lunes, 27 de abril de 2020

¿Quién sera la vicepresidenta de Biden?

Una vez decididas las primarias demócratas con la suspensión de la campaña de Bernie Sanders, la única duda que queda por resolver es quien será la candidata a vicepresidenta de Joe Biden.

En general, los candidatos a la vicepresidencia suelen ser escogidos para reforzar los flancos débiles del candidato a la presidencia, que pueden ser:

- Su edad (y su experiencia): los candidatos jóvenes a la Presidencia suelen escoger candidatos más bien maduros a la vicepresidencia, para compensar su falta de experiencia -el ejemplo más evidente es, precisamente, la elección de Biden por parte de Obama-, mientras que los candidatos viejos suelen escoger candidatos más jóvenes (George Bush padre escogiendo a Dan Quayle en 1988, por ejemplo) para intentar dotar de más frescura a su candidatura, dado que suelen ser políticos con muchos años de experiencia.

En el caso de Biden, este punto es especialmente crítico, porque de ser elegido, Biden sería, de lejos, el Presidente más viejo de la historia en un primer mandato, cosa que hace poco probable que escoja a una vicepresidenta mayor de 60 años. Al mismo tiempo, tendrá que ser una política con experiencia, porque las posibilidades (meramente actuariales) de que Biden no cumpla cuatro años de mandato (no digamos ya ocho) son elevadas: tiene un 24% de posibilidades de fallecer en 5 años: https://www.finder.com/life-insurance/odds-of-dying

- Su posicionamiento ideológico dentro del Partido: un candidato republicano moderado a la Presidencia tenderá a escoger un posible vicepresidente más conservador (McCain escogiendo a Sarah Palin en 2012) mientras que un candidato demócrata liberal tenderá a escoger a un vicepresidente más moderado que él (una vez más, Obama escogiendo a Biden en 2008), y viceversa (John Kerry escogiendo a John Edwards en 2004). En el caso de Biden, que es considerado un moderado en el actual Partido Demócrata, la lógica invita a pensar que escogerá a alguien más liberal que él (la necesidad de apaciguar a los seguidores de su rival en las primarias, Sanders, invita también a pensar que eso ocurrirá así).

- Su género: al menos en el partido Demócrata, parece evidente que nunca más habrá dos hombres como candidatos: Biden dejó muy claro que la candidata a la vicepresidencia iba a ser mujer, y la tendencia demócrata a la igualdad de género parece ya muy arraigada (el Partido Republicano tendrá más problemas para alcanzar la paridad de género porque el número de mujeres republicanas con el perfil propio para ser Presidente o Vicepresidente es mucho más reducido. Véase el porcentaje de mujeres demócratas y republicanas en el Congreso y sobre todo, la evolución de dicho porcentaje en los últimos 30 años (en 1990 había más congresistas republicanas que demócratas)



En el Senado las cosas no son mucho mejores para los republicanos: hay 17 senadoras demócratas (36% del total) y sólo 9 republicanas (el 17%)

- Su raza: al menos en el partido Demócrata, también parece evidente que va a ser difícil que haya dos personas blancas como candidatas a la presidencia y a la vicepresidencia en el futuro. El 90% del voto negro es demócrata, y unos dos tercios del voto latino y asiático, así que la presión es muy fuerte, y especialmente en el caso de Biden, que es un varón blanco, que la mujer escogida pertenezca a una minoría.

- El Estado del que venga el vicepresidente: hay una creencia de que el candidato a vicepresidente "araña" un par de puntos en su Estado, lo cual, en Estados disputados puede ser un aliciente a la hora de escoger al candidato (por ahí iban también los tiros cuando Romney escogió a Ryan en 2012, pese a que éste era sólo congresista de un distrito de Wisconsin, no Senador o gobernador del Estado). Pero este factor encubre un riesgo mayor, que es perder un voto en el Senado o un gobernador de tu partido si es sustituido por un Senador o vicegobernador de otro partido.

Otros factores que tradicionalmente se tenían por importantes, como el equilibro geográfico de una dupla electoral, cada vez parecen tener menos importancia, especialmente dada la creciente cohesión ideológica que tienen ambos Partidos, que hace que un demócrata de Nueva York se parezca a más a un demócrata de Los Ángeles que a un republicano de Nueva York en sus prioridades políticas.

En conclusión: a la vista de lo expuesto hasta ahora, el perfil de la candidata a la vicepresidencia de Biden es: mujer, bastante más joven que Biden pero con experiencia política suficiente para sustituirlo en caso de fallecimiento, muy probablemente perteneciente a una minoría, y no necesariamente de un Estado disputado.

¿Y qué quiere decir experiencia política suficiente? A mi juicio (y sospecho que también para Biden): al menos cuatro años en el Senado o como gobernadora (a fecha de las elecciones) o experiencia previa en la Administración Obama/Biden. Eso es lo mínimo

Ya anticipo una cosa: no voy a optar por una de esas listas interminables con posibles candidatas de todo tipo y condición (quien tenga curiosidad, aquí tiene doce opciones propuestas por Bill Scher, de POLITICO, y diez opciones propuestas por Chris Cillizza, de CNN; por lo demás, son artículos excelentes). Biden es perfectamente consciente de que el día de su potencial inauguración tendría 78 años. La candidata será menor de 60 años, pero con experiencia suficiente como senadora o gobernadora para sustituirle si algo le ocurriera. Los demás requisitos son negociables. Por lo tanto, ni Stacey Abrams ni Elizabeth Warren y aún menos Michelle Obama, que no cumplen con ellos.

Las candidatas:

De hecho, aunque las candidatas potenciales son muchas, las candidatas con posibilidades reales son pocas:

Gobernadoras: este grupo ofrece 6 posibles candidatas. Descartemos de antemano a las gobernadoras de Maine y Kansas, septuagenarias ambas. Las gobernadoras de Oregon y Rhode Island han tenido mandatos controvertidos, aunque por experiencia podrían ser interesantes. Las dos gobernadoras que suenan mas son Gretchen Whitmer de Michigan, y Michelle Lujan Grisham, de Nuevo México. El problema es que ambas tienen poca experiencia (empezaron sus mandatos el 1 de enero de 2019). Lujan Grisham es hispana y antes fue congresista durante seis años, así que no es enteramente descartable. Pero dudo mucho que la elegida salga de allí.

Senadoras: como hemos señalado antes, hay 17 senadoras demócratas. De ellas, 1o tienen más de 60 años (Elizabeth Warren está dentro de este grupo), lo que las descarta de antemano. Eso nos deja 7. Descartamos asimismo a Kyrsten Synema, porque al ser de Arizona, eso significa que si obtuviera el puesto de vicepresidenta el gobernador republicano de Arizona podría nombrar a su sucesor y darle un escaño en el Senado a los republicanos.

Quedan seis: Gillibrand, de Nueva York, que fue candidata a la presidencia pero con poca distinción. Es blanca y Nueva York es un Estado sólidamente demócrata. No suena en las listas, porque no equilibra a Biden en ningún aspecto relevante.

Tammy Baldwin, de Wisconsin, es liberal (y lesbiana). Su Estado es uno de los más disputados, pero tiene un inconveniente similar al de Sinema: si fuera elegida vicepresidenta, entre 62 y 77 días después de su nombramiento se tendría que disputar una elección especial en su Estado, poniendo en peligro su escaño. Probablemente descartada.

Tammy Duckworth, de Illinois, veterana y mutilada de guerra y de ascendencia asiática, tiene fama de moderada, al igual que Biden (cosa que en este contexto no es favorable), y es de Illinois, un Estado sólidamente demócrata. No es enteramente descartable, pero no es probable que sea la elegida.

Catherine Cortez Masto, de Nevada, hispana, de perfil bajo pero con experiencia suficiente (4 años en el Senado y 8 como fiscal general de Nevada). También tiene fama de moderada, lo cual no equilibra el ticket con Biden. Es una posibilidad si algo nefasto surgiera en la revisión de los expedientes de las dos candidatas más probables.

Amy Klobuchar, de Minnesota: otra candidata a la presidencia que aguantó más que Gillibrand. Su Estado, aunque lleva votando demócrata desde 1976, estuvo a punto de decantarse por Trump en 2016 y ella es extremadamente popular en él. Apoyó a Biden justo antes del Supermartes y probablemente decantó su estado hacia él. Dicho esto, no deja de ser una señora blanca de 60 años, moderada, un perfil muy parecido al de Biden, pero en mujer. En ultima instancia no creo que Biden se decante por ella.

Kamala Harris, de California: el consenso generalizado es que Biden se va a decantar por ella, y generalmente, ese "consenso" se traduce como "filtraciones desde la propia campaña". Harris tendrá 56 años, 4 años de experiencia como Senadora y 6 como fiscal general de California (antes lo fue de San Francisco). Es medio negra y medio india (así que ¡2 minorías!), bastante más liberal que Biden, con lo que también equilibra el ticket por ese lado y su Estado, California, es uno de los más demócratas del país, por lo que su escaño en el Senado no se pondrá en riesgo en ningún escenario.

En suma: Harris, porque equilibra a Biden por edad, género, raza e ideología, y tiene experiencia suficiente en caso de que a Biden le ocurra algo durante su mandato, cosa que es perfectamente posible.

Kamala Harris Para La Gente

domingo, 8 de marzo de 2020

Tsunami en Supermartes


En el último artículo sobre las primarias, publicado en este blog el jueves 27 de febrero, comentaba que el Partido Demócrata se enfrentaba a un auténtico problema de falta de coordinación entre los distintos candidatos del ala moderada (en aquel momento había cinco, nada menos), que podía acabar provocando la victoria de Bernie Sanders, el candidato socialista de 78 años.

Pues bien, en menos de una semana, ocurrió lo siguiente:

1) Joe Biden arrasó en las primarias de Carolina del Sur, batiendo a Bernie Sanders por casi 29 puntos de ventaja, y sin que ningún otro candidato llegara al 15% que permite obtener delegados.

2) Acto seguido, y antes incluso del Supermartes, se produjo un goteo de retiradas de candidatos: Tom Steyer, Pete Buttigieg y Amy Klobuchar abandonaron la carrera presidencial, y los dos últimos, además, anunciaron su apoyo a Biden.

3) En el Supermartes mismo, Biden que había invertido exactamente 2 millones de dólares en publicidad en los catorce Estados en disputa ese día, procedió a ganar en 10 de ellos, frente a los cuatro en los que ganó Sanders (que había invertido ocho veces más) y frente al serio fracaso que sufrieron Michael Bloomberg (que había invertido 100 veces más) y Elizabeth Warren.

4) Durante las 48 horas siguientes, Bloomberg y Warren abandonaron la carrera presidencial (con Bloomberg anunciando su apoyo a Biden), dejando tan solo a Biden y a Sanders como candidatos con posibilidades de ganar la nominación.

Lo ocurrido sólo se puede calificar como uno de los vuelcos más inusitados desde que se introdujo el sistema de primarias en 1972. Resulta difícil encontrar un paralelo histórico (quizá el más similar es la victoria de John Kerry en 2004 frente a otro Senador insurgente de Vermont, Howard Dean, en el contexto de reelección de otro Presidente republicano, pero Kerry ganó a la primera (en los caucuses de Iowa), mientras que Biden venía de perder, y de manera especialmente humillante en los dos primeros casos, los caucuses de Iowa, las primarias de New Hampshire y los caucuses de Nevada (en los que al menos quedó segundo).

¿Cómo se explica entonces lo ocurrido?

Jonathan Bernstein, un politólogo cuyo criterio suele ser muy sensato, explica en este artículo como Biden se alzó con la victoria.

Parafraseando (y confío en que sin traicionar demasiado) su explicación: el liderazgo del Partido Demócrata (en un sentido amplio: gobernadores, congresistas, senadores, etc), tenía dos ideas claras: a) Sanders como candidato era inaceptable, y b) el candidato que finalmente surgiera del proceso sería el que fuera apoyado por el segmento más importante hoy en día dentro de la coalición demócrata: el voto negro.

El principal problema es que los dos primeros Estados en el proceso de primarias (Iowa y New Hampshire) no tienen apenas votantes pertenecientes a minorías, por lo que los resultados que salgan de los mismos tienen poca relevancia (si a esto unimos los enormes problemas de funcionamiento durante los caucuses de Iowa, parece probable que al menos este Estado se caiga de su posición como primera liza en próximos ciclos de primarias).

El Partido (una vez más, en sentido amplio), decidió esperar a ver si en Nevada (donde ya había un voto latino y negro relevante) alguno de los candidatos que no fueran Biden o Sanders demostraba capacidad de captar voto de minorías. No fue así: ni Buttigieg, ni Warren, ni Klobuchar mostraron una especial capacidad para ello. Y Biden, con todos sus defectos, quedó segundo.

Este hecho, unido a que Biden tuvo un debate razonablemente bueno después de los caucuses de Nevada (en el que además, Michael Bloomberg demostró ser un candidato inaceptable para la mayoría del Partido debido a su actuación antinegra durante su periodo como alcalde de Nueva York) provocó una aceleración súbita del proceso de decisión colectiva en el Partido, muy en la línea de un libro muy famoso, “The Party Decides”, publicado hace una década, que defiende que los dos partidos políticos americanos, a través de una red informal de comunicación entre sus distintos liderazgos estatales, son capaces de elegir al candidato que resulta aceptable al mayor número posible de dichas élites, tesis que la victoria de Trump en las primarias republicanas de 2016 puso ciertamente en duda, pero que este año se ha visto claramente refrendada.

El primer paso en ese sentido fue la decisión de James Clyburn, congresista demócrata por Carolina del Sur y líder del partido en dicho Estado, de anunciar su apoyo público a Biden unos pocos días antes de las primarias en ese Estado. Un 47% de los votantes en las primarias de Carolina del Sur indicaron que ese apoyo había tenido  un papel importante a la hora de decidir su voto.

La victoria decisiva de Biden el 29 de febrero (con un 61% del voto negro de su lado), unida al hecho de que ningún otro candidato salvo Sanders llegó al 15% terminó de decidir al Partido, que presionó inmediatamente a Buttigieg y Klobuchar para que se retiraran y anunciaran su apoyo a Biden (sabemos que Obama habló con Buttigieg el día después de anunciar su retirada). En las 72 horas siguientes, estas retiradas, unidas a un ciclo de noticias muy positivo para Biden, hizo que literalmente millones de votantes demócratas decidieran apoyar a Biden en lugar de a cualquiera de los otros candidatos. Todas las encuestas a pie de urna revelan que aquellos votantes que decidieron en los últimos días y horas lo hicieron de manera mucho más acusada por Biden que aquellos que tenían su voto decidido desde antes.

Este proceso provocó no sólo que los votantes de candidatos ya retirados se decantaran masivamente por Biden, sino que incluso muchos potenciales votantes de candidatos que había en liza (Warren y especialmente Bloomberg), les abandonaran en favor de Biden.

Resultado de imagen de map of supertuesday results

El resultado fue una victoria decisiva de Biden, que ganó en 10 de los 14 Estados que se disputaban. Y lo que es más importante: ganó no solo en los Estados del Sur, donde el voto negro era de esperar que le catapultase a la victoria, sino al menos en tres Estados del Norte en los que las encuestas, 48 horas antes, no le daban ninguna posibilidad: Maine, Minnesota y Massachusetts (éste, para colmo, es el Estado al que Elizabeth Warren representa en el Senado). 

Sanders únicamente consiguió la victoria en Vermont, el Estado al que representa en el Senado, y en tres Estados del Oeste, Utah, Colorado y (casi con toda seguridad) California, aunque en este último Estado hay millones de votos por contar.

Pero incluso este magro resultado es peor de lo que parece, porque los Estados del Oeste coinciden en ser Estados en los que se prima el voto por correo, que no fue capaz de captar la magnitud del viraje del electorado demócrata en las 72 horas posteriores a Carolina del Sur.

En aquellos Estados que priman el voto presencial, la victoria de Biden, fraguada precisamente en ese periodo de 72 horas, fue muy clara.

En las 48 horas siguientes, como decíamos, tanto Bloomberg como Warren se retiraron, dejando el camino expedido a Biden para liquidar estas primarias a gran velocidad en las dos o tres próximas semanas.

¿Por qué es difícil que Sanders pueda darle la vuelta a los resultados del Supermartes? Principalmente porque Sanders está alejado del centro del Partido Demócrata, y es muy difícil ganar una primaria desde un extremo del Partido (al que, no lo olvidemos nunca, Sanders ni siquiera pertenece). 

Este gráfico, de una encuesta publicada en Enero por Pew Research, es clave para entender la composición del Partido Demócrata: una mayoría de demócratas (el 52%) se declara moderada (38%), conservadora (11%) o muy conservadora (3%). El 47% se declara liberal (32%) y sólo un 15% "muy liberal" (y dentro de esta categoría está Sanders, en el extremo izquierdo de la misma, de hecho).

Liberals make up nearly half of Democratic voters

Sanders es muy admirado por sus seguidores por la consistencia y persistencia de su pensamiento político, pero lo cierto es que una comparativa entre sus resultados de 2016 y sus resultados de 2020 muestra que Sanders no sólo no ha mejorado sus resultados, sino que ha retrocedido (es cierto que en el Supermartes de 2016 se enfrentó sólo a Hillary Clinton, y este año había cuatro candidatos relevantes, pero hubo un dato que a mí, al menos, me chocó enormemente: en 2016, en su Vermont, obtuvo el 86%. Este año, sólo un 51%.

Con las encuestas a pie de urna en la mano, se ve que Sanders ha ganado voto hispano en estos cuatro años, pero en cambio, ha perdido voto de clase trabajadora blanca (para la que Biden es, por sus orígenes, un candidato más apetecible que Hillary Clinton). Y sobre todo, ha sido absolutamente incapaz de avanzar un ápice en el voto negro.

Lo cierto es que, aunque faltan todavía algunas docenas de delegados por adjudicar, Biden lleva unos 100 delegados de ventaja, se ha disparado en las encuestas nacionales (véase la magnitud del repunte), y tiene todo el "momentum", ese concepto tan abstracto pero tan decisivo, a su favor.

Este martes se celebran elecciones en seis Estados (Dakota del Norte, Idaho, Mississippi, Missouri, Washington y Michigan, que es el premio gordo). En 2016 Sanders ganó en cuatro de ellos, empató en Missouri y sólo perdió en Mississippi, debido al voto negro. Es más que probable que en esta ocasión gane sólo uno o dos, entre otras cosas, por un factor relevante, que ya se pudo comprobar durante el Supermartes: varios Estados han pasado de organizar caucus a primarias: en todos ellos Sanders ha bajado sustancialmente en proporción de votos.

En cualquier caso, los resultados de este nuevo grupo de primarias nos permitirá evaluar hasta qué punto Sanders tiene alguna esperanza de remontar y (comparando sus resultados y los de Biden en 2020 y los suyos propios y los de Hillary en 2016) hasta qué punto su coalición de votantes ha crecido o menguado en cuatro años.

jueves, 27 de febrero de 2020

El dilema de la acción colectiva en las primarias americanas


Las primarias de New Hampshire del pasado 11 de febrero y en particular los resultados de los caucuses de Nevada el 22 han revelado que el Partido Demócrata tiene un problema de acción colectiva.

Me explico: en la actualidad, los demócratas tienen una facción liberal (lo que en Europa llamaríamos más bien progresista, sin llegar siquiera a socialdemócrata), que abarca más o menos la mitad de su electorado y otra facción moderada, con una pequeña parte incluso conservadora, que abarca a la otra mitad. Pero históricamente el ala moderada solía tener más peso (sobre todo por la presencia de un gran número de demócratas blancos sureños, muy conservadores en lo social) lo que explica que la gran mayoría de los candidatos en los últimos cuarenta años fueran moderados.

Desde su instauración en 1972, y particularmente desde que el modelo se estabilizó a partir de 1980, las primarias demócratas han solido cumplir con el siguiente guion: un candidato del “establishment”, más centrista, contra un insurgente del ala liberal/progresista, que solía acabar derrotado. Los ejemplos son constantes: el presidente Carter derrotando a Ted Kennedy en 1980, el exvicepresidente Mondale haciendo lo propio con Gary Hart y Jesse Jackson en 1984, Bill Clinton derrotando a Jerry Brown y Paul Tsongas en 1992, Al Gore derrotando a Bill Bradley en 2000, Hillary Clinton venciendo a Bernie Sanders en 2016…

En ocasiones el candidato era algo más liberal, pero derrotaba al mismo tiempo a un oponente que lo era todavía más y a un demócrata sureño, más conservador (Dukakis en 1988, o Kerry en 2004), pero el patrón era claro.

Quizá el único ejemplo a contracorriente de esta teoría fue la nominación de Barack Obama frente a Hillary Clinton en 2008. Obama era generalmente visto como el candidato más progresista frente a Clinton, más centrista. Pero la explicación en este caso es sencilla: los votantes negros demócratas, que en su mayoría son moderados o conservadores, votaron al candidato más liberal por motivos “históricos” (era el primer candidato negro con posibilidades de acceder a la Presidencia), y desequilibraron la balanza.

Sin embargo, todos estos resultados se produjeron en el contexto de unas primarias en las que las dos facciones demócratas se agrupaban al principio del proceso, seleccionaban a su candidato, y lo enfrentaban con el de la facción opuesta.

Aunque este escenario puede darse todavía, existe un riesgo cierto de fragmentación del voto demócrata y con ello, de que al menos una de las dos facciones (en particular, la moderada), no aglutine sus votos y acabe derrotada por sus divisiones internas. Es preciso recordar, en ese sentido, que aunque las primarias demócratas son estrictamente proporcionales, para poder obtener delegados hay que superar un listón mínimo del 15%.

El resultado de las primarias de New Hampshire fue, en ese sentido, un claro ejemplo del riesgo del que estoy hablando:


Candidato
Votos
%
Delegados
76,355
25.6
9
72,445
24.3
9
58,774
19.7
6
27,428
9.2
0
24,911
8.3
0


(los demás candidatos obtuvieron un 3,6% o menos de los votos).


Los resultados del caucus de Nevada ahondan más todavía en esa conclusión:

Candidato
Alineación
final
Delegados a la convención nacional
Votos
%
41,075
40.5
24
19,179
18.9
9
17,598
17.3
3
11,703
11.5
0
4,120
4.1
0
7,376
7.3
0

Resultado de imagen de nevada map

Los dos candidatos más de izquierdas en estas primarias son Bernie Sanders (que directamente se autocalifica de socialista) y Elizabeth Warren. Sin embargo, su voto no se encuentra dividido de la misma manera: hasta el momento, Sanders ha demostrado una capacidad de aglutinar el voto liberal muy superior a Warren.

En cambio, en el ala moderada hay un exceso de candidatos: no sólo Buttigieg y Klobuchar, que obtuvieron un buen resultado en New Hampshire (bastante peor en Nevada) sino también Joe Biden, que aunque empezó con malos resultados en las dos primeras primarias, parece conservar cierto apoyo, especialmente en Estados con minorías, como se ha visto en Nevada. Pero por si eso fuera poco, hay dos millonarios, Mike Bloomberg y Tom Steyer, que dividen todavía más el voto moderado demócrata (especialmente Bloomberg, que está gastándose cientos de millones en anuncios, aunque su penosa intervención en los debates del día 19 y 25 probablemente le reste ímpetus).

Todo esto no tendría mucha importancia si el proceso de primarias se continuara celebrando como hasta ahora, es decir: de Estado pequeño en Estado pequeño, con candidatos abandonando la carrera después de cada primaria (en New Hampshire cayeron tres, por ejemplo). El gran problema es que después de Nevada (que ha votado el 22 de febrero) y Carolina del Sur (que lo hace el 29) llega, apenas tres días después, el Supermartes, donde catorce Estados reparten el 34% de los delegados. Si para entonces se siguen manteniendo dos candidatos liberales y cuatro o cinco moderados en la carrera, nos podemos encontrar con el siguiente escenario: Sanders obteniendo un 30% o un 40% de los votos y llevándose la mayoría de los delegados porque sólo uno o ninguno de los restantes candidatos alcanzan el 15%.

Un escenario que no es ni mucho menos descabellado si acudimos a la media de las encuestas nacionales que refleja a día de hoy, por ejemplo, la página web RealClearPolitics:


Por eso empezaba este artículo diciendo que a los demócratas se les planteaba un dilema de acción colectiva: si lo que se pretende es evitar el triunfo de Sanders (que, en opinión de muchos, este autor incluido, supone regalarle la presidencia a Trump y poner en peligro la continuidad de la democracia estadounidense), la opción lógica es agruparse en torno a un candidato moderado que sea capaz de aglutinar los votos ya no sólo de los moderados, sino de bastantes liberales que no se sienten cómodos con Sanders.

El problema es que los moderados no son capaces de ponerse de acuerdo en quién es ese candidato: ¿un veterano como Biden? ¿un multimillonario como Bloomberg -el octavo hombre más rico de Estados Unidos-? ¿una Senadora con suficiente experiencia como Warren -que no es moderada, pero sí lo es más que Sanders- o Klobuchar? ¿o un valor nuevo, sin testar, como Buttigieg?

Entre dimes y diretes, los demócratas moderados son incapaces de decantarse por un candidato, las primarias avanzan, y la ventaja le corresponde a un anciano de 78 años con problemas recientes de corazón y una querencia anormal por las dictaduras comunistas previas a la caída del Muro. Hay décadas de vídeos de Sanders alabando a la Unión Soviética, a Nicaragua, y a montones de régimenes “de izquierdas” pero no democráticos. Los anuncios de la futura campaña de Trump se escribirán solos.

Este sábado, como decía, vota Carolina del Sur. Y el 3 de marzo (¡menos de tres días después!), catorce Estados, entre ellos dos tan importantes como California o Texas. O el voto del candidato anti-Sanders empieza a aglutinarse ya, o los demócratas se encontrarán en noviembre con un caballo perdedor en sus manos.