidades existentes (entre otras cosas, porque Alaska, dada su distancia del resto del país, tiene unas peculiaridades muy propias que no son extensibles al resto de Estados Unidos).

En fin: es posible, como me decía un amigo el otro día, que Palin fuera la única opción para asegurarse el voto del ala derecha del partido, pero a cambio, McCain ha renunciado al centro. Y en el centro es donde normalmente se ganan las elecciones.

- La campaña en sí misma de McCain ha sido errática y carente de disciplina. Jay Cost, un comentarista conservador cuyos artículos son siempre dignos de leer, inteligentes y muy meditados (http://www.realclearpolitics.com/horseraceblog/) dice en uno de los más recientes que la reacción de la campaña de McCain a la crisis financiera no ha tenido influencia en su hundimiento en las encuestas (su tesis es que lo que ha hundido a McCain es que Bush aparece a todas horas en la tele, recordando a los norteamericanos que todavía es presidente y que es del Partido Republicano), porque "la gente no se fija en el día a día de la campaña electoral". Pero me permito discrepar respetuosamente, al menos en este caso. Observad la respuesta de la campaña de McCain a la crisis financiera, tal y como lo vería no un observador informado como yo, sino el norteamericano medio indeciso (al que llamaremos NMI) que no sigue las noticias más que viendo el telediario:

1) Miércoles: McCain suspende su campaña, anuncia que se dirige a Washington para hablar con los congresistas de su partido y pide que se suspenda el debate del viernes, en tanto no se haya aprobado el plan de rescate financiero. Obama dice que un presidente ha de saber "hacer más de una cosa a la vez". NMI se reserva su juicio.

2) Viernes: pese a que el plan de rescate está atascado en el Congreso y sin visos de solución, McCain anuncia que retoma la campaña y que acudirá al debate. NMI piensa, "¿pero McCain no había dicho que suspendía la campaña y que no debatiría hasta que no se hubiera aprobado el plan de rescate?"

3) Sábado: McCain vuelve a Washington con la intención de convencer a los congresistas republicanos de que voten el plan. NMI está escamado, pero le da un margen de confianza.

4) Lunes: la votación del plan de rescate financiero se derrumba en el Congreso porque una minoría de demócratas y DOS TERCIOS de los republicanos votan en contra del plan. NMI piensa: ¿entonces para qué demonios ha ido McCain a Washington? ¡No sabe convencer ni a los de su propio partido!

Conclusión: McCain aparece ante NMI como un candidato errático e inefectivo. Obama, entre tanto, se ha mantenido alejado de la crisis y sólo ha intervenido cuando Bush le ha llamado a la Casa Blanca, y posteriormente para convencer a varios miembros del caucus negro para que voten a favor del plan en la segunda votación, cosa que consigue. NMI sale de la crisis, como mínimo, desconfiando del buen juicio de McCain.

Éste es el ejemplo más claro que puedo encontrar sobre lo mal dirigida que está la campaña por parte de los asesores de McCain (me gustaría saber cuál de ellos tuvo la genial idea de "suspender la campaña").

- El candidato McCain carece, por último, de autodisciplina. Pongo sólo dos ejemplos: uno debe saber cuántas casas tiene cuándo se lo pregunte la prensa, y uno (y esto sí que es gordo) no puede decir que "los fundamentos de la economía son fuertes" el día en que se anuncia la mayor quiebra (Lehman Brothers) y el mayor rescate financiero (AIG) de la historia de Estados Unidos. A eso se le llama ser "tone-deaf" en inglés, o sea, incapaz de afinar el mensaje en términos políticos.

jueves, 9 de octubre de 2008

¿Por qué va ganando Obama?

Decíamos en nuestro comentario anterior que, de creer a las encuestas (y parece difícil que todas estén equivocadas), Obama va derecho a ganar las elecciones.

Ahora bien, una vez constatado ese hecho, cabe preguntarse, ¿cómo es posible que un Senador negro de Illinois con menos de cuatro años de experiencia en la política nacional tenga un 90% de posibilidades de ser el próximo presidente de Estados Unidos? (ése es el porcentaje que le dan en http://www.fivethirtyeight.com/ hoy)

El problema que tiene el seguimiento diario de una campaña electoral es que, si uno no anda con cuidado, a veces pierde la perspectiva. Lo importante, a mi modo de ver, es acudir a la historia electoral anterior y a los principios generales que rigen las elecciones.

Sobre este punto, he leído algunos análisis verdaderamente profundos (el más interesante es quizá un estudio que analizaba no menos de quince variables distintas que permitían averiguar casi siempre el ganador de unas elecciones- con la única excepción de 1968).

Pero quizá el análisis más convincente que he leído es el más simple, según el cual existen tres variables que permiten determinar quien va a ser el ganador de las elecciones:

VARIABLE 1) Popularidad o impopularidad del presidente (saliente, en este caso): por supuesto, este es un factor que juega en contra del Partido Republicano en estas elecciones. George W. Bush es, a día de hoy, el tercer presidente más impopular de la historia (al menos desde que se miden estas cosas, que es 1952). Por ejemplo, la encuesta Gallup de popularidad presidencial indica que sólo el 25% de los norteamericanos aprueba su gestión (para ponerlo en perspectiva, Nixon llegó a hundirse hasta el 24% en ese mismo concepto justo antes de dimitir en 1974 por el Watergate, y Truman llegó a "gozar" del apoyo de un misérrimo 22% de sus ciudadanos en 1952, tras dos años de guerra en Corea y 20 de dominio del Partido Demócrata en la presidencia).

La impopularidad de George W. Bush es un lastre enorme para John McCain y para el Partido Republicano en general. No se trata sólo de que un 70% de los americanos desaprueben su gestión, sino de cómo está repartida esa desaprobación. Vuelvo a acudir a la encuesta Gallup:

Cifras totales: 25% de aprobación

Entre los demócratas: 5% de aprobación (bajísima, incluso para ser el partido opuesto).
Entre los independientes: 19% de aprobación (catastrófico)
Entre los republicanos: 55% de aprobación (o sea, que ¿casi la mitad de su partido desaprueba su gestión? Tremendo).

VARIABLE 2) Tiempo que uno de los partidos lleva en la Casa Blanca: esta variable también es desfavorable para el Partido Republicano, que ha ocupado la Casa Blanca durante estos últimos ocho años. Es preciso indicar que ése suele ser el período máximo de ocupación de la Casa Blanca por un solo partido desde hace más de cincuenta años.

Repasemos los datos:

La última gran anomalía se produjo entre 1932 y 1952, período en el que los demócratas ocuparon la Casa Blanca tras ganar cinco elecciones seguidas. Sin embargo, es una anomalía explicable, porque vino motivada por un acontecimiento único: la Gran Depresión, que arruinó las perspectivas electorales del Partido Republicano durante una generación. La Segunda Guerra Mundial, por lo demás, extendió el dominio demócrata unos cuantos años más.

Pero a partir de allí, observad:

a) 1952-1960: Presidente Eisenhower, republicano. Pese a la popularidad personal de Ike, en 1960 su vicepresidente, Nixon, no fue capaz de derrotar a Kennedy.
b) 1960-1968: Presidentes Kennedy y Johnson, demócratas. En 1968, la guerra de Vietnam y los disturbios raciales devolvieron a los republicanos a la Casa Blanca.
c) 1968-1976: Presidentes Nixon y Ford, republicanos. En 1976, tras el Watergate, los demócratas volvieron a la Casa Blanca.
d) 1976-1980: Presidente Carter, demócrata. Una anomalía: la conjunción de la crisis económica y la crisis de los rehenes de Irán permitió a los republicanos recuperar la Casa Blanca tras sólo cuatro (y no ocho) años.
e) 1980-1992: Presidentes Reagan y Bush Sr, republicanos. La anomalía anterior, compensada. Reagan gobernó ocho años, y gracias a su gran popularidad, consiguió llevar a Bush hasta la Casa Blanca. Pero cuatro años después, tras doce años republicanos, la gente quiso cambiar y votó por Clinton.
f) 1992-2000: Presidente Clinton, demócrata. Pese a que la gestión de Clinton gozaba de aprobación en 2000, la gente una vez más quiso cambiar de partido y eligió a George W. Bush.
g) 2000-2008: Presidente Bush Jr., republicano. La impopularidad de Bush, de la guerra de Irak y de la crisis económica deberían bastarle a Obama para ganar.

Por supuesto, podemos argüir que tanto en 1960, 1968, 1976 y 2000 la elección fue tan ajustada que podría haber ganado el "otro" partido. No digo que no, pero lo cierto es que, finalmente, el partido en el poder fue desalojado de la Casa Blanca. A los americanos, por lo general y salvo alguna excepción, les gusta cambiar cada ocho años al partido inquilino de la residencia presidencial. Y eso, insisto, es una señal muy ominosa para John McCain.

VARIABLE 3) La crisis económica. Quizá es el elemento decisivo. A mi modo de ver, es prácticamente imposible para McCain superar este escollo, porque (de manera justificada) el hundimiento de la economía se le atribuye al partido que ha estado gobernando los últimos ocho años, que es el Partido Republicano. El despegue de Obama en las encuestas se produjo, esencialmente, a raíz de la quiebra de Lehman Brothers y del plan de rescate financiero de Wall Street. A eso hay que añadir la crisis hipotecaria, que ya llevaba larvándose varios meses. La conjunción de todas esas variables económicas constituye una auténtica "tormenta perfecta" que está desarbolando la campaña de John McCain (que además, ha admitido muchas veces que de economía no sabe mucho y no le interesa).

¿Puede McCain superar esas tres variables y ganar las elecciones? No es imposible, pero uno no alcanza a ver cómo podría hacerlo en el actual contexto.

martes, 7 de octubre de 2008

El estado de la cuestión

Las elecciones norteamericanas se celebrarán el próximo 4 de noviembre de 2008. Tan solo quedan cuatro semanas.

A lo largo de ellas, voy a intentar explicar cómo funciona el proceso electoral norteamericano y cuáles son las expectativas creadas ante estos comicios, que sin duda son los que están atrayendo un mayor grado de atención por parte del público (norteamericano y mundial) en la historia.

Empezamos hoy por lo más básico: a cuatro semanas de las elecciones, ¿cómo están realmente las cosas? ¿Quien tiene mayores posibilidades de ganar?

La respuesta, al menos a día de hoy, sólo puede ser una: el candidato demócrata, Barack Obama.

Dependiendo de las encuestas a las que acudáis, podreis ver que la ventaja de Obama oscila entre los dos (Diageo/Hotline) y los once puntos (Research 2000/Daily Kos).

¿Y cuáles son las encuestas más fiables? En Estados Unidos se efectúan tres tipos de encuestas de cara a las presidenciales:

1) Encuestas puntuales a nivel nacional (encargadas, en líneas generales, por periódicos, semanarios y agencias de noticias, normalmente en conjunción con cadenas de televisión o empresas de encuestas).

Sin ánimo de exhaustividad, CBS/New York Times, NBC/Wall Street Journal, ABC/Washington Post, Los Angeles Times/Bloomberg, Time/CNN y Fox News/Rasmussen son quizá las asociaciones más habituales y relevantes. Pero quedan todavía algunas empresas especializadas en encuestas que publican sus resultados en solitario, como Pew).

Estas encuestas se realizan en un período puntual de dos a cinco días, por lo común y se publican cada semana o cada dos semanas. La calidad varía mucho, pero dista de ser perfecta. No son las encuestas más fiables que se pueden encontrar.

2) Encuestas diarias a nivel nacional, los llamados "Daily Trackings", que consisten en encuestas efectuadas diariamente hasta la fecha de las elecciones. Funcionan del siguiente modo: se efectúan 300 o 1000 entrevistas diarias durante tres días, y el resultado que se publica es la media de esos tres días. Pero aún hay más: cada día se suprimen las 300 o 1000 entrevistas más antiguas y se añaden 300 o 1000 entrevistas nuevas. Por ejemplo: hoy martes, las empresas que efectúan estos sondeos han publicado el resultado de sus entrevistas telefónicas correspondientes al sábado, domingo y lunes. Mañana se "caerán" los resultados del sábado, y se añadirán los de hoy martes.

A mi modo de ver, éstas son las encuestas (nacionales) más fiables. Varias empresas efectúan este tipo de encuestas: Research 2000, Battleground, Diageo, Zogby (que ha empezado hoy). Pero las dos empresas más respetadas son la venerable Gallup (que lleva en este negocio desde 1935) y Rasmussen Reports (pese a que su director, Scott Rasmussen, es un republicano acérrimo), entre otras cosas porque ambas empresas son las que efectúan un mayor número de encuestas diarias (900 Gallup, 1.000 Rasmussen). A día de hoy, curiosamente, ambas reflejan exactamente la misma ventaja para Obama: ocho puntos. Pero en caso de duda, la más fiable, al menos a nivel nacional, es Rasmussen (cuyo resultado hoy es Obama- 52%, McCain- 44%).

3) Encuestas puntuales a nivel estatal: un aspecto que mucha gente tiende a obviar a la hora de analizar las elecciones norteamericanas es el hecho de que el ganador en porcentaje de votos es una cuestión irrelevante. Lo que importa es ganar el Colegio Electoral (obtener 270 de los 538 electores). Esto es tan importante que merecerá una entrada aparte. Por ahora, baste con decir que cada Estado tiene un número de electores, y el que gane ese Estado se los lleva todos. Se puede perder en número global de votos y, pese a todo, ganar las elecciones (eso es exactamente lo que le ocurrió a George W. Bush en el año 2000, y ya había pasado antes, en 1876 y 1888). Lo que importa es ganar suficientes Estados para llegar a 270.

Debido a ello, se efectúan muchísimas encuestas en los Estados más competitivos a fin de saber cómo van las cosas en los mismos. Estas encuestas suelen ser (cuando están bien hechas) las más acertadas, porque suelen efectuarse muchísimas entrevistas telefónicas con un ámbito de error mucho menor (porque los Estados son mucho más pequeños que el total del país).

Las empresas más fiables a ese respecto son:

- Empresas que efectúan encuestas en todos los Estados, competitivos o no: Rasmussen una vez más y Survey USA (que efectúa encuestas de todo tipo, excepto, por algún motivo, encuestas presidenciales nacionales).

- Empresas que efectúan encuestas sólo en algunos de los Estados competitivos: la universidad de Quinnipiac, Connecticut (que suele concentrarse en los Estados grandes: Florida, Ohio, Pennsylvania, Michigan) Mason-Dixon (tradicionalmente especializada, como su propio nombre indica, en encuestas en Estados sureños, aunque ahora abarca muchos más Estados), Research 2000, Public Policy Polling (afincada en Carolina del Norte, y cuyas encuestas son menos fiables cuanto más se alejan de ésta), Strategic Vision o Insider Advantage.

- Los exquisitos: empresas que sólo efectúan encuestas en un selectísimo grupo de Estados: los ejemplos más claros son la Universidad de New Hampshire (no hace falta indicar de dónde son sus encuestas) y la mejor encuestadora de Estados Unidos, Ann Selzer & Co, que efectúa encuestas exclusivamente en tres Estados: Iowa, su Estado de residencia, Indiana y Michigan.

Ann Selzer se hizo famosa este año por ser la única que consiguió acertar no sólo la victoria de Obama en los caucuses de Iowa, sino lo que es más difícil, el margen de victoria (se equivocó sólo por 0,8 puntos). Ya lo había hecho en los caucuses de 2004, y tras volver a acertar este año (en algo tan difícil como los caucuses de Iowa, con sus intrincadas reglas de participación) los medios de comunicación la elevaron a los altares.

De todos modos, y en ausencia de Ann Selzer, los encuestadores más fiables a nivel estatal son Rasmussen y Survey USA.

Para quien quiera ver de un solo golpe de vista la media de las encuestas nacionales y estatales, recomiendo tres páginas web:

- Para los simpatizantes del Partido Republicano: http://www.realclearpolitics.com/ (las encuestas están en el margen derecho). RCP no incluye todas las encuestas, sino sólo las que les merecen fiabilidad (lo que, dado que son conservadores, a veces resulta en suprimir encuestas que favorecen demasiado a Obama). A día de hoy, RCP le da a Obama una ventaja media de 5,5 puntos.

- Para los simpatizantes del Partido Demócrata: http://www.fivethirtyeight.com/ (una vez más, las encuestas están en el margen derecho). 538 incluye todas las encuestas, pero les atribuye un "peso específico" en función de su fiabilidad en elecciones anteriores. Además, 538 predice el resultado electoral final en base a un modelo de regresión matemática que yo nunca he entendido, pero que impone mucho al leerlo. A día de hoy, 538 le da a Obama una ventaja media de 5,4 puntos (pero predice una victoria aplastante de Obama).

- Para los simpatizantes de la exactitud: http://www.pollster.com/. Esta página web simplemente calcula la media de todas las diferentes encuestas y en base a la misma, traza una línea con la "dirección" en la que las mismas apuntan. Ni "picotean" encuestas como RCP, ni predicen el resultado final como 538. Te dicen cómo va la cosa a día de hoy. Y a día de hoy, le dan una ventaja a Obama de 6,2 puntos.