sábado, 3 de octubre de 2020

La América republicana

Como queda un mes para la celebración de las elecciones norteamericanas, vamos a hacer una pequeña serie sobre las peculiaridades políticas y electorales de ese enorme país que es Estados Unidos.

En primer lugar, vamos a hablar de la "América republicana", es decir, de aquellos Estados que, sin ningún género de dudas votarán por Donald Trump (si el COVID-19 lo permite) el 3 de noviembre.

El criterio empleado para deslindar unos Estados de otros es, esencialmente, aquellos Estados en los que Trump batió a Hillary Clinton por 10 puntos o más en 2016. Son 20 Estados, que suman 126 votos electorales.

La naturaleza republicana de estos 20 Estados va mucho más allá de las presidenciales: de los 40 Senadores que les representan, 37 son republicanos y sólo 3 son demócratas (Jon Tester en Montana, Joe Manchin en Virginia Occidental y Doug Jones en Alabama, que perderá su escaño con total certidumbre el 3 de noviembre). De sus 86 congresistas, 71 son republicanos y sólo 15 son demócratas. Estos Estados son, en suma, la columna vertebral del Partido Republicano.

Como se puede ver en el mapa adjunto, se trata, sobre todo, de Estados del Oeste interior y del Sur interior.


¿Qué tienen en común estos Estados? Los del Oeste interior (el área entre Utah y Kansas, esencialmente), son Estados poco poblados, con un fuerte componente rural, y con escasa o nula presencia de minorías étnicas (más de un 80% blancos, la mayoría sin estudios universitarios). Alaska comparte muchas características con estos Estados, aunque en su caso la presencia de nativos americanos hace que el Estado sea algo más competitivo.

Los del Sur interior (y aquí estamos ampliando la definición para alcanzar a Estados como Missouri o Indiana, que tradicionalmente se han considerado más bien del Medio Oeste, o a Carolina del Sur, que es un Estado del Sur pero costero) son Estados de tamaño medio-bajo, con un número de votantes protestantes evangélicos blancos por encima de la media y también con números elevados de votantes blancos sin estudios universitarios. En algunos de estos Estados hay fuertes minorías negras (el 37,30% en Mississippi, sin ir más lejos), pero el voto blanco está fuertemente "racializado", al contrario de lo que ocurre en los Estados del Norte o de Nueva Inglaterra.

En cualquier caso, el factor crítico en estos Estados que los decanta hacia el Partido Republicano parece ser, antes que cualquier otro, su nivel educativo. Obsérvese cuantos de los Estados (los marcamos en amarillo) se sitúan en la parte baja de la tabla de estudios universitarios (los datos se extraen de:

https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_U.S._states_and_territories_by_educational_attainment)

Aquí la tabla ordenada por Estados con personas con el grado máximo de estudios universitarios americanos (Advanced Degree):

 District of Columbia90.3%1856.6%132.8%1
 Massachusetts90.3%1942.1%218.7%2
 Maryland89.8%2539.0%418.0%3
 Connecticut90.2%2238.4%517.0%4
 Virginia89.0%3037.6%716.1%5
New York (state) New York86.1%4135.3%1015.4%6
 Vermont92.3%736.8%815.0%7
 New Jersey89.2%2938.1%614.7%8
 Colorado91.1%1439.4%314.6%9
 New Hampshire92.8%236.0%913.8%10
 Rhode Island87.3%3533.0%1413.1%11
 Illinois88.6%3133.4%1313.0%12
 Delaware89.3%2731.0%2012.9%13
Washington (state) Washington90.8%1634.5%1212.7%14
 California82.5%5132.6%1512.2%15
 Oregon90.2%2332.3%1812.2%16
 New Mexico85.0%4726.9%3911.8%17
 Minnesota92.8%334.8%1111.8%18
 Pennsylvania89.9%2430.1%2411.8%19
 Kansas90.5%1732.3%1711.7%20
Georgia (U.S. state) Georgia86.3%4029.9%2511.4%21
 Michigan90.2%2128.1%3411.0%22
 Utah91.8%1032.5%1611.0%23
 Maine92.1%830.3%2310.9%24
 Hawaii91.6%1232.0%1910.8%25
 Missouri89.2%2828.2%3310.7%26
 Arizona86.5%3928.4%3210.7%27
 North Carolina86.9%3629.9%2610.6%28
 Alaska92.4%529.0%2810.4%29
 Florida87.6%3328.5%3110.3%30
 Nebraska90.9%1530.6%2210.2%31
 Ohio89.8%2627.2%3710.2%32
 Montana93.0%130.7%2110.1%33
 Texas82.8%5028.7%309.9%34
 Wisconsin91.7%1129.0%279.9%35
 South Carolina86.5%3727.0%389.8%36
 Tennessee86.5%3826.1%429.6%37
 Kentucky85.2%4623.2%499.6%38
 Wyoming92.8%426.7%419.3%39
 Indiana88.3%3225.3%439.2%40
 Alabama85.3%4524.5%469.1%41
 Iowa91.8%927.7%369.0%42
 Idaho90.2%2026.8%408.5%43
 Oklahoma87.5%3424.8%458.3%44
 South Dakota91.4%1327.8%358.3%45
 Louisiana84.3%4823.4%488.1%46
 Nevada85.8%4323.7%478.1%47
 Mississippi83.4%4921.3%518.0%48
 West Virginia85.9%4219.9%547.9%49
 Arkansas85.6%4422.0%507.9%50
 North Dakota92.3%628.9%297.8%51
Aquí la tabla ordenada por Estados con personas con el grado siguiente de estudios universitarios americanos (Bachelor's Degree):
 District of Columbia90.3%1856.6%132.8%1
 Massachusetts90.3%1942.1%218.7%2
 Colorado91.1%1439.4%314.6%9
 Maryland89.8%2539.0%418.0%3
 Connecticut90.2%2238.4%517.0%4
 New Jersey89.2%2938.1%614.7%8
 Virginia89.0%3037.6%716.1%5
 Vermont92.3%736.8%815.0%7
 New Hampshire92.8%236.0%913.8%10
New York (state) New York86.1%4135.3%1015.4%6
 Minnesota92.8%334.8%1111.8%18
Washington (state) Washington90.8%1634.5%1212.7%14
 Illinois88.6%3133.4%1313.0%12
 Rhode Island87.3%3533.0%1413.1%11
 California82.5%5132.6%1512.2%15
 Utah91.8%1032.5%1611.0%23
 Kansas90.5%1732.3%1711.7%20
 Oregon90.2%2332.3%1812.2%16
 Hawaii91.6%1232.0%1910.8%25
 Delaware89.3%2731.0%2012.9%13
 Montana93.0%130.7%2110.1%33
 Nebraska90.9%1530.6%2210.2%31
 Maine92.1%830.3%2310.9%24
 Pennsylvania89.9%2430.1%2411.8%19
Georgia (U.S. state) Georgia86.3%4029.9%2511.4%21
 North Carolina86.9%3629.9%2610.6%28
 Wisconsin91.7%1129.0%279.9%35
 Alaska92.4%529.0%2810.4%29
 North Dakota92.3%628.9%297.8%51
 Texas82.8%5028.7%309.9%34
 Florida87.6%3328.5%3110.3%30
 Arizona86.5%3928.4%3210.7%27
 Missouri89.2%2828.2%3310.7%26
 Michigan90.2%2128.1%3411.0%22
 South Dakota91.4%1327.8%358.3%45
 Iowa91.8%927.7%369.0%42
 Ohio89.8%2627.2%3710.2%32
 South Carolina86.5%3727.0%389.8%36
 New Mexico85.0%4726.9%3911.8%17
 Idaho90.2%2026.8%408.5%43
 Wyoming92.8%426.7%419.3%39
 Tennessee86.5%3826.1%429.6%37
 Indiana88.3%3225.3%439.2%40
 Puerto Rico74.7%5524.9%447.1%53
 Oklahoma87.5%3424.8%458.3%44
 Alabama85.3%4524.5%469.1%41
 Nevada85.8%4323.7%478.1%47
 Louisiana84.3%4823.4%488.1%46
 Kentucky85.2%4623.2%499.6%38
 Arkansas85.6%4422.0%507.9%50
 Mississippi83.4%4921.3%518.0%48
 Guam79.4%5420.4%525.2%54
 Northern Mariana Islands82.4%5220.2%533.7%55
 West Virginia85.9%4219.9%547.9%49
Como se puede ver, los cambios no son sustanciales: los Estados más republicanos tienden a coincidir con los Estados con menores porcentajes de población sin Estudios universitarios.

Un detalle curioso: Nebraska es uno de los dos Estados americanos que no adjudica todos sus votos electorales al ganador del Estado (el otro es Maine): dos se le otorgan al ganador del Estado, y los otros tres al ganador de cada uno de sus distritos electorales. Pues bien, el segundo Distrito al congreso de Nebraska, al contrario que el resto del Estado, es un firme candidato a votar a Biden este noviembre, y el dato más llamativo que explica este hecho es que el 44% de sus votantes blancos tienen un "Bachelor's Degree", el tercer nivel más alto de Estados Unidos, por debajo sólo del Distrito de Columbia y Massachusetts.

sábado, 19 de septiembre de 2020

La batalla por el Tribunal Supremo de Estados Unidos

(El fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg es una desgraciada ocasión de actualizar este articulo que escribí en 2008)

El Poder Judicial en Estados Unidos, como el poder legislativo y el ejecutivo, tiene dos ramas: estatal (sobre la que el Presidente no tiene control alguno) y federal, que funciona del siguiente modo: el Presidente designa a un Juez cuando se produce una vacante, y el Senado lo confirma o lo rechaza. Hay tres niveles:

- Jueces de Distrito.
- Tribunales de Apelación (hay 13 "Circuitos", divididos en áreas geográficas o, en algún caso, por temas).
- El Tribunal Supremo.

Tradicionalmente, no solía haber grandes problemas para que el Presidente obtuviera la aprobación del Senado para sus jueces de distrito o para sus magistrados de los Tribunales de Apelación suelen ser otra historia, incluso en situaciones en las que el Presidente es de un partido, y la mayoría del Senado es de otro. Esto empezó a cambiar a partir de las elecciones de medio mandato de 1994, cuando los republicanos recuperaron el Senado y empezaron a "retener" cada vez más nominaciones presidenciales, en la confianza de que un nuevo Presidente de su cuerda pudiera efectuar designaciones más de su gusto. Esta práctica la padecieron de manera creciente Bill Clinton, George W. Bush y, sobre todo, Barack Obama, a quien en 2014 los republicanos decidieron negarle, a través del uso de la minoría de bloqueo, cualquier nominación al Circuito de Apelaciones más importante de la nación, el del Distrito de Columbia. Los demócratas tuvieron que votar acabar con las minorías de bloqueo, pero ese mismo año perdieron el control del Senado, y los republicanos apenas permitieron nominaciones por parte de Obama durante los últimos dos años de su mandato.

Pero la gran batalla se da, por supuesto, por la cúspide del Poder Judicial, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que tiene la facultad de revocar las leyes dictadas por el Congreso y el Senado y firmadas por el Presidente, siempre que entienda que las mismas son contrarias a la Constitución de Estados Unidos.

El control del Tribunal Supremo ha dado lugar a algunas de las confrontaciones más tremendas de la historia del Senado. En 1936, Roosevelt fue reelegido con una victoria abrumadora (con más del 60% de los votos). El Congreso y el Senado también estaban abrumadoramente copados por el Partido Demócrata. Sin embargo, el Tribunal Supremo se componía, en su mayoría, de magistrados elegidos por presidentes republicanos (que habían ocupado la Casa Blanca entre 1896 y 1912, y entre 1920 y 1932), y derogó muchas de las leyes del New Deal. Roosevelt, furioso, intentó modificar la composición del Tribunal, ampliándolo de 9 a 15 miembros. Sólo cuando la opinión pública y el ala sureña de su partido indicaron que se opondrían a él, el Presidente abandonó su plan (el llamado "Court-packing scheme"). Afortunadamente para Roosevelt, entre 1937 y 1943 se produjeron ocho vacantes en el Tribunal que le permitieron remodelar la cima del Poder Judicial. Y para cuando Harry Truman dejó la Presidencia en 1952, ya no quedaba ni un solo juez nombrado por un presidente republicano en el Tribunal Supremo.

Curiosamente, este hecho no provocó un giro liberal radical en el Tribunal, entre otros motivos porque el Partido Demócrata, por aquel entonces, no era ni mucho menos uniformemente de izquierdas (el ala sureña del partido era racista y socialmente muy conservadora) y varios de los Magistrados nombrados por Roosevelt y Truman eran moderados o conservadores.

Eisenhower tuvo ocasión de nombrar cuatro jueces durante su Presidencia. Basta para indicar su éxito en mover el Tribunal a la derecha con recordar su frase: "he cometido dos errores graves durante mi mandato, y los dos están sentados en el Tribunal Supremo".

Eisenhower se refería a los nombramientos de Earl Warren, exgobernador republicano de California, como presidente del Tribunal Supremo, y de William Brennan, católico de Nueva Jersey, como Magistrado del Tribunal.

Entre Warren y Brennan, ayudados por los miembros más liberales nombrados por Roosevelt, y por otros miembros liberales nombrados por Kennedy y Johnson, el Tribunal Supremo adquirió un tinte marcadamente de izquierdas (para Estados Unidos): entre 1953 y 1969, durante la llamada "Warren Court", el Tribunal Supremo, entre otras cosas, hizo lo siguiente:

- Declaró inconstitucional la segregación de las escuelas públicas.
- Exigió que los distritos electorales tuvieran como mínimo una población similar (hasta entonces había enormes diferencias de población en los distritos).
- Obligó a suministrar abogados de oficio a los acusados que no tuvieran medios para pagárselos.
- Declaró inconstitucional la prohibición de los matrimonios interraciales.
- Ordenó a la Policía leer sus derechos a los delincuentes en el momento de su detención.
- Declaró inconstitucional la prohibición de la venta de anticonceptivos por parte de los Estados.

Tras la elección de Nixon en 1968, la obsesión del movimiento conservador ha sido controlar el Tribunal Supremo para revocar todas las decisiones liberales de la época Warren (y algunas de las posteriores, como la más famosa de todas: Roe v. Wade, que declaró inconstitucional la prohibición de abortar en 1973). Sorprendentemente, los conservadores sufrieron durante mucho tiempo diversos fiascos en ese terreno:

- Nixon efectuó cuatro nombramientos, de los cuales uno, Blackmun, fue el que redactó precisamente Roe v. Wade y se volvió más y más liberal con los años, hasta el punto de que finalmente, en 1994, se declaró contrario a la pena de muerte.

- Gerald Ford efectuó un solo nombramiento, el de John Paul Stevens, que desde 1994 hasta su retirada en 2010 fue el líder del ala liberal del Tribunal (redactando Sentencias como Rasul v. Bush, que determinó que los extranjeros detenidos en Guantánamo tenían derecho a acceder a los Tribunales federales para formular peticiones de habeas corpus que permitieran revisar la legalidad de su detención).

- Ronald Reagan efectuó otros cuatro nombramientos, de los cuales Sandra Day O' Connor y Anthony Kennedy resultaron ser conservadores moderados o como mínimo heterodoxos que se negaron a revocar Roe v. Wade, declararon que la aplicación de la pena de muerte contra retrasados mentales es inconstitucional y, ya con Kennedy en solitario, que el matrimonio gay era constitucional.

- George Bush padre efectuó otros dos nombramientos, uno de los cuales, David Souter, siguió la misma trayectoria de Stevens y formó parte durante casi 20 años del ala liberal del Tribunal Supremo (votó contra Bush hijo en el famoso caso "Bush v. Gore" que decidió las elecciones de 2000, pese a que su padre le había nombrado para el puesto que ocupaba).

- George Bush hijo, por su parte, efectuó otros dos nombramientos, uno de los cuales, John Roberts, pese a que es más conservador que todos los Magistrados que he mencionado con anterioridad, votó a favor de la constitucionalidad del "Obamacare", la ley de extensión del seguro médico a decenas de millones de americanos.

Sólo a raíz de estas defecciones se puede entender que, aunque en los últimos 50 años los republicanos han nombrado 13 jueces al Tribunal Supremo y los demócratas tan solo 4, el Tribunal Supremo, hasta 2017, todavía no estuviera dominado de forma clara por los conservadores, y las decisiones del Tribunal durante la época de Earl Warren todavía no hayan sido derogadas (en su mayoría).

Sin embargo, tres acontecimientos ocurridos desde 2016 en adelante han alterado esta situación y han puesto a los republicanos conservadores a las puertas de conseguir la victoria que llevaban deseando desde hace medio siglo.

1) En primer lugar, el fallecimiento de Antonin Scalia en 2016, durante el último año del mandato de Obama. Pese a que el Presidente demócrata envió una nominación al Senado (Merrick Garland, un Magistrado muy respetado del Circuito de Apelaciones del Distrito de Columbia), Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana en el Senado, se negó a tramitar su nominación, alegando que "el pueblo americano" a través de la elección presidencial, tenía que decidir si Clinton o Trump efectuaban la nominación. Tras la victoria de Trump, McConnell tramitó la nominación de Neil Gorsuch. Sin embargo, y en puridad, la sustitución de Gorsuch por Scalia no alteró el equilibro de poder en el Tribunal Supremo entre el bloque liberal y el bloque conservador.

2) Lo que sí alteró profundamente ese equilibrio fue la retirada de Anthony Kennedy en 2018, tras 30 años en el Tribunal, y su sustitución por Brett Kavanaugh, un Magistrado bastante más conservador que Kennedy, que, como hemos dicho con anterioridad, había sido bastante heterodoxo en cuestiones como la pena de muerte o los derechos LGTBi.

Esta sustitución dejaba como voto "medio" del Tribunal a John Roberts, el Presidente, un Magistrado muy conservador, pero cuyo sentido institucional y su conciencia de la necesidad de que el Supremo fuera una institución alejada del partidismo diario han hecho que en algunas ocasiones haya unido su voto al de los liberales (pero de manera bastante excepcional, no exageremos).

3) Pero lo que cambia definitivamente todas las ecuaciones es el fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg el 18 de septiembre, que otorga a los republicanos la posibilidad de nombrar a un SEXTO juez y de consolidar, ahora sí, y de manera definitiva, su control sobre el Tribunal Supremo. Ginsburg, que entró en el Tribunal como una abogada feminista especializada en casos de discriminación de todo tipo contra mujeres, sería sustituida por una mujer (casi con toda seguridad) diametralmente opuesta ideológicamente, quedando el Tribunal Supremo compuesto por la mayoría más conservadora desde 1937.

- Cinco Magistrados rotundamente conservadores: Clarence Thomas (nombrado por Bush Sr. en 1991), Samuel Alito, nombrado por Bush Jr. en 2006, los ya mencionados Gorsuch y Kavanaugh, nombrados ya por Trump, y la nueva Magistrada que nombrara Trump.

- John Roberts, que, no nos confundamos, votaría la mayoría de las veces con esos cinco Magistrados, e incluso en caso de que no lo hiciera, estaría en minoría.

- Tres miembros del ala liberal: Stephen Breyer, nombrado por Bill Clinton en 1994, Sonia Sotomayor y Elena Kagan, nombradas por Obama en 2009 y 2010, respectivamente, pero que se encontrarán en una posición de profunda impotencia para combatir a la mayoría conservadora.

¿Qué cabe esperar de un Tribunal en el que la mayoría conservadora fuera 6-3?

1) En primer lugar, la derogación del Obamacare, que tiene una vista relativa a su supervivencia en noviembre.
2) Cualquier restricción estatal al derecho al aborto sería convalidada por el Supremo, aunque se permita que Roe v. Wade permanezca "nominalmente" vigente.
3) Las restricciones estatales al derecho de voto de las minorías raciales también serán convalidadas.
4) En materias penales, la pena de muerte será aplicada con mucha más generosidad y las ejecuciones serán mucho menos restringida por el Tribunal Supremo hasta ahora. En general, los derechos de los acusados se verán reducidos.
5) En general, las personas jurídicas derrotarán a las personas físicas y a los consumidores en sus disputas. Este Tribunal Supremo es el más pro-corporaciones desde 1937.
6) Los derechos de las minorías raciales, o de los grupos LGTBi no sólo no se expandirán, sino que serán cercenados, especialmente si entran en conflicto con los de los grupos religiosos.
7)  La capacidad del Gobierno federal y de los Estados de intervenir en la economía, regular el mercado en materias como las emisiones contaminantes, etc, se verán totalmente disminuidas por la actuación del Supremo.
8) En líneas generales, las leyes aprobadas por el Gobierno federal y los Estados republicanos serán validadas, y las aprobadas por el Gobierno federal y los Estados demócratas serán revocadas. Tan simple como eso.

Todo lo anterior resulta especialmente chocante si tenemos en cuenta que en 6 de las 7 últimas elecciones presidenciales el candidato demócrata ha obtenido más votos que el candidato republicano, y sin embargo los republicanos continúan controlando el Tribunal Supremo, y lo controlarán, salvo hecatombe, durante las próximas décadas.

La actual mayoría republicana en el Senado es de 53 senadores republicanos contra 47 demócratas, por lo que las posibilidades de que Trump pueda efectuar su tercer nombramiento son muy elevadas. Faltan 46 días para las elecciones, pero 107 días para que se constituya un nuevo Senado, así que es improbable que los demócratas sean capaces de impedir el nombramiento de un sexto Juez conservador que permitiría al movimiento conservador americano lograr su máximo sueño: destruir el legado de Earl Warren, incluso en caso de que Trump pierda las elecciones. 

La única esperanza para los demócratas es que sus filas se mantengan unidas (cosa que será difícil) y mucho más difícil todavía, que al menos cuatro Senadores republicanos estén dispuestos a votar en contra de Trump y McConnell (y sólo veo a 1 ó 2 en esa categoría). Por lo tanto, el fallecimiento de Ginsburg durante la Presidencia de Trump sólo puede ser entendido como una catástrofe para el Partido Demócrata y para el progresismo norteamericano.

lunes, 27 de abril de 2020

¿Quién sera la vicepresidenta de Biden?

Una vez decididas las primarias demócratas con la suspensión de la campaña de Bernie Sanders, la única duda que queda por resolver es quien será la candidata a vicepresidenta de Joe Biden.

En general, los candidatos a la vicepresidencia suelen ser escogidos para reforzar los flancos débiles del candidato a la presidencia, que pueden ser:

- Su edad (y su experiencia): los candidatos jóvenes a la Presidencia suelen escoger candidatos más bien maduros a la vicepresidencia, para compensar su falta de experiencia -el ejemplo más evidente es, precisamente, la elección de Biden por parte de Obama-, mientras que los candidatos viejos suelen escoger candidatos más jóvenes (George Bush padre escogiendo a Dan Quayle en 1988, por ejemplo) para intentar dotar de más frescura a su candidatura, dado que suelen ser políticos con muchos años de experiencia.

En el caso de Biden, este punto es especialmente crítico, porque de ser elegido, Biden sería, de lejos, el Presidente más viejo de la historia en un primer mandato, cosa que hace poco probable que escoja a una vicepresidenta mayor de 60 años. Al mismo tiempo, tendrá que ser una política con experiencia, porque las posibilidades (meramente actuariales) de que Biden no cumpla cuatro años de mandato (no digamos ya ocho) son elevadas: tiene un 24% de posibilidades de fallecer en 5 años: https://www.finder.com/life-insurance/odds-of-dying

- Su posicionamiento ideológico dentro del Partido: un candidato republicano moderado a la Presidencia tenderá a escoger un posible vicepresidente más conservador (McCain escogiendo a Sarah Palin en 2012) mientras que un candidato demócrata liberal tenderá a escoger a un vicepresidente más moderado que él (una vez más, Obama escogiendo a Biden en 2008), y viceversa (John Kerry escogiendo a John Edwards en 2004). En el caso de Biden, que es considerado un moderado en el actual Partido Demócrata, la lógica invita a pensar que escogerá a alguien más liberal que él (la necesidad de apaciguar a los seguidores de su rival en las primarias, Sanders, invita también a pensar que eso ocurrirá así).

- Su género: al menos en el partido Demócrata, parece evidente que nunca más habrá dos hombres como candidatos: Biden dejó muy claro que la candidata a la vicepresidencia iba a ser mujer, y la tendencia demócrata a la igualdad de género parece ya muy arraigada (el Partido Republicano tendrá más problemas para alcanzar la paridad de género porque el número de mujeres republicanas con el perfil propio para ser Presidente o Vicepresidente es mucho más reducido. Véase el porcentaje de mujeres demócratas y republicanas en el Congreso y sobre todo, la evolución de dicho porcentaje en los últimos 30 años (en 1990 había más congresistas republicanas que demócratas)



En el Senado las cosas no son mucho mejores para los republicanos: hay 17 senadoras demócratas (36% del total) y sólo 9 republicanas (el 17%)

- Su raza: al menos en el partido Demócrata, también parece evidente que va a ser difícil que haya dos personas blancas como candidatas a la presidencia y a la vicepresidencia en el futuro. El 90% del voto negro es demócrata, y unos dos tercios del voto latino y asiático, así que la presión es muy fuerte, y especialmente en el caso de Biden, que es un varón blanco, que la mujer escogida pertenezca a una minoría.

- El Estado del que venga el vicepresidente: hay una creencia de que el candidato a vicepresidente "araña" un par de puntos en su Estado, lo cual, en Estados disputados puede ser un aliciente a la hora de escoger al candidato (por ahí iban también los tiros cuando Romney escogió a Ryan en 2012, pese a que éste era sólo congresista de un distrito de Wisconsin, no Senador o gobernador del Estado). Pero este factor encubre un riesgo mayor, que es perder un voto en el Senado o un gobernador de tu partido si es sustituido por un Senador o vicegobernador de otro partido.

Otros factores que tradicionalmente se tenían por importantes, como el equilibro geográfico de una dupla electoral, cada vez parecen tener menos importancia, especialmente dada la creciente cohesión ideológica que tienen ambos Partidos, que hace que un demócrata de Nueva York se parezca a más a un demócrata de Los Ángeles que a un republicano de Nueva York en sus prioridades políticas.

En conclusión: a la vista de lo expuesto hasta ahora, el perfil de la candidata a la vicepresidencia de Biden es: mujer, bastante más joven que Biden pero con experiencia política suficiente para sustituirlo en caso de fallecimiento, muy probablemente perteneciente a una minoría, y no necesariamente de un Estado disputado.

¿Y qué quiere decir experiencia política suficiente? A mi juicio (y sospecho que también para Biden): al menos cuatro años en el Senado o como gobernadora (a fecha de las elecciones) o experiencia previa en la Administración Obama/Biden. Eso es lo mínimo

Ya anticipo una cosa: no voy a optar por una de esas listas interminables con posibles candidatas de todo tipo y condición (quien tenga curiosidad, aquí tiene doce opciones propuestas por Bill Scher, de POLITICO, y diez opciones propuestas por Chris Cillizza, de CNN; por lo demás, son artículos excelentes). Biden es perfectamente consciente de que el día de su potencial inauguración tendría 78 años. La candidata será menor de 60 años, pero con experiencia suficiente como senadora o gobernadora para sustituirle si algo le ocurriera. Los demás requisitos son negociables. Por lo tanto, ni Stacey Abrams ni Elizabeth Warren y aún menos Michelle Obama, que no cumplen con ellos.

Las candidatas:

De hecho, aunque las candidatas potenciales son muchas, las candidatas con posibilidades reales son pocas:

Gobernadoras: este grupo ofrece 6 posibles candidatas. Descartemos de antemano a las gobernadoras de Maine y Kansas, septuagenarias ambas. Las gobernadoras de Oregon y Rhode Island han tenido mandatos controvertidos, aunque por experiencia podrían ser interesantes. Las dos gobernadoras que suenan mas son Gretchen Whitmer de Michigan, y Michelle Lujan Grisham, de Nuevo México. El problema es que ambas tienen poca experiencia (empezaron sus mandatos el 1 de enero de 2019). Lujan Grisham es hispana y antes fue congresista durante seis años, así que no es enteramente descartable. Pero dudo mucho que la elegida salga de allí.

Senadoras: como hemos señalado antes, hay 17 senadoras demócratas. De ellas, 1o tienen más de 60 años (Elizabeth Warren está dentro de este grupo), lo que las descarta de antemano. Eso nos deja 7. Descartamos asimismo a Kyrsten Synema, porque al ser de Arizona, eso significa que si obtuviera el puesto de vicepresidenta el gobernador republicano de Arizona podría nombrar a su sucesor y darle un escaño en el Senado a los republicanos.

Quedan seis: Gillibrand, de Nueva York, que fue candidata a la presidencia pero con poca distinción. Es blanca y Nueva York es un Estado sólidamente demócrata. No suena en las listas, porque no equilibra a Biden en ningún aspecto relevante.

Tammy Baldwin, de Wisconsin, es liberal (y lesbiana). Su Estado es uno de los más disputados, pero tiene un inconveniente similar al de Sinema: si fuera elegida vicepresidenta, entre 62 y 77 días después de su nombramiento se tendría que disputar una elección especial en su Estado, poniendo en peligro su escaño. Probablemente descartada.

Tammy Duckworth, de Illinois, veterana y mutilada de guerra y de ascendencia asiática, tiene fama de moderada, al igual que Biden (cosa que en este contexto no es favorable), y es de Illinois, un Estado sólidamente demócrata. No es enteramente descartable, pero no es probable que sea la elegida.

Catherine Cortez Masto, de Nevada, hispana, de perfil bajo pero con experiencia suficiente (4 años en el Senado y 8 como fiscal general de Nevada). También tiene fama de moderada, lo cual no equilibra el ticket con Biden. Es una posibilidad si algo nefasto surgiera en la revisión de los expedientes de las dos candidatas más probables.

Amy Klobuchar, de Minnesota: otra candidata a la presidencia que aguantó más que Gillibrand. Su Estado, aunque lleva votando demócrata desde 1976, estuvo a punto de decantarse por Trump en 2016 y ella es extremadamente popular en él. Apoyó a Biden justo antes del Supermartes y probablemente decantó su estado hacia él. Dicho esto, no deja de ser una señora blanca de 60 años, moderada, un perfil muy parecido al de Biden, pero en mujer. En ultima instancia no creo que Biden se decante por ella.

Kamala Harris, de California: el consenso generalizado es que Biden se va a decantar por ella, y generalmente, ese "consenso" se traduce como "filtraciones desde la propia campaña". Harris tendrá 56 años, 4 años de experiencia como Senadora y 6 como fiscal general de California (antes lo fue de San Francisco). Es medio negra y medio india (así que ¡2 minorías!), bastante más liberal que Biden, con lo que también equilibra el ticket por ese lado y su Estado, California, es uno de los más demócratas del país, por lo que su escaño en el Senado no se pondrá en riesgo en ningún escenario.

En suma: Harris, porque equilibra a Biden por edad, género, raza e ideología, y tiene experiencia suficiente en caso de que a Biden le ocurra algo durante su mandato, cosa que es perfectamente posible.

Kamala Harris Para La Gente