lunes, 7 de septiembre de 2009

El mito del Teflón de Reagan y el declive de Obama (I)

Uno de los mitos más consistentes en el anecdotario político norteamericano es el de Reagan como "El Presidente de Teflón", así llamado porque no había problema ni crisis que se le pegara o dañara su popularidad.

Sin embargo, los mitos están para desmontarlos y eso es lo que ha hecho Jay Cost en (uno más) de sus magníficos artículos en la página web de RealClearPolitics.

Cost desmonta el mito de la manera más sencilla posible: con un gráfico que compara la evolución del índice de aprobación presidencial según Gallup y la evolución del índice de desempleo durante el mandato de Reagan (enero de 1981- enero de 1989). Asimismo, incluye una línea de corte para recoger el momento en que estalló el escándalo Irán-Contra (un programa de venta de armas a Irán a cambio de la liberación de rehenes, con el que eventualmente se financió a la Contra nicaragüense en su lucha contra los sandinistas).

(Se puede hacer clic sobre la imagen para agrandarla)
 
Reagan Job Approval.jpg



Una imagen vale más que mil palabras: Reagan inició su mandato en enero de 1981 con una enorme popularidad, pero la misma se fue deteriorando a lo largo de 1981 y 1982, a medida que una recesión iniciada a mediados de su primer año de mandato empezó a elevar el desempleo claramente (pasó del 7,2% en Julio de 1981 al 10,8% en Noviembre de 1982 -justo el mes en que se produjeron las elecciones de medio mandato, en las que los republicanos perdieron 26 congresistas y 7 gobernadores (aunque curiosamente no retrocedieron en el Senado).

La popularidad de Reagan sufrió enormemente a raíz de esta recesión, y a principios de 1983 su índice de aprobación estaba en un raquítico 35%, mientras que un 55% desaprobaba su gestión. Sin embargo, a partir de este punto la economía empezó a mejorar, y una vez más es posible comprobar que, a medida que el desempleo bajaba, la aprobación de Reagan subía. El día de las elecciones de 1984 el paro había vuelto exactamente a sus niveles de mediados de 1981, y el electorado apoyó a Reagan de manera contundente en las urnas.

El 3 de noviembre de 1986 estalló el escándalo Irán-Contra, en un pésimo momento para el Partido Republicano, que afrontaba cinco días después las segundas elecciones de medio mandato de Reagan, donde perdieron 8 Senadores y 5 congresistas (en cambio, recuperaron 7 gobernadores). Reagan, que disfrutaba de una popularidad superior al 60% justo antes del escándalo, llegó a estar por debajo del 45% de popularidad. Sin embargo, su popularidad se estabilizó (a medida que se vio que el Presidente no tenía conocimiento de algunos de los aspectos ilegales del plan) y para el día de las elecciones de 1988 ya volvía a estar en torno al 53-55%, lo que sin duda ayudó a George Bush Sr. a ganar las elecciones (tampoco le hizo ningún daño el hecho de que el paro continuara descendiendo durante el segundo mandato de Reagan hasta rozar el 5%).

Quiero decir con esto, simplemente, que las dinámicas de evolución de apoyo ciudadano a los líderes políticos son, en muchas ocasiones, fáciles de interpretar, y se derivan de la evolución de la situación económica (por supuesto, grandes escándalos como el Irán-Contra o los atentados del 11 de septiembre pueden alterar esas dinámicas, pero lo esencial es lo que revela el gráfico: cuando el paro subió dramáticamente en 1981-82, la popularidad de Reagan se resintió; como el empleo se recuperó en los dos años siguientes, Reagan, ayudado por su estilo simpático y optimista, consiguió una resonante victoria en 1984).

Las consecuencias de esta reflexión para el actual Presidente son interesantes, y serán objeto de nuestro próximo post.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Los secretos de Washington: ¿otra vacante en el Tribunal Supremo para Obama?

Internet ha cambiado enormemente el mundo en todos los sentidos. Una de las formas más curiosas en que lo ha hecho ha sido revelando algunos secretos de Washington que el común de los mortales antes no podía conocer.

Desde hace ya varias décadas, los jueces del Tribunal Supremo escogen a cuatro becarios  ("clerks") para que trabajen para ellos durante el "año judicial". Los becarios suelen ser alumnos número 1 de las mejores universidades estadounidenses y suelen haber trabajado un año antes para los mejores Jueces federales de los tribunales de apelación. Para poder escoger a los mejores, los Jueces suelen elegir con mucha antelación, de modo tal que no sólo los becarios del curso 2009-2010 están ya todos elegidos (incluso por Sonia Sotomayor, recién nombrada al Tribunal) sino que algunos Magistrados ya han escogido a sus becarios para el curso 2010-2011.

La elección o no de becarios por parte de los Jueces del Tribunal Supremo es un asunto que habitualmente no despierta ningún interés público, pero en los últimos años, y a raíz de la existencia en Internet de blogs dedicados obsesivamente a analizar al Poder Judicial americano (como todas las demás cosas) se reveló un secreto que hasta ahora no había despertado mucha curiosidad: una de las pocas formas de saber si un Juez se va a retirar es si escoge becarios para el siguiente período de sesiones. Si no lo hace, es una poderosa señal indicativa de su retirada.

Y aquí es donde ha saltado la liebre: John Paul Stevens, el Juez más veterano de entre los que hay en el Tribunal Supremo (empezó a ejercer en el mismo en Diciembre de 1975, y tiene ya 89 años) ha anunciado que sólo escoge un becario para el período 2010-2011. Un becario es a lo que tienen los Jueces del Tribunal Supremo retirados (como Souter y O' Connor), en lugar de los cuatro a los que tienen derecho los Jueces del Tribunal Supremo en ejercicio.

La cuestión de los becarios ya había saltado a la palestra cuando Souter no había escogido a mediados de abril de este año sus becarios para el año judicial que empezaba en Septiembre (cosa que reveló sus intenciones incluso antes de que las anunciara pocas semanas después).

¿Quiere decir eso que Stevens se retirará ineluctablemente en junio de 2010, cuando acabe el año judicial que ahora empieza? No necesariamente, porque ello depende de que no haya una defunción súbita en el Tribunal (y no olvidemos que Ginsburg anunció a principios de año que tenía cáncer pancreático, que no es ninguna broma), dado que los Jueces del Tribunal Supremo son muy reacios a que haya dos vacantes en un mismo año. Pero a día de hoy, las posibilidades de una retirada de Stevens en junio de 2010 son, me atrevería a decir, superiores al 50%.

Las consecuencias de dicha retirada las analizaremos si y cuando se produzca, aunque ya avanzo que serán bastante más importantes que las de la retirada de Souter. Y trazaremos entonces un perfil de John Paul Stevens, quizá una de las figuras más determinantes y simpáticas de la historia del Tribunal Supremo.

martes, 1 de septiembre de 2009

Lecturas recomendadas para esta semana: sobre el movimiento conservador y contra la pena de muerte

Algunos excelentes artículos en la WWW:

- Jon Meacham entrevista a Sam Tanenhaus sobre el declive del movimiento conservador (en un sentido intelectual).

- Bruce Bartlett, antiguo asesor de Reagan, exige un movimiento del Partido Republicano hacia el centro en el blog "New Majority" de David Frum, compuesto por conservadores razonables y no lunáticos.

- Y Peter Wehner y Michael Gerson (que no son precisamente anti-conservadores) dan algunas claves acerca del posible camino para el resurgimiento del Partido Republicano (¿dejar de atacar a los inmigrantes, por ejemplo?)

- David Grann, en el New Yorker, publica una tremenda requisitoria sobre la total falta de seriedad que rige en Texas respecto de la aplicación de la pena de muerte, relatando un caso que pone los pelos de punta

- Y ya que estamos, un artículo de 1998 de Jonathan Rauch (que no era contrario a la pena de muerte) con otro caso que muestra los graves defectos del sistema penal estadounidense en materia de pena capital.

domingo, 30 de agosto de 2009

La designación de Sonia Sotomayor: un análisis del voto en el Senado

El pasado 6 de agosto el Senado aprobó la designación de Sonia Sotomayor como la primera Juez hispana del Tribunal Supremo, con 68 votos a favor y 31 en contra (Ted Kennedy, gravísimamente enfermo, como se ha visto con posterioridad, no acudió a la votación).

(El listado de votos a favor y en contra se puede consultar aquí.)

Los 68 votos a favor se repartieron del siguiente modo: 59 demócratas (todos menos Kennedy) y 9 republicanos. Los 31 votos en contra fueron todos republicanos.

La votación de Sotomayor continúa un precedente muy peligroso que se está imponiendo en el Senado desde hace algunos años: votación por parte de un número muy elevado de Senadores contra candidatos evidentemente preparados que no alterarán esencialmente la línea ideológica del Tribunal, simplemente por motivos de pureza ideológica.

Las nominaciones al Tribunal Supremo han sido en los últimos años y de manera creciente un núcleo encarnizado de batalla entre los dos grandes partidos, pero habitualmente ello tan solo ha ocurrido cuando había la clara percepción de que se iba a producir una corrección ideológica fuerte en la composición y dirección del Tribunal (por ejemplo, con la retirada de Lewis Powell en 1987) unido al hecho de que el Presidente fuera de un partido y la mayoría del Senado fuera de otro (una vez más, la situación que existía ante la retirada de Powell en 1987 o durante la nominación de Clarence Thomas en 1991).

Sin embargo, llevamos tres nominaciones seguidas (Roberts, Alito y ahora Sotomayor) en las que 22, 42 y 31 Senadores han votado en contra del nominado cuando éste estaba evidentemente capacitado para el cargo, cuando el Presidente y la mayoría del Senado eran del mismo Partido y (salvo quizá en el caso de Alito) cuando la nominación no alteraba sustancialmente el equilibrio existente en el Tribunal Supremo. Es una señal más de la preocupante ideologización del Senado.

Entrando en el análisis propiamente dicho del voto, lo dividiremos en tres categorías:

1) Demócratas: los demócratas, como hemos dicho, votaron todos a favor de Sotomayor (también había ocurrido en 1998). Quizá lo más interesante en relación con éstos sea apreciar el hecho de que varios de ellos se mantuvieron en silencio hasta el último momento: en particular Ben Nelson, de Nebraska (el demócrata más conservador del Senado) y Mark Begich (que es el Senador demócrata del Estado más republicano de entre los que tienen a un Senador demócrata). La Asociación Nacional del Rifle dijo que un voto a favor de Sotomayor bajaría la nota que anualmente otorga ésta a los Senadores (lo que era una medida de presión evidente especialmente para Begich, en un Estado lleno de cazadores y armas). Sin embargo, los demócratas conservadores no cedieron a la presión y votaron unánimemente por Sotomayor (es raro, de todos modos, que un Senador vote en contra de un candidato propuesto por un Presidente de su partido: en 2006 Lincoln Chafee, republicano de Rhode Island, fue el único miembro de su partido que votó en contra de Alito (cuatro demócratas votaron a favor), y en 1991, tan solo dos republicanos liberales votaron en contra de Clarence Thomas (10 demócratas votaron a favor).

2) Republicanos que votaron a favor de Sotomayor: tan solo nueve republicanos se armaron de valor para votar en favor de Sonia Sotomayor. Los podemos dividir en las siguientes categorías:

- Los "obligados": Olympia Snowe y Susan Collins, de Maine, en un Estado en el que McCain apenas alcanzó el 40% de los votos, no estaban por la labor de votar en contra de la primera mujer hispana (para ser justo con ellas, las dos anunciaron su apoyo muy pronto y en términos inequívocos, así que es muy probable que votaran en conciencia y sin sentirse presionadas por su electorado. Además, ya habían votado por ella en 1998, cuando fue designada Juez para el Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito Federal).

- Los "retirados": ¿es acaso casualidad que cuatro de los nueve republicanos que apoyaron a Sotomayor fueran Senadores que habían anunciado ya que se retiraban en 2010? Bond, de Missouri, Gregg, de New Hampshire, Martinez de Florida y Voinovich de Ohio comparten todos ese rasgo. Liberados de la presión de afrontar unas primarias por su flanco derecho, los cuatro Senadores han podido votar en conciencia: es posible que Voinovich hubiera votado por ella de todos modos (siempre ha sido moderado y está muy centrista últimamente) y Martinez, único Senador republicano hispano, jamás hubiera votado contra la primera Juez del Tribunal Supremo hispana, pero Bond y sobre todo Gregg siempre han sido Senadores conservadores (muy conservadores en el caso de Gregg, aunque había votado por ella en 1998) y es muy posible que hubieran votado en contra de ella de haber tenido que afrontar una primaria pocos meses después (es curioso como la retirada mueve a muchos Senadores -de ambos flancos- hacia el centro).

Incidentalmente, los otros dos Senadores republicanos que se retiran son Sam Brownback, de Kansas (que no se retira: simplemente se presenta a Gobernador de Kansas, por lo que ni en sueños iba a votar por Sotomayor, contra la que ya votó en 1998) y Jim Bunning, un archiconservador de Kentucky, un Estado con muy pocos hispanos, un bocazas que ha sido obligado a retirarse por su propio partido, dado que todas las encuestas le daban como perdedor en 2010.

- Los "valientes": tres Senadores en Estados tradicionalmente republicanos y con escasa población hispana han votado a favor de Sotomayor: Dick Lugar, de Indiana, Lamar Alexander, de Tennessee y Lindsay Graham, de Carolina del Sur.

Lugar probablemente no tenga mucho que temer de su voto: Senador desde 1976, en un Estado que se movió hacia el centro en 2008, votando por un demócrata por primera vez desde 1964. Lugar e Indiana están probablemente ahora exactamente en el mismo lugar ideológico: un conservadurismo moderado dispuesto a pactar con el Presidente (Lugar suele apoyar los nombramientos presidenciales al entender que forma parte de las prerrogativas del Ejecutivo escoger a sus colaboradores; ya votó por ella en 1998). Además, no tendrá que afrontar primarias hasta 2012.

Lamar Alexander le ha echado más valor: Tennessee es un Estado sureño muy conservador (probablemente más que él) que votó menos por Obama que por Kerry (en un contexto nacional general muy distinto) y aunque él fue gobernador del Estado y Secretario de Educación con Bush padre, Alexander se ha arriesgado bastante con su voto (probablemente el hecho de que no tiene que afrontar la reelección hasta 2014 le ha permitido votar en conciencia y con la razonable tranquilidad de que dentro de cinco años habrá otros muchos temas más candentes a discutir en una eventual primaria).

Todavía más valor le ha echado al asunto Lindsey Graham: el Senador republicano de Carolina del Sur siempre ha sido muy conservador, y ha votado a favor de Sotomayor en base a un principio muy noble pero muy arriesgado: "las elecciones tienen consecuencias". Como él mismo dijo durante la audiencia pública a Sotomayor en el Senado (es miembro del Comité Judicial), él no habría designado a Sotomayor, y tampoco lo hubiera hecho un Presidente republicano, pero había que aceptar que el Presidente tenía la potestad de nombrar a un candidato que estuviera cualificado. Dado que Sotomayor lo estaba (tras 17 años en los Tribunales federales), y dado que sustituir a Souter realmente no alteraba los equilibrios de poder en el Tribunal Supremo -éste no lo dijo, pero evidentemente fue una consideración en su mente- no cabía otra opción en conciencia que votar a favor de Sotomayor.

Graham tiene que ir con cuidado: aunque tampoco se tiene que enfrentar a la reelección hasta 2014, su prominente rol en la confirmación de Sotomayor (fue el único republicano que votó a favor de ella en el Comité Judicial del Senado) ha hecho recaer sobre él la ira de muchos conservadores, y su Estado es muy conservador.

3) Republicanos que votaron en contra de Sotomayor: los 31 republicanos que votaron en contra ofrecen algunos motivos de reflexión:

- Los cinco republicanos en los Estados con más hispanos votaron en contra: Hutchison y Cornyn en Texas (35,7% de hispanos), Kyl y McCain en Arizona (29,2% de hispanos) y Ensign en Nevada (24,4% de hispanos). Se trata de una decisión que requiere un cierto valor (Hutchison, Kyl y McCain, en todo caso, estaban atados probablemente porque ya habían votado en su contra en 1998, y no era justificable que una Jueza a la que no consideraban cualificada para el Tribunal de Apelaciones en 1998 lo fuera ahora para el Tribunal Supremo). Pero puestos a elegir entre el electorado republicano de las primarias (menos hispano) y el electorado general (más hispano), los Senadores republicanos, que afrontan duras primarias en 2010 (McCain y especialmente Hutchison, que se presenta a gobernadora contra Rick Perry, el gobernador republicano de Texas) y 2012 (Kyl y especialmente Ensign, que probablemente ha arruinado su carrera por un escándalo sexual), estos Senadores han preferido votar de una manera más ideológica, habida cuenta de que, salvo Ensign, todos tienen un buen índice de aprobación en sus Estados y no querían arriesgarse a posibles desafíos por su flanco derecho.

- Como hemos dicho, era lógico que los Senadores que votaron en 1998 contra Sotomayor para el Tribunal de Apelaciones votaran nuevamente contra ella en el Tribunal Supremo. Lo interesante son los casos en que ha ocurrido lo contrario: Robert Bennett y Orrin Hatch, de Utah y Thad Cochran, de Mississipi.

Cochran argumentó simplemente que no es lo mismo un Tribunal de Apelaciones (donde hay que seguir los precedentes) que el Tribunal Supremo (donde se crean los precedentes), que no es un argumento ilógico. Con su próxima reelección en 2014, Cochran, que lleva 30 años en el Senado, probablemente votó en perfecta conciencia.

Más interesante es el caso de los dos Senadores de Utah: Bennett afronta un serio desafío en las primarias republicanas (se presenta a la reelección en 2010, y el fiscal general de Utah ya ha anunciado que se enfrentará a él) y simplemente se exponía a sufrir una derrota ignominiosa si apoyaba a Sotomayor (el Partido Republicano de Utah es probablemente el más conservador de Estados Unidos, y no tiene inhibiciones en echar a sus representantes: uno de sus congresistas fue liquidado en 2008 precisamente por esta vía, por apoyar la reforma inmigratoria). Orrin Hatch probablemente temía un desafío similar, aunque no se enfrenta a la reelección hasta 2012.

(El listado de votos a favor y en contra de 1998 se puede consultar aquí.)

- Por último, de entre los Senadores republicanos elegidos con posterioridad a 1998 que votaron en contra de Sotomayor quizá la mayor sorpresa fue Lisa Murkowski, la Senadora republicana de Alaska, que en el último período de sesiones (2006-2008) había sido la octava Senadora republicana más moderada, según Voteview (muy por delante de votantes de Sotomayor como Alexander o Graham), y que ha sido tradicionalmente más centrista que su Estado (su padre, Frank Murkowski, que sí era Senador en 1998, votó a favor de Sotomayor). Murkowski afronta la reelección en 2010, y corría un serio riesgo de afrontar una primaria (liderada sin duda por Sarah Palin) si se atrevía a apoyar a Obama en esta batalla, lo que la ha llevado sin duda a negar su apoyo a la tercera mujer magistrada del Supremo (tras Sandra Day O'Connor y Ruth Bader Ginsburg).

En resumen: mucho cálculo y poco valor están llevando al Senado a un terreno peliagudo en cuanto a las nominaciones en el Tribunal Supremo. Y la tendencia no tiene visos de mejorar, sino todo lo contrario. Veremos que ocurre en 2011, cuando se retire John Paul Stevens, el magistrado más liberal. Si Obama pierde los 60 votos que tiene ahora, y si escoge a un candidato muy liberal, podría producirse incluso un intento de filibusterismo por parte de la minoría republicana.

jueves, 27 de agosto de 2009

En la muerte de Ted Kennedy

Ted Kennedy era la viva prueba de que el ser humano (como tantas otras cosas en el mundo) no es simplemente blanco o negro, sino una paleta muy matizada de grises.

Hijo de una familia multimillonaria, con un hermano Presidente, otro Fiscal General y él mismo Senador por Massachusetts, fue durante muchos años un hombre dominado por sus debilidades (el alcohol y las mujeres), hasta el punto de que las mismas muy probablemente provocaron la muerte de una mujer en el incidente de Chappaquidick en 1969, el fracaso de su matrimonio (se divorció en 1982) y coadyuvaron a que uno de sus sobrinos fuera acusado de violación en 1991 (aunque fue absuelto).

Frente a esto, queda el legado en el Senado de un legislador incomparable, que contribuyó a una mejora constante en la educación y la sanidad especialmente de las clases más desfavorecidas, frente a las cuales el sistema social norteamericano, tan descarnado, es demasiadas veces cruel e injusto. También merece especial mención su triunfante batalla desde el Senado contra la nominación de Robert Bork para el Tribunal Supremo en 1987, cuyas consecuencias todavía se sienten a día de hoy (especialmente dado que Anthony Kennedy, el sustituto de Bork, es hoy el voto decisivo en el Alto Tribunal). Fue una de las pocas victorias de Kennedy contra Reagan (los críticos afirman que inyectó una dosis de ideología en las batallas por el Tribunal Supremo que se está revelando letal en los últimos años, pero lo cierto es que Bork era un jurista excesivamente deferente hacia el Poder Ejecutivo que hubiera debilitado en exceso al Poder Judicial). 

Curiosamente, el último vástago de los Kennedy probablemente hizo más por sus conciudadanos que sus hermanos más famosos (es justo decir que a éstos se les segó su vida en flor, así que nunca sabremos hasta donde podían haber llegado), derivado del hecho de que, finalmente, entendió que su destino no era ser Presidente, sino Senador, y a ello dedicó sus mejores años una vez que se percató de la realidad.

Kennedy fue, en todo caso, la viva prueba de que los seres humanos pueden madurar: el joven ignorante e inmaduro de los años sesenta empezó a madurar claramente en los setenta, y tras fracasar finalmente en sus aspiraciones presidenciales en 1980, mejoró y mejoró (especialmente a raíz de su segundo matrimonio en 1992, que le dio la estabilidad emocional que le faltaba hasta entonces) hasta convertirse en un Senador serio y trabajador, forjador de alianzas bipartidistas (como las que le ligaron habitualmente a su amigo Orrin Hatch, el Senador republicano de Utah).

Kennedy debe estar agradecido a su nombre, pese a todo, puesto que le permitió salir adelante en circunstancias en las que quizá otros no habrían podido hacerlo, y al electorado de Massachusetts, que nunca le dio la espalda, ni siquiera en las elecciones de 1970 (tras Chappaquidick) o de 1994 (en las que afrontó su único desafío serio, contra Mitt Romney, curiosamente) y que le permitió, tras un comienzo muy desigual, redimirse a través del trabajo duro en el Senado de Estados Unidos, en el que era, a día de hoy, el Senador más destacado.

Para quien tenga ganas de leer más (desde una óptica generalmente pro-Kennedy, pero sin ocultar los muchos errores del personaje):

Y el National Journal ha recopilado una conmovedora lista de reminiscencias de Kennedy por parte de sus amigos (muchos de ellos Senadores republicanos) aquí.

domingo, 23 de agosto de 2009

(Otro) magnífico artículo de Jacinto Antón sobre la Segunda Guerra Mundial

Jacinto Antón es un excelente periodista de El País cuyos artículos de fondo son una delicia. Ajeno al comentario político actual, su especialidad más bien es el artículo sobre temas históricos (con especial énfasis en el Egipto faraónico y la Segunda Guerra Mundial, y en particular en episodios históricos poco conocidos).

Siempre interesante, muchas veces brillante, este domingo Antón ha alcanzado uno de sus cenits con un emotivo artículo sobre soldados alemanes y austriacos que combatieron en el bando británico durante la Segunda Guerra Mundial. Éste es el enlace.

La constante fascinación por la Segunda Guerra Mundial, reflejada en la avalancha que no cesa de libros de historia sobre mil aspectos diferentes de la misma (las grandes batallas como Stalingrado, El Alamein, el desembarco de Normandía, las biografías de sus personajes relevantes, con especial énfasis en Hitler y Churchill) resulta explicable en un hecho esencial: es una rara guerra en la que está muy claro quienes eran los buenos (Inglaterra y Estados Unidos) y los malos (Alemania y Japón). Por supuesto, un análisis serio de la participación de la URSS obliga a admitir que al menos dentro del bando "bueno" había una mitad liderada por un tipo muy malo (Stalin), pero eso no obvia que, habida cuenta lo poco edificantes que han sido algunos conflictos bélicos posteriores (como la guerra de Vietnam y la segunda guerra de Irak en el caso de Estados Unidos), volver a la Segunda Guerra Mundial y emocionarse hasta el tuétano con los asombrosos discursos de Churchill en defensa de la democracia resulta refrescante.

Incidentalmente, estos días he estado hojeando la monumental biografía oficial de Churchill por Martin Gilbert (la versión condensada en un solo volumen, de 1991) centrándome en los años de preguerras, y a uno le llena de auténtico estupor, cuando no de pura rabia, la ceguera incomprensible del gobierno Chamberlain. Ya sé que es fácil efectuar juicios de valor a toro pasado, pero es preciso tener en cuenta dos cosas: a) que Churchill (y muchos contemporáneos) veían con perfecta claridad lo que Chamberlain y su ministro de Exteriores, Lord Halifax, cerrilmente se negaban a aceptar, esto es, que Hitler era esencialmente inapaciguable, y b) que para mayor escarnio, o bien los servicios secretos británicos estaban completamente a ciegas, o bien Chamberlain se negaba a aceptar la información que recibía de estos. ¿Cómo se justifican, si no, las increíbles palabras de Chamberlain al afirmar pocos días antes del avance nazi sobre Praga, que "la situación internacional ofrece menos motivos para la ansiedad que en el pasado"?

Dicho esto, quizá la mejor defensa de Chamberlain la pronunció Churchill en el elogio fúnebre que hizo del mismo ante la Cámara de los Comunes a raíz de su fallecimiento en noviembre de 1940:
"It fell to Neville Chamberlain in one of the supreme crises of the world to be contradicted by events, to be disappointed in his hopes, and to be deceived and cheated by a wicked man. But what were these hopes in which he was disappointed? What were these wishes in which he was frustrated? What was that faith that was abused? They were surely among the most noble and benevolent instincts of the human heart—the love of peace, the toil for peace, the strife for peace, the pursuit of peace, even at great peril, and certainly to the utter disdain of popularity or clamour. Whatever else history may or may not say about these terrible, tremendous years, we can be sure that Neville Chamberlain acted with perfect sincerity according to his lights and strove to the utmost of his capacity and authority, which were powerful, to save the world from the awful, devastating struggle in which we are now engaged. This alone will stand him in good stead as far as what is called the verdict of history is concerned."

domingo, 16 de agosto de 2009

Explorando a Tchaikovsky: Mark Reizen a los 79 años

En el último post comentábamos que la producción vocal de Tchaikovsky, muy poco conocida en Occidente, esconde varias perlas. Podemos escuchar algunas de ellas en los tres vídeos que adjunto. El cantante es Mark Reizen (1895-1992), bajo favorito de Stalin (pese a ser ucraniano y judío) que reinó en el Bolshoi hasta su retirada en 1954.

Los tres vídeos en cuestión forman parte de un recital que dio Reizen en 1974, es decir, veinte años después de retirarse, cuando ya contaba con la edad de ¡79 años!

Se trata de una grabación increíble: no recuerdo haber visto u oído jamás a un cantante de 79 años que mantuviese sus medios vocales esencialmente intactos: la media voz exquisita, con el vibrato justo, los pianos absolutamente conmovedores, y, ya de manera absolutamente increíble, los agudos y los bajos todavía ricos y plenos. La voz de Reizen, por lo demás, poseía uno de los colores tonales más hermosos de la historia, mantenido milagrosamente hasta la senectud.

Reizen de hecho siguió cantando durante la década siguiente, aunque sus grabaciones de canciones de Rachmaninov en 1980 y el recital en conmemoración de sus 90 años en el Bolshoi en 1985 (en el que cantó el aria del principe Gremin del "Evgeni Oneguin" de Tchaikovsky) ya muestran un desgaste vocal más pronunciado (a fin de cuentas, tenía 85 y 90 años respectivamente).

Todo ello hace más maravilloso si cabe este mini-recital que se puede encontrar en YouTube. Empezamos por una de las canciones más extraordinarias de Tchaikovsky: "Sred' shumnovo bala" ("Entre el bullicio del baile"), opus 38, número 3, con letra del conde Alexei Tolstoi (primo del Tolstoi de "Guerra y Paz"). Al piano, A. Makarov. Debajo del vídeo, el texto en ruso y una traducción al español:

Sret' shumnava bala, sluchajna,
F trevoge mirskoj sujety,
Tebja ja uvidel, no tajna
Tvaji pakryvala cherty.

Lish ochi pechal'na gljadeli,
A golas tak divna zvuchal,
Kak zvon addaljonnaj svireli,
Kak morja igrajushchij val.

Mne stan tvoj panravilsa tonkij
I ves’ tvoj zadumchivyj vit,
A smekh tvoj, i grusnyj i zvonkij,
S tekh por v majom serttse zvuchit.

F chasy adinokije nochi
Ljublju ja, ustalyj, prilech,
Ja vizhu pechal’nyje ochi,
Ja slyshu vesjoluju rech.

I grusna ja, grusna tak zasypaju
I v grjozakh nevedamykh splju…
Ljublju li tebja, ja ne znaju,
No kazhetsa mne, shto ljublju!

En un bullicioso baile, por casualidad,
entre el ruido mundano,
te vislumbré, pero un misterio
me ocultaba tus rasgos

Sólo tus ojos miraban con tristeza,
y tu voz era divina
como notas tocadas por una flauta distante,
como las olas jugando en el mar.

Me gustó tu delgada figura
y tu mirar pensativo;
tu risa, triste y musical
todavía resuena en mi corazón.

Durante las solitarias horas de la noche,
cansado, me tiendo a descansar,
veo tus tristes ojos,
y oigo tu alegre voz.

y triste, tristemente caigo dormido
y sueño sueños misteriosos...
No sé si esto significa que te amo-
¡pero me parece que estoy enamorado!.

La segunda canción es la no menos maravillosa "Strashnaya minuta" ("El momento aterrador") opus 28 nº 6, con letra del propio Tchaikovsky. Una vez más, Makarov al piano y el texto y su traducción debajo:



Ty vnimajesh, vnis sklanif galofku,
ochi apustif i tikha vzdykhaja!
Ty ne znajesh, kak mgnaven’ja eti
strashny dlja menja i polny znachen’ja,
kak menja smushchajet eta malchan’je.
Ja prigavor tvoj zhdu, ja zhdu reshen’ja —
il’ nosh ty mne f serttse vanzish,
il’ raj mne atkrojesh.
Akh, ne terzaj menja, skazhy lish slova!

Atchevo zhe ropkaje priznan’je
f serttse tak tebe zapala gluboka?
Ty vzdykhajesh, ty drazhysh i plachesh —
il’ slava ljubvi v ustakh tvajikh nemejut,
ili ty menja zhalejesh, ne ljubish?
Ja prigavor tvoj zhdu, ja zhdu reshen’ja —
il’ nosh ty mne f serttse vanzish,
il’ raj mne atkrojesh!
Akh, vnemli zhe mal’be majej,
atvechaj, atvechaj skarej!
Ja prigavor tvoj zhdu, ja zhdu reshen’ja.

Me escuchas, tu querida cabeza inclinada,
tus ojos bajos, suspirando en silencio.
No sabes cómo estos momentos
me asustan, cuán llenos de sentido están,
como me perturba este silencio.
Espero tu veredicto, tu decisión-
me apuñalarás en el corazón
o me mostrarás el cielo.
¡Oh, no me tortures, di tan solo una palabra!

¿Como puede mi tímida confesión
haberse hundido tan profundamente en tu corazón?
Suspiras, tiemblas y lloras-
¿estás conteniendo palabras de amor,
o me tienes lástima, y no me amas?
Espero tu veredicto, tu decisión-
me apuñalarás en el corazón
o me mostrarás el cielo.
Oh, escucha entonces mi ruego,
contéstame, contéstame ahora.
Espero tu veredicto, tu decisión.

Por último, "Uzh gasli v komnatakh ogni" ("Las luces se estaban apagando"), opus 63, nº 5, con letra del Gran Duque de Rusia Konstantin Konstantinovich Romanov (primo del zar Alejandro III):



Uzh gasli f komnatakh agni:
Blagaukhali rozy:
My seli na skam’ju f teni
Razvesistaj berjozy.

My byli molody s taboj!
Tak shchastlivy my byli
Nas akruzhafsheju vesnoj,
Tak garjacho ljubili!

Dvuorgij mesjats navadil
Na nas svajo sijan’je;
Ja nichevo ne gavaril,
Bajas’ prervat’ malchan’je;

Bezmolvna sinikh glas tvajikh
Ty apuskala vzory:
Krasnarechivej slof inykh
Nemyje razgavory.

Chevo ne smel paverit’ ja,
Shto f serttse ty tajila,
Fsjo eta pesnja salav’ja
Za nas dagavarila.

Las luces se apagaban en las habitaciones…
Las rosas olían tan fragrantes…
Nos sentamos en un banco a la sombra
de un abedul de amplias ramas.

¡Tú y yo eramos jóvenes!
¡Éramos tan felices
en la primavera que nos rodeaba,
cuán ardientemente amábamos!

La creciente luna envió
su luz sobre nosotros;
No dije nada,
temeroso de interrumpir el silencio;

Sin decir nada bajaste
tus profundos ojos azules:
Más elocuentes que cualquier palabra
son las conversaciones sin ellas.

Lo que no me atreví a creer,
Lo que escondías en tu corazón,
todo ello la canción del ruiseñor
terminó diciéndonoslo.

domingo, 9 de agosto de 2009

Tchaikovsky- The Man and his Music: una crítica literaria

David Brown es el biógrafo de Tchaikovsky por antonomasia. Autor de una monumental biografía en cuatro tomos y 600.000 palabras, escrita entre 1974 y 1990 (dirigida especialmente a musicólogos y músicos amateur), quince años después volvió al objeto de sus amores, beneficiándose (moderadamente) de la apertura de los archivos soviéticos a raíz de la glasnost para preparar una biografía-resumen (todavía bastante ambiciosa: el libro abarca 480 páginas de letra más bien pequeña) del máximo compositor ruso, dirigida, ahora sí, al público en general y al aficionado a la música clásica más casual (o sea, a mí mismo).

La estructura del libro es curiosa: se trata de una biografía más o menos al uso, expuesta cronológicamente, pero que se ve interrumpida por análisis bastante concienzudos de las principales obras del autor, a medida que fueron creadas (el primer análisis en profundidad le corresponde a la Primera Sinfonía, y el último a la Sexta, la Patética).

Brown hace algo todavía más curioso: utiliza un sistema de puntuación para las obras similar al de las Guías Michelín (otorgando de dos a cinco estrellas a las mismas en función de su calidad -según el autor, claro, aunque realmente Brown no incurre en ninguna gran herejía-).

Dejando a un lado estas simpáticas peculiaridades, el libro de Brown es una biografía anglosajona canónica: bien redactada, rica en detalles, en una palabra: magnífica. El compositor es revelado en todos sus aspectos, los simpáticos (que son muchos) y los menos agradables (que también los hay).

Especial interés reviste el análisis de Brown de la homosexualidad de Tchaikovsky (aunque Brown, con un pudor muy inglés, deja al lector que alcance sus propias conclusiones sobre el tema, éstas no pueden ser más que unívocas: Tchaikovsky era homosexual, y sólo los esfuerzos de su hermano Modest, que también lo era, por ocultar este hecho, censurando incluso las cartas que mostraban la inclinación de su hermano en la biografía que sobre éste redactó a principios de siglo, ha permitido sembrar la duda en este aspecto. Una vez examinadas las cartas en su integridad y sin la censura soviética de por medio, no puede haber más dudas).

Las extrañas circunstancias de la muerte de Tchaikovsky no son resueltas con certidumbre por parte de Brown, pero parece evidente que la versión novelesca del suicidio inducido por un "tribunal de honor" que se difundió en 1979 desde la entonces URSS, según la cual Tchaikovsky había sido forzado a suicidarse por sus excompañeros de la Academia de Jurisprudencia para evitar que sus relaciones -homosexuales- con un miembro de la aristocracia fueran sacadas a la luz pública, ha sido completamente triturada por las investigaciones de Alexander Poznansky, el cual, por lo demás, aboga claramente por la tesis de la muerte natural en la excelente biografía resumida que cualquier lector interesado puede consultar en la web "Tchaikovsky Research" (absolutamente excepcional y recomendable).

Pero en cualquier caso lo que importa es la música, y en el análisis de la misma, Brown, profesor de Musicología, se revela insuperable: obras tan oídas como "Romeo y Julieta" o la Sexta Sinfonía son prácticamente redescubiertas a raíz de las brillantes observaciones de Brown, cuyo contagioso amor por la música del compositor ruso se revela en cada página. Las óperas y los ballets son analizados con especial cuidado, demostrando la excepcional calidad de la música de Tchaikovsky una y otra vez.

Al final, la sucesión de obras maestras analizadas deja al lector literalmente sin aliento, con ganas de escuchar las piezas que todavía no conoce y de escuchar con oídos nuevos las obras que sí conoce. Tchaikovsky acaba revelado como un auténtico titán de su época, posiblemente el compositor más importante de su generación junto a Brahms (y quizá por encima de éste a la vista de la capacidad del ruso de descollar en más géneros que el alemán).

El desafecto crítico que la obra de Tchaikovsky ha sufrido a lo largo del siglo XX (desafecto que Poznansky, por ejemplo, atribuye al estigma de la condición homosexual del compositor) ha acabado dejando paso, a medida que los tiempos se han vuelto más tolerantes, a una reevaluación profunda de la obra de Tchaikovsky, un compositor con una ética del trabajo muy pronunciada, y con una proporción de obras maestras realmente sorprendente (cuatro sinfonías como mínimo, dos conciertos, seis o siete obras orquestales adicionales, dos óperas, los tres ballets esenciales del repertorio clásico, una docena de canciones magníficas, y unas cuantas obras de cámara de gran nivel).

El público ya había percibido mucho antes el genio del compositor ruso, como lo prueba el hecho de que sus obras sólo se encuentran por debajo de las de Mozart o Beethoven en cuanto a número de interpretaciones en las temporadas de las distintas orquestas. Pero libros como el de Brown son necesarios para situar a Tchaikovsky como lo que fue: el máximo compositor de la segunda mitad del siglo XIX, del Romanticismo pleno.

domingo, 19 de julio de 2009

Vida y obra de Manuel de Falla: una crítica literaria

Federico Sopeña escribió hace ya veinte años una biografía de Manuel de Falla cuya principal virtud era que por primera vez se había tenido acceso al Archivo del compositor, incluida toda la correspondencia conservada en el mismo, su biblioteca, con las anotaciones al margen del compositor en muchos de sus libros (la más divertida, la asociación de ideas de Falla al concebir en su mente la figura del Corregidor en "El Sombrero de Tres Picos": al lado de su descripción en la obra de Alarcón Falla anota simplemente: "Romanones").

El libro, efectivamente, se beneficia y mucho del acceso al Archivo Manuel de Falla y sirve para ratificar algunas de las impresiones ya existentes (su profunda religiosidad y su generosidad) y liquidar algunos mitos absurdos (la supuesta sífilis). El anecdotario es rico y diverso, y la figura de Falla está tratada con cariño, sin caer en la hagiografía. El análisis de las obras es bastante detallado, y si uno hace una escucha paralela de las obras de Falla simultánamente a la lectura del libro, el interés por la música del compositor crece considerablemente (en particular, "La vida breve" y la "Fantasía Bética" salen beneficiadas de ese proceso).

Sin embargo, no es posible recomendarlo como una primera opción para adentrarse en el mundo de Falla, por diversos motivos: en primer lugar, la estructura del libro (una serie de mini-ensayos, realmente) no sigue un orden cronológico estricto y da demasiadas cosas por supuestas al lector profano, al que le habría ayudado un relato más ordenado. En segundo lugar, el extraño estilo de Sopeña, con propensión a construir frases sin verbos, que ya es de difícil lectura de por sí, se ve entorpecido por la execrable edición, plagada de errores (¿estaría haciendo la siesta el corrector?).

Es una pena, por cuanto el libro es muy interesante y el retrato de Falla está bien perfilado. Este lector, sin embargo, acabó con dos dudas esenciales, que el libro no responde: ¿cómo es posible que este hombre ascético compusiera obras tan poco ascéticas como "El Amor Brujo", "El Sombrero de Tres Picos" y "La Vida Breve"? Mi impresión personal es que Falla reprimió en su vida personal (al menos durante su juventud) un temperamento mucho más pasional de lo que se sospecha leyendo su biografía, y que explotaba en su música.

La segunda duda es: ¿por qué se embarca Falla en 1926 en la composición de "La Atlántida", una cantata coral monstruosa que nada tiene que ver con su estilo, ni el inicial "nacionalista", ni el "neoclásico" de los años 20 ("El Retablo de Maese Pedro", el "Concierto para clave")? El libro no lo explica, y el amor por su maestro Pedrell y por Cataluña en general no bastan para justificarlo. ¿Qué vio Falla en el texto de Verdaguer?

No quiero exagerar tampoco la nota negativa: el libro merece la pena (como segunda biografía) y estimula la escucha de la música de Manuel de Falla, que a fin de cuentas era el objetivo esencial. Sorprende, en retrospectiva, que en realidad la obra de Falla es escasa, y su fama se cimenta esencialmente en menos de diez obras:

- En primera fila: "El Amor Brujo", "El Sombrero de Tres Picos" y las "Noches en los jardines de España"
- En segunda fila: "La vida breve", la "Fantasía Bética" y las "Siete Canciones Populares Españolas"
- Y más para los expertos que para el gran público, "El Retablo de Maese Pedro", el "Concierto para clave" y quizá "Psyché" (no digamos la pobre "Atlántida")

Hay alguna cosa más, pero no es parte del repertorio estable ni mucho menos. Sin embargo, es cierto que la calidad de las obras anteriores es elevadísima, y haríamos bien en intentar escuchar las obras de Falla (especialmente las más "sobadas") con oídos nuevos, porque se trata de auténticas obras maestras sin parangón alguno en la historia musical de España.

domingo, 5 de julio de 2009

La semana en Washington: 60 Senadores demócratas, el Tribunal Supremo se va de vacaciones, y Sarah Palin hace cosas muy raras

1) Las dos grandes noticias de la semana han sido la Sentencia del Tribunal Supremo de Minnesota, que por unanimidad (5-0) desestimó el recurso final de Norm Coleman y dio la victoria al demócrata Al Franken en las elecciones al Senado de Minnesota del año pasado. Coleman, tras la Sentencia, admitió finalmente su derrota (en un discurso con mucha clase, todo hay que decirlo) y Franken ha jurado el cargo esta semana.

Y nunca demasiado pronto: el Senado se enfrenta a una serie de votos dramáticos en las próximas semanas: la legislación contra el cambio climático procedente del Congreso (que tiene serias posibilidades de no sobrepasar la minoría de bloqueo), la votación de Sonia Sotomayor como miembro del Tribunal Supremo (que no debería plantear grandes problemas) y especialmente la reforma sanitaria, cuyo éxito o fracaso simplemente determinará, en opinión de muchos, el éxito o fracaso de la presidencia de Obama.

Obama, sin embargo, se ha reservado una carta en la reforma sanitaria: la posibilidad de emplear un método llamado "reconciliación" que permite puentear el filibusterismo y sacar la reforma con 50 votos + el de Joe Biden. Es una maniobra difícil y con auténticos costes políticos, pero está sobre la mesa. De todos modos, no me parece a mí que la Administración Obama, que está mostrando ser especialmente cuidadosa con los riesgos que asume, se atreva a hacer una cosa que provocaría una sublevación en las filas republicanas (y entre algunos demócratas conservadores).

Así pues, la importancia de los 60 votos demócratas en el Senado es muy relativa: Al Franken mueve en 1/100 el Senado a la izquierda, pero el control real sobre el mismo sigue recayendo en las dos últimas republicanas moderadas (Collins y Snowe, de Maine) y los demócratas más conservadores (Nelson, de Nebraska, Landrieu, de Louisiana, los dos senadores demócratas de Dakota del Norte, los dos de Arkansas, Johnson, de Dakota del Sur, etc). Recordemos que hay 13 Senadores demócratas en Estados ganados por McCain el año pasado. Sin ellos, los demócratas sólo tienen 47 escaños, insuficientes para ganar una votación ni siquiera por mayoría de 51 (no digamos ya para quebrar un bloqueo de 41 Senadores opuestos).

2) El Tribunal Supremo, por su parte, se fue de vacaciones la semana pasada, reservándose, como de costumbre, las Sentencias más dramáticas para el final. Concretamente, por un ajustadísimo voto de 5 a 4, el Supremo dictaminó que el cuerpo de bomberos de New Haven, Connecticut, no tenía derecho a anular los resultados de un examen porque ningún negro o hispano había aprobado el mismo. La Sentencia supone un ataque directo contra la línea de flotación de los programas de discriminación positiva (necesarios en New Haven, donde un 60% de la población es negra y sin embargo sólo 1 de los 13 jefes del Cuerpo de Bomberos es negro, y negros e hispanos son claramente minoritarios en el Cuerpo).

La Sentencia del Tribunal Supremo prueba una vez más dos cosas:

- Que la ley en Estados Unidos, como dicen muchos guasones "es lo que diga Anthony Kennedy", el conservador moderado nombrado por Reagan en 1988 y que a día de hoy es el Juez decisivo del Tribunal. Es el quinto voto en la inmensa mayoría de los casos que se deciden por 5 a 4, y este año se ha decantado dos terceras partes de las veces por la posición "conservadora" y una tercera parte por la posición "liberal", lo cual dice bastante de Kennedy ideológicamente.

- Que Barack Obama no podrá mover el Tribunal Supremo a su izquierda durante su mandato. Ninguno de los jueces conservadores se va a retirar entre ahora y 2012 (o 2016). Scalia y Kennedy tienen apenas 73 años, y aguantarán sin duda mientras se lo permita su salud. A lo máximo a lo que puede aspirar Obama es a rejuvenecer a los liberales. Souter será sustituido por Sotomayor, Stevens se retirará probablemente en 2011, y Ginsburg en 2013 o 2015. Y esos serán los tres nombramientos que hará Obama, salvo enfermedad o muerte prematura de alguno de los restantes magistrados, durante su mandato.

Tom Goldstein, socio de uno de los despachos más importantes de Estados Unidos, y uno de los abogados más habituales en el Tribunal Supremo, publicó hace pocos días un excelente artículo en el "Supreme Court Blog" cuya lectura recomiendo encarecidamente y que trata con mucho mayor detenimiento los puntos que yo he suscitado brevemente:


De especial interés es la apreciación de Goldstein de que el Presidente del Tribunal Supremo, Roberts, está intentando, lenta pero tenazmente, destruir los precedentes liberales del pasado, especialmente los de la era en que Earl Warren fue presidente del Tribunal (1953 a 1969). Del hecho de que Roberts consiga sumar a Kennedy a ese viaje o no dependerá el futuro de muchos de los derechos y libertades reconocidos durante la era Warren (especialmente de las minorías) en Estados Unidos.

3) Por último, ya en el apartado más folclórico, no podemos dejar de mencionar el hecho de que Sarah Palin, gobernadora de Alaska y excandidata a la vicepresidencia junto con John McCain, anunció el 3 de julio que dimitiría a finales de este mes de su cargo. La increíble noticia pone fin, a mi entender, a cualquier aspiración política seria que Palin pudiera haber querido tener en el futuro, por cuanto dos años y medio de experiencia como gobernadora (muy controvertida) de Alaska no suponen un bagaje suficiente para aspirar a metas mayores. Especialmente grave es el hecho de que haya abandonado su puesto a medio mandato, sin justificación alguna. Sólo hay tres explicaciones plausibles:

- Que Palin estuviera harta de la prensa y de la presión mediática y haya decidido irse a su casa y abandonar la política para siempre (cosa que sería perfectamente legítima y sería la única excusa aceptable desde mi punto de vista).

- Que Palin se considere un cisne que no tiene por qué rebajarse a pelearse con la política provincial de Alaska (donde demócratas y republicanos la odian por igual) cuando ha catado las mieles de la gloria de la política nacional (en ese sentido, me temo que la candidatura a vicepresidenta tuvo para ella el efecto que no tuvo para Jesús el que el diablo le mostrara todos los reinos de la Tierra). De este modo, Palin se presentaría a presidenta en 2012, aunque el hecho de que haya salido corriendo de Alaska es una muestra evidente de que no tiene el cuajo necesario para ser presidenta. Por lo demás, nunca se ha elegido a un Presidente que abandonara sin justificación alguna su cargo para irse a su casa (Kennedy u Obama dejaron el Senado a medio mandato, pero siguieron siendo Senadores hasta poco antes de ser designados Presidente).

- Que Palin no tenga intención seria de seguir en política, pero sabedora de que es la líder más popular en el Partido Republicano, quiera amortizarlo y hacerse de oro dando discursos, escribiendo libros (o sus negros, más bien), e incluso teniendo su propio programa en la Fox como Mike Huckabee (que, por cierto, ya advirtió el otro día que si Palin se atreve a presentarse contra él en 2012, le echará en cara haber dejado a los votantes de Alaska en la estacada).
El futuro nos dirá cuál de las tres opciones anteriores es la correcta.