martes, 20 de octubre de 2009

Un Gobierno de 'clase media'

Afirma Miguel Sebastián que la publicación de la Declaración de Bienes y Derechos Patrimoniales del Gobierno "aumenta la transparencia y la calidad democrática del país". No seré yo quien contradiga a nuestro ministro de Industria; este tipo de información se vuelve anecdótica cuando se muestra y tremendamente sospechosa cuando se intenta ocultar.

Eso sí, según leía sus declaraciones y repasaba la lista del Ejecutivo se me han ido ocurriendo maldades acerca de su calidad democrática que espero que don Miguel me sepa perdonar...

1. Es evidente que los datos incluidos en el BOE son falsos. Por poner un ejemplo, es de dominio público que los bienes inmuebles del presidente del Gobierno han costado mucho más que 37.258 euros (aunque ese sea su valor catastral). Por lo tanto, ¿qué sentido tiene publicar cifras que todo el mundo sabe que no reflejan la realidad?

2. Soraya Sáenz de Santamaría, aunque celebró la iniciativa, pidió más datos concretos sobre participaciones financieras o accionariales. Pero, si tanto le interesan estas cifras ¿por qué su partido, durante los ocho años que estuvo en el poder, no puso en marcha ninguna medida similar?. Es más, algunas de las autonomías del PP ya han anunciado que no seguirán el ejemplo del Ejecutivo central.

3. La reticencia del PP a declarar acerca de sus riquezas, ¿tendrá algo que ver con la magnitud de las mismas? Vamos, que los populares piensan que sus cargos tienen más dinero que los socialistas y temen la tradicional desconfianza española ante los políticos ricos. ¿Habría sido igual la reacción de los medios ante una lista pepera llena de millonarios?

4. ¿Por qué los partidarios mediáticos de uno y otro partido critican con tanto afán a aquellos de sus adversarios que tienen altos ingresos? Así, la prensa de derechas descalifica a los socialistas adinerados (sean políticos como Felipe González o cantantes como Miguel Bosé), como si ser de izquierdas y tener éxito fuera incompatible o como si las reglas del capitalismo que defienden no pudieran aplicarse a los progres. Del mismo modo, en las cercanías del PSOE son habituales los chistes malos y los comentarios malintencionados hacia Esperanza Aguirre por jugar al golf o ser esposa de un noble, o hacia Manuel Pizarro por haber dirigido con éxito una gran empresa.

5. Es evidente que la mayoría de los miembros del Gobierno pertenece a eso que suele denominarse como clase media. Sin embargo, si al lado de la declaración de sus bienes se hubiera incluido un CV, ¿cuántos de ellos diríamos que pueden aspirar a subir en esa escala social?

6. Muchos comentaristas han afirmado que los datos del BOE demuestran que la gran mayoría de nuestros políticos no está en el cargo para enriquecerse. Estoy de acuerdo, pero quizás la pregunta más pertinente sea ¿cuántos de ellos se empobrecerían (y mucho) si tuvieran que dejarlo?

7. Como consecuencia de las dos preguntas anteriores (siento la autocita y la repetición), ¿cuántos de nuestros cargos públicos estarían dispuestos a arriesgar su puesto de trabajo contradiciendo a la dirección de su partido en favor de sus electores o su conciencia?

8. ¿Soy el único al que Cristina Garmendia le parece la más (única) fiable del Gobierno? Precisamente, la menos española, más anglosajona y menos política de sus miembros. ¿Le daríais un trabajo en vuestra empresa a alguno de sus compañeros? Para que veáis que no soy tan malo, reconozco que yo también salvaría a Miguel Sebastián, Beatriz Corredor, Ángeles González-Sinde y Ángel Gabilondo (5 de 18... más de lo que pensaba).

9. Si Rajoy ganara mañana unas elecciones y formara equipo con sus colaboradores más cercanos, ¿cambiarían mucho los anteriores comentarios?

10. ¿Nadie más echa en falta políticos que, como la mayoría de los norteamericanos de ambos partidos, desarrollan una brillante carrera profesional antes de dedicarse al servicio público? ¿Cuántos de nuestros representantes podrían seguir el ejemplo de Michael Bloomberg, que cobra un dólar al año por ser alcalde de Nueva York? ¿Cuántos estarían dispuestos a presentarse a la Cámara de New Hampshire, que paga 100 dólares anuales de retribución?

No sé cómo de transparente será nuestra democracia, aunque me temo que es más bien tirando a opaca... pero en cuanto a su calidad, creo que será mejor que no indaguemos demasiado...

sábado, 17 de octubre de 2009

La semana en Washington: ¿Cómo va la reforma sanitaria?

Siguiendo con nuestras entradas sobre la reforma sanitaria norteamericana, es preciso señalar el momento "político" en el que nos encontramos:

1) Esta semana, el Comité de Finanzas del Senado ha aprobado por 14 votos a 9 su borrador de proyecto de ley de reforma sanitaria, uniéndose así a otro Comité del Senado y otros tres Comités de la Cámara de Representantes, todos los cuales habían aprobado hace ya meses sus propios proyectos de ley.

2) Ahora, Harry Reid, el líder del Senado, procederá a fusionar los dos proyectos de ley antedichos, mientras que Nancy Pelosi procederá (si no lo ha hecho ya de facto, dado que ha tenido varios meses para hacerlo) a fusionar los tres proyectos de reforma de ley salidos de la Cámara de Representantes.

3) Una vez fusionados los proyectos, los mismos serán sometidos a un proceso de enmiendas consistente en a) añadir elementos al proyecto de ley, b) retirarlos.

4) Acabado el proceso de enmiendas, cada Cámara votará su proyecto de ley. En la Cámara de Representantes se necesitará una mayoría simple (la mitad más un voto) para aprobar el proyecto (si todos los congresistas están presentes y no hay ninguna vacante, eso significa 218 de 435 votos, pero esto puede variar). En el Senado, aunque en teoría sólo se necesitan 50 votos (más el del vicepresidente), en la práctica primero se producirá un voto de "cloture" (cierre del debate), que precisará de 60 votos para salir adelante, y sólo posteriormente se producirá el voto en sí del proyecto de ley (que ahora sí, sólo precisaría de 50 votos más el del vicepresidente. Pero eso no va a pasar, así que no le demos más importancia).

5) Si se aprueban ambos proyectos de ley (y esto es un gran "si"), se procede a una fusión de ambos mediante una conferencia conjunta Cámara de Representantes- Senado. El producto resultante es votado una vez más en ambas Cámaras (y éste es el momento decisivo). Una vez más, precisa de mayoría simple en la Cámara de Representantes y en el Senado, pero necesita sobrevivir al voto de "cloture" en este último.

6) Aprobado el proyecto en ambas Cámaras, pasa a la mesa del Presidente, que puede aprobarlo o vetarlo (en este caso, no hay dudas sobre la respuesta del Presidente).

Políticamente, la aprobación del Comité de Finanzas del Senado ha adquirido gran relevancia por una serie de motivos:

- En primer lugar, por cuanto ha sido la última en ocurrir, y el Senador al mando del Comité, Max Baucus, se ha ocupado de lograr la máxima publicidad posible para su proyecto de ley.

- En segundo lugar, por cuanto ha sido bipartidista (contrariamente a lo que ha ocurrido en los otros cuatro proyectos de ley), aunque realmente se trata de un bipartidismo muy limitado: los 13 demócratas en el Comité de Finanzas votaron a favor del proyecto de ley y 9 de los 10 republicanos votaron en contra, dejando a Olympia Snowe, Senadora por Maine, en la desairada posición de ser la única republicana que ha votado por la reforma sanitaria en cualquiera de sus versiones hasta el momento.

- En tercer lugar, por cuanto la impresión generalizada es que el proyecto de ley del Comité de Finanzas va a ser el que va a marcar la pauta a seguir, aunque sólo sea porque dicho Comité es el más importante del Senado por un motivo muy simple: es el que administra la bolsa del dinero.

- En cuarto lugar, porque la historia nos indica que este proyecto de ley está yendo más lejos que nunca desde 1964; para poner en perspectiva las cosas, es preciso recordar que en 1994 la reforma sanitaria de Clinton murió en un Comité de la Cámara de Representantes, sin llegar siquiera a una votación. Este año, cinco proyectos distintos han salido de la Cámara y del Senado, con éxito en los cinco casos, aunque con apoyo bipartidista en sólo uno de ellos.

Aunque queda mucho por hacer (en primer lugar, aprobar los proyectos de ley de cada Cámara, sin ir más lejos), como dijimos la semana pasada, el hecho de que los demócratas posean mayorías suficientes tanto en el Congreso como en el Senado (y el hecho de que exista una Senadora republicana como Olympia Snowe) permiten a Obama y a los líderes demócratas albergar fundadas esperanzas de conseguir aprobar una reforma sanitaria sustancial. Dado que ahora entramos en la fase de las votaciones (primero enmiendas, y luego ya los proyectos de ley) en la próxima entrada analizaremos quiénes son los jugadores esenciales en el gran tablero político norteamericano.

domingo, 11 de octubre de 2009

La semana en Washington: Esquizofrenia en Escandinavia

La semana pasada el COI, reunido en Copenhague, le propinó una sonora bofetada a Barack Obama al eliminar a Chicago, la ciudad en la que residió durante veinte años hasta que ganó las elecciones el año pasado, en la primera ronda de votaciones para designar a la sede organizadora de los Juegos de 2016, por delante de Tokio o de Madrid, y por supuesto de la eventual ganadora, Río de Janeiro.

Obama envió a su mujer Michelle en primer lugar, y ésta se pasó varios días ejerciendo de lobby de presión frente a los distintos miembros del COI. El propio Obama estuvo unas pocas horas en Copenhague, para dar su apoyo a la candidatura.

Es evidente que Obama estuvo mal aconsejado, y que, en retrospectiva (aunque por supuesto a posteriori todos somos muy listos) Obama debería haber optado por dos cursos de acción distintos: o bien no comparecer siquiera en Copenhague (aunque por supuesto, cuando Chicago hubiera sido derrotada, se le habría criticado por no ir), o bien actuar como Tony Blair en 2005 y pasarse varios días junto a los miembros del COI practicando todo tipo de presiones y seducciones (por supuesto, se le habría reprochado haberse ido a Copenhague habiendo tantos líos en casa, y tampoco actuando de ese modo se hubiera garantizado la victoria, con lo que las críticas hubieran sido más fuertes).

En todo caso, el fracaso de Chicago también se convirtió, hasta cierto punto, en un fracaso personal de Obama, recibido por algunos conservadores en Estados Unidos con un regocijo incomprensible (alegrarse por el fracaso de un proyecto olímpico es de un mal gusto notable; en España, por una vez, hemos rayado a más altura, y aunque hemos criticado el proyecto olímpico -sin ir más lejos, uno de los colaboradores de este blog así lo ha hecho- la crítica no ha sido partidista, y no nos hemos alegrado por su fracaso, entendiendo que, al igual que Barcelona 92, se trata de un proyecto de país -para empezar, las competiciones de vela no se pueden celebrar en el Manzanares, así que se tendrán que celebrar en Valencia-).

En retrospectiva, el equipo de asesores de Obama debería haber entendido que la candidatura de Río de Janeiro tenía muchas posibilidades por tres motivos distintos: a) Tokio ya había organizado unos Juegos Olímpicos, b) tanto Madrid como Chicago pertenecen a países que han organizado los Juegos Olímpicos muy recientemente (1992 y 1996, respectivamente), y c) el imperativo de designar a una ciudad de una economía emergente como Brasil devino irresistible para el COI (Lula, por cierto, sí que actuó como Blair  cuatro años atrás, y se pasó una semana entera repartiendo promesas y seduciendo delegados, que es como se ganan estas cosas).

En todo caso, tampoco hay que darle más trascendencia de la necesaria; si la reforma sanitaria es aprobada de aquí a un mes, a nadie le va a importar un comino que Chicago no organize la Olimpiada 2016, y Obama habrá marcado un jalón mucho más decisivo que ése como Presidente de Estados Unidos.

Tras el bofetón sufrido por Obama en Dinamarca, los noruegos han debido pensar que Obama necesitaba algún tipo de compensación escandinava, y este viernes decidieron pasarse siete pueblos y otorgarle a Obama el Premio Nobel de la Paz.

Se trata de una decisión tan llamativamente prematura que sólo se puede leer en clave interna del Comité que concede el Nobel, y poco o nada dice del galardonado, que de hecho, posiblemente fue el único que salió con bien del carrusel informativo (con la llamativa excepción, que luego comentaremos, del gobernador republicano de Minnesota y candidato in pectore en 2012, Tim Pawlenty, así como de John McCain).

El Premio Nobel de la Paz ha sido históricamente una recopilación de aciertos (Martin Luther King, por ejemplo), errores (Le Duc Tho-Kissinger 1973, sin ir más lejos) y omisiones (¿un tal Mahatma Gandi?). Lo que hasta ahora no había hecho el Comité era dar el Premio Nobel "a futuro", es decir, como acicate para que el galardonado se esfuerce y alcance a posteriori los logros que el Nobel supuestamente premia.

Se trata de un error, lisa y llanamente, que deja a Obama en una posición imposible, dado que no podía rechazarlo sin insultar a la Academia Noruega, y aceptarlo le ha expuesto a un reguero de críticas altisonantes por parte de una oposición que al parecer, se siente muy ofendida de tener a un Presidente que gusta más en Noruega de lo que gustaba su antecesor. En todo caso, en su discurso de agradecimiento Obama dijo exactamente lo que tenía que decir: que entendía que no se lo merece, lo cual a día de hoy es rigurosamente cierto.

Quizá el Comité ha pensado que Obama es la culminación de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos iniciada por gentes como Frederick Douglass, continuada por Booker T. Washington, por la que sufrió martirio Martin Luther King, y que finalmente ha llevado a un hombre negro a la Presidencia, derrotando al racismo. De ese modo el premio adquiere un carácter simbólico que lo hace algo (no mucho más) digerible. Pero los noruegos no han justificado el premio por esa vía (aunque probablemente la tuvieran en mente), sino por la más evanescente de la lucha por la paz mundial y el desarme nuclear, campos ambos en los que Obama apenas está empezando.

Todo el mundo queda mal, en última instancia: los noruegos, por otorgar un premio que incluso a los admiradores de Obama dentro y fuera de Estados Unidos, les parece prematuro (degradando el Nobel con ello); la mayoría de los republicanos, por criticar a su Presidente (en muchos casos de forma insultante) por la concesión del premio (los otros grandes críticos en el extranjero de la concesión del Nobel a Obama han sido los talibanes), cuando en todo caso, Obama, que yo recuerde, no ha obligado a los noruegos a concederle el premio. También Obama, de manera quizá oblicua, no queda en buen lugar, por cuanto realmente no ha hecho nada todavía que justifique ni siquiera vagamente la concesión del premio, y alimenta una imagen de soberbia que no le hace ningún bien (además, a los americanos no les gusta que el extranjero les diga cuáles son sus buenos presidentes, y cuáles son los malos).

Los únicos que han salido con bien del asunto son, como digo, Tim Pawlenty y John McCain. Sus declaraciones fueron de una gran dignidad, y expresaron exactamente lo que hay que decir en estos casos:

McCain: (via The Plum Line): "I congratulate President Obama on receiving this prestigious award. I join my fellow Americans in expressing pride in our President on this occasion."

Pawlenty (via Minnesota Public Radio): "I would say regardless of the circumstances, congratulations to President Obama for winning the Nobel Prize. I know there will be some people who are saying 'Was it based on good intentions and thoughts or is it going to be based on good results?' But I think the appropriate response is when anybody wins a Nobel Prize that is a very noteworthy development and designation and I think the appropriate response is to say 'Congratulations."

A eso se le llama tener clase.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La 'cara B' de la 'corazanada'

Pablo Pardo publica un interesante artículo en El Mundo sobre el coste de organizar unas Olimpiadas.

A pesar del triunfalismo de nuestros políticos, resulta que montar un evento deportivo de estas características es más bien ruinoso. Sólo el posible lanzamiento de una ciudad o un país como destino turístico e inversor podría justificar semejante derroche (Seul 88, Barcelona 92, Pekín 08 o, ahora, Río 2012)... y aún así, habría que pensárselo mucho.

Los españoles podemos recordar que la peor recesión de los últimos 40 años tuvo lugar en 1993, y es evidente que los fastos del 92 (descontrol de gasto público, inversiones improductivas,…) tuvieron mucho que ver con ello. Sin embargo, en la última década, nuestro país ha sido sede de europeos de baloncesto, mundiales de atletismo y natación, la Copa América de vela, tres grandes premios de motociclismo al año, dos de Fórmula 1, tres torneos oficiales de la ATP, innumerables pruebas del circuito europeo de Golf,… Ninguno de nuestros vecinos europeos puede presentar (ni siquiera aproximarse) una panoplia de eventos de esta calidad y cantidad.

Y todos han tenido la entusiasta adhesión de las ciudades donde se han celebrado. Según las encuestas, Madrid era la ciudad con más apoyo popular de las cuatro candidatas a los Juegos de 2016 (un ¡93%!, superior en siete puntos al de Río).

¿Cómo explicar estas cifras? ¿Cómo no asombrarse de que el único tema en el que todas las administraciones y partidos españoles se han mostrado completamente de acuerdo haya sido la candidatura madrileña?

Mi tesis es que esto también tiene mucho que ver con las características de nuestra política y con la falta de información recibida por el ciudadano. La estructura de los partidos en España hace casi imposible que algún concejal díscolo haga o publique preguntas indiscretas sobre el coste del capricho del alcalde de turno. La oposición normalmente está incluida en el Comité Organizador, con lo que tampoco tiene mayores incentivos para protestar demasiado. Y la prensa, semiamordazada con publicidad sobre el evento y atraída por el indudable atractivo que tiene cubrir una competición en casa, tendrá difícil encontrar argumentos en contra.

Así, aunque las competiciones se financian con cargo a nuestros impuestos, nadie nos explica su coste o su uso tras la finalización del campeonato. Además, las administraciones se reparten las cargas, para así diluir también la pista de quién (nosotros, claro) y cómo (¿con impuestos sobre la basura?) se pagan estos eventos.

Por eso, mientras Chicago ha tenido que enfrentarse a un muy saludable diálogo sobre la conveniencia de celebrar o no unas Olimpiadas, en España el pensamiento único ha arrasado el debate y es difícil recordar una voz discordante (a mí no me viene a la memoria ni un solo artículo crítico con Madrid 2016). A esto se le llama "apoyo popular", "una ciudad volcada" o "la extraordinaria capacidad de participación de los madrileños".

Siento mostrarme escéptico con el entusiasmo de mis conciudadanos. Pero, por poner un ejemplo: la Caja Mágica que Gallardón ha construido para las pruebas de tenis y que ha sido estrenada en el Máster Series de este año ha costado 170 millones de euros; toca a unos 40 euros por vecino, unos 160 por hogar. ¿Estaría un padre madrileño tan feliz si alguien le explicara que la foto de su alcalde con Nadal y Federer le ha costado a su familia casi 30.000 pelas (sin derecho a entrada, claro, el gratis total es sólo para políticos e invitados)? ¿Cómo explicar que teniendo un torneo con una instalación ya construida se haga otra de estas dimensiones para utilizarla una semana al año? ¿Qué uso han dado los sevillanos al espectacular Estadio de la Cartuja en los últimos 10 años?

Hola everyone! Resulta que la corazonada tenía una cara B, lo que pasa es que no nos han dejado escucharla.

jueves, 1 de octubre de 2009

La semana en Washington: Obama ante la reforma sanitaria

Vamos a iniciar una serie de posts sobre la (complicadísima) reforma sanitaria. Para abrir boca, veamos dos perspectivas completamente diferentes desde el punto de vista de las consecuencias políticas: un artículo de Sean Trende, en el que éste alega que incluso si los demócratas consiguen aprobar una reforma del seguro médico sanitario significativa, sufrirán una grave derrota en las elecciones de medio mandato de 2010, llegando a perder el control cuanto menos de la Cámara de Representantes. Por otra parte, tenemos un artículo de Andrew Sullivan en el Times de Londres, que arguye que Obama conseguirá una reforma significativa, y aunque perderá escaños en el 2010 (incluso perdiendo la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes) obtendrá la reelección en 2012. Ante todo, es preciso señalar que una grave derrota demócrata en 2010 y una victoria de Obama en 2012 no son ni mucho menos incompatibles (véase la precuela de esta película, llamada "fracaso de la reforma sanitaria de Clinton, derrota aplastante de los demócratas en 1994, victoria de Clinton en 1996"- un título un poco largo para una película, pero muy descriptivo).

Antes de entrar a analizar a fondo los diferentes aspectos de la reforma, quiero señalar el motivo esencial por el que creo que Clinton fracasó y Obama obtendrá al menos una reforma significativa (en temas como éstos no se "triunfa", se negocia y se obtiene un 50 o un 60% de lo que querías inicialmente). La diferencia esencial: que Obama tiene 60 Senadores y Clinton no los tenía.

Cómo hemos explicado en anteriores ocasiones, el Congreso tiene 435 miembros y el Senado 100. El Congreso funciona, en la inmensa mayoría de los casos, con votaciones que se ganan con una mayoría simple de los miembros presentes (en todo caso, la mayoría está en 218 congresistas). A día de hoy, los demócratas tienen 256 congresistas, y tienen por lo tanto un amplio colchón para sacar adelante la reforma sanitaria (con matices: recordemos que hay 49 congresistas demócratas en distritos que ganó McCain, pero también hay 34 republicanos en distritos que ganó Obama, así que existe una cierta compensación).

Pero el Senado es distinto: aunque en teoría se puede ganar una votación con el voto de 50 Senadores más el Presidente del Senado (que es el vicepresidente Joe Biden, que sólo vota en caso de empate), en la práctica, hay un requisito previo: antes de votar una ley hay qué decidir si se llega a votar esa ley. Para "llegar a votar" (e interrumpir el debate), es preciso invocar el "cloture" (moción de cierre del debate). 24 horas después de su invocación se vota sobre dicha moción, que para triunfar precisa 60 votos (o tres quintos de los Senadores, excluidas las vacantes). Si la moción fracasa, eso significa que el debate puede continuar ininterrumpidamente. Esto es lo que significa un "filibuster" realmente, más que lo que hacía James Stewart en "Caballero sin espada" (Mr. Smith goes to Washington, film de Frank Capra-1939).

En estos momentos, los demócratas tienen 58 votos, más un socialista de Vermont (Bernie Sanders) y un "independiente demócrata", Joe Lieberman, de Connecticut, que fue Senador demócrata entre 1988 y 2006, pero perdió sus primarias demócratas ese año. Se presentó, sin embargo, como independiente y consiguió mantener su escaño, formando parte todavía a día de hoy del grupo parlamentario demócrata.

Así pues, en teoría los demócratas disponen de 60 Senadores, pero, una vez más, 13 de ellos pertenecen a Estados en los que McCain ganó las presidenciales del año pasado. Y aquí no hay realmente margen de maniobra; para poder cerrar un "filibuster", los demócratas necesitan todos y cada uno de sus votos (o un voto republicano por cada voto demócrata que pierdan). Ése es el dilema con el que se enfrentan los demócratas: armonizar los deseos de un caucus muy dispar, que oscila entre el izquierdismo de un Dick Durbin, de Illinois, o Sheldon Whitehouse, de Rhode Island, con el conservadurismo de Ben Nelson, de Nebraska, o Evan Bayh, de Indiana. La única otra opción es recurrir a la llamada "reconciliation", que ya hemos comentado en este artículo anterior.

En todo caso, Obama tiene una ventaja de la que no disponía Bill Clinton: cuando éste último intentó su proyecto de reforma sanitaria en 1993, se encontraba en una posición de mayor debilidad relativa que la de Obama por varios motivos:

1) No disponía de 60 Senadores. Sólo tenía 57 Senadores (y en Junio de 1993 perdió uno en Texas, quedándose con 56). Clinton, por lo tanto, necesitaba inexorablemente apoyo republicano para la reforma, que no obtuvo, por supuesto.

2) Los 56 Senadores demócratas eran menos homogéneos que los 60 actuales. Clinton tenía no menos de 16 Senadores demócratas sureños en su caucus (los de los antiguos Estados de la Confederación más Kentucky y Oklahoma), que eran todos demócratas conservadores. Obama tiene sólo 7 (y es discutible que Bill Nelson, de Florida, o Warner en Virginia sean "conservadores"). A cambio, había más Senadores republicanos en Estados tradicionalmente "demócratas", pero eso no importaba tanto, porque Clinton era un presidente "de minoría", lo que nos lleva al punto...

3) Aunque Obama tiene 13 Senadores demócratas en territorio ganado por McCain en 2008, y Clinton tenía 13 Senadores demócratas en territorio ganado por Bush padre en 1992, los 47 Senadores restantes de Obama son de Estados en los que Obama ganó con más del 50% de los votos. Bill Clinton sólo ganó con más del 50% de los votos en 1992 en su Estado natal de Arkansas. En otras palabras: 54 de los 56 Senadores demócratas en 1993-1994 pertenecían a Estados en los que Bill Clinton no había llegado al 50% de los votos (recordemos que Clinton ganó con un raquítico 43% de los votos a nivel nacional).

4) Aunque Obama ha perdido popularidad, todavía está por encima del 50%. Clinton se pasó por debajo de esa marca durante toda su batalla por la reforma sanitaria a lo largo de 1994, lo cual fue una de las causas (y no la menor) por las que ésta fracasó.

En el próximo post discutiremos las posturas generales partidarias respecto de la reforma sanitaria para entender quiénes son los Senadores decisivos para el éxito o fracaso de la reforma.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El caso Polanski: Estados Unidos frente a Europa

Resulta interesante comprobar la aguda diferencia de reacciones entre la prensa "de izquierdas" norteamericana y la prensa de "izquierdas" europea en el asunto Polanski.

Mientras que la segunda, en líneas generales, está intentando apelar a motivos humanitarios (piensen en lo mal que lo ha pasado Polanski, al que asesinaron a su mujer y su hijo nonato) o artísticos (¡como vamos a enviar a la cárcel al creador de "El Pianista") o directamente raros (la chica violada quiere pasar página, por lo que merece la pena olvidarse del asunto) para justificar que Polanski no sea extraditado, la primera, también en líneas generales (aunque no sus portaestandartes el New York Times -para ser justos, el Times está dividido sobre el tema entre su editorial, contra Polanski, y alguno de sus columnistas- y el Washington Post), simplemente, pone muchísimo más énfasis en la naturaleza especialmente horrenda del crimen (violación de una menor de 13 años, drogada, que repetidamente había rehusado mantener relaciones con el director).

Un artículo valiente contra la línea europea general, lo publicó Enric González ayer en EL PAÍS. En Estados Unidos, ya digo, ha sido mucho más fácil encontrar a periodistas de izquierdas en la línea de "fiat justitia et pereat mundi". Por ejemplo: Amy Sullivan y Karen Tumulty en TIME, o Andrew Sullivan en The Atlantic. Y, en un artículo completamente demoledor, Kate Harding (que es conservadora) en Salon (¿por qué no me extraña del todo -y lo digo en un sentido positivo- que la carga contra Polanski esté dirigida por mujeres periodistas, más que por hombres?)

martes, 29 de septiembre de 2009

Sobre la dichosa foto

Unas breves líneas tan solo sobre la dichosa foto de los Zapatero y los Obama en Washington. No entro a valorar ni la oportunidad del viaje de las hijas de nuestro Presidente durante el periodo escolar, ni lo adecuado o inadecuado de su vestimenta en una recepción con Barack y Michelle Obama, ni lo erróneo de la postura del Presidente al pedir que se retirara la foto, lo que ha conseguido el efecto exactamente contrario al pretendido.

Sólo quiero dejar constancia de que la virulencia y salvajismo de las críticas a las hijas del Presidente están completamente fuera de lugar, que es verdaderamente cobarde ocultarse tras el anonimato de Internet para escupir insultos contra el Presidente en las personas completamente inocentes de sus hijas, y erróneo en cualquier caso, aún cuando se expresen las críticas con nombre y apellidos.

Como padre de dos hijas (una in péctore) puedo imaginar perfectamente el dolor de esos padres ante la lamentable tormenta de vejaciones escritas que están padeciendo sus hijas, por no hablar de la vergüenza que están haciendo sufrir a unas menores que carecen de medios para defenderse (a menos que decidan hacer como Meghan McCain, claro, que sabe de lo que habla cuando se refiere a los insultos de la prensa hacia ella).

E incluso si no se es padre, todos esos críticos deben haber pasado por ese simpático período que es la adolescencia, donde uno se siente inadaptado, busca su propia identidad (muchas veces a través de la ropa), y me pregunto si de verdad cuando ellos tenían 16 y 13 años ya tenían esa integridad y moral intachable que les permite vilipendiar a unas adolescentes por su vestimenta.

Hala, dicho queda. Y ahora intentemos volver a hablar de cosas importantes, como de la reforma sanitaria americana, la incoherencia de la política económica del presidente Zapatero, o las relaciones entre Israel y el mundo árabe.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Better a Russki on top than a Yank overhead I. [Saludos]

Invitado por Don Pedro, creador y mentor de esta necesaria ventana hacia la historia y política norteamericana, y siguiendo la estela de Don Domingo y su visión de la política [¡] nacional, me uno sumando mis reflexiones sobre lo pasado y el presente de lo que dejamos a la derecha (geográficamente hablando, por supuesto). Ya han sido avisados los lectores de mi militancia activa en el marxismo. A nadie debe extrañarle el cinismo e ὑπόκρισις (hypokrisis, para los que no lean Platón) que aliñarán mis comentarios. De zonas grises está llena la historia, con lo fácil que nos hubiera sido resumir todo en blanco y negro. Y así, como si de un abogado del Diablo se tratara, tocaré temas que, espero, no solivianten a los queridos visitantes.

Primera afirmación. Stalin ha sido uno de los mayores asesinos de la historia. Una vez puesta la primera piedra sobre la que se sustentará está opinión, chirría la idea de instaurar un Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Nazismo y Stalinismo. Se ha elegido por parte del Parlamento Europeo el 23 de agosto como fecha para recordar la barbarie de dos de las mayores aberraciones ocurridas en el continente europeo, el nazismo (nada dicen de fascismo) y el stalinismo (olvidan el comunismo).

Este día, en 1939, se firmaba el Tratado de no agresión entre el Tercer Reich y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o más conocido como Pacto Ribbentrop-Mólotov, nombres de los Ministros de Exteriores de ambas potencias (aunque estuvo también presente el propio Stalin). Más que un pacto de no agresión, y atendiendo a las famosas “cláusulas secretas”, no reconocidas por Moscú hasta tiempos de Gorbachov, era un pacto para la partición de la Europa del este (pactos como éste han existido en la historia europea desde siempre, que nadie se lleve las manos a la cabeza).

Pero centrémonos en un año antes, el 30 de septiembre de 1938, se reunían en Munich los gobernantes de Alemania (el mismísimo Hitler, sí, no es Bruno Ganz), Italia (el líder fascista Mussolini, no Silvio), Gran Bretaña (Arthur Neville Chamberlain) y Francia (Édouard Daladier). Ese día se acordó la desaparición de un país al que no se le dejó asistir a la reunión, Checoslovaquia. Entonces ¿por qué elegir el 23 de agosto y no el 30 de septiembre?, ¿porque no participó la URSS o ¿porque las democracias occidentales no cometieron atrocidades?

Dejemos a un lado que la fecha ha sido promovida por las repúblicas bálticas, resentidas, con razón, de los años bajo dominio soviético (aunque ahora vemos como en ellas resurgen ideas filo-fascistas, en plena confrontación con la idea democrática de Europa).


Nadie duda de los campos de concentración, de los gulag, de los millones de víctimas que dejó la guerra mundial, tanto civiles como militares… pero ¿se pueden equiparar las acciones alemanas a las rusas durante el conflicto bélico? Si lo que se quiere conmemorar son las víctimas de los estados dictatoriales me parece que se han olvidado de Italia, España, Japón, China… y la fecha, lógicamente, debería cambiarse. Si por el contrario se quieren poner a la misma altura las acciones realizadas por el Tercer Reich y la URSS no se sostiene tal pretensión. Intentemos ver el por qué.


Sin la participación de la URSS en la guerra mundial hubiese sido imposible la liberación de Europa del dominio nazi. Parece que las verdaderas batallas tuvieron lugar el teatro de operaciones del oeste. Normandía, Ardenas, Montecassino, Arnhem… Todo el mundo las conoce (qué sería de nosotros sin el cine). Del frente oriental nos suena Stalingrado, como mucho Kursk. Nadie se acuerda de Jarkov, Smolensk, Minsk, Leningrado… Pero fue aquí donde Alemania sufrió el 80% de las bajas totales de la guerra. Si todas estas tropas (las mejores preparadas y mejor equipadas) hubiesen estado esperando en las playas de Normandía, en Sicilia o cerrando el paso de Italia… Los soviéticos perdieron cerca de 26 millones de personas, civiles y militares. Cierto es que los generales no escatimaban a la hora de lanzar a sus tropas contra los cañones alemanes, pero sin su lucha Europa sería muy diferente a la que hoy vemos.

Los ejércitos soviéticos cometieron parte de los más famosos actos de barbarie contra la población civil. En esa afirmación puede basarse la idea de instaurar la conmemoración del 23 de agosto. Tampoco nadie lo niega. Ahí está la matanza de Katyn (no reconocida por Moscú hasta 1990), donde Stalin decapitó a la clase dirigente polaca, civil y militar, asesinando a cerca de 20.000 personas. Y las violaciones en masa que cometieron las tropas rusas en su camino hacia Berlín. Este es, sin duda, el capítulo más escabroso de la participación rusa, el crimen que empaña las victorias en el campo de batalla. Cerca de 2 millones de mujeres fueron violadas. ¿A qué responde esta acción? Muchos hablarían de venganza por los crímenes de las tropas nazis en territorio soviético, quemando aldeas enteras y sometiendo a la población rusa a todo tipo de abusos (recordemos que los rusos para los alemanes eran Untermenschen, bárbaros asiáticos). Otros, como el historiador Antony Beevor afirma en la introducción a la edición inglesa del libro que da título a esta entrada, Una mujer en Berlín, apuntan a la política de represión social a la que se veía sometido el ciudadano soviético por parte de las autoridades. Una razón más psicológica que de entrañas.

¿Ha quedado algo en claro? Alemania y la URSS fueron verdaderos asesinos, más allá de las víctimas que se provocan en un enfrentamiento armado. El resto de países beligerantes no. ¿O sí?

jueves, 24 de septiembre de 2009

¡Doblamos el número de colaboradores!

(Es decir, pasamos de uno a dos)

Queridos lectores:

Mañana se une al blog Rodrigo Lucía Castejón. Rodrigo Lucía es historiador (concretamente, Licenciado en Historia Antigua por la Universidad Autónoma de Madrid) y especialista en Oriente Próximo. Es co-autor de la obra colectiva "La aventura española en Oriente (1166-2006)" (Ministerio de Cultura, 2006), y autor de diversos artículos en la revista Gerión y Cuadernos del Seminario Walter Andrae.

Entre sus debilidades (además de su especialidad) se encuentran la historia de la Unión Soviética y su variada progenie tras la implosión de 1991, y los grandes generales-estrategas alemanes de la Segunda Guerra Mundial (cosa que hará feliz, sospecho, a alguno de los lectores del blog). Me ordena avisar de que es un marxista empedernido (pero de Groucho, no de Karl), cosa que no está de más en este blog, que hasta ahora ha sido sólo tan surrealista como nos lo han permitido algunos de los políticos cuya conducta hemos analizado en el mismo.

Me alegra mucho contar con su colaboración y confío que sus artículos les resulten a nuestros lectores tan interesantes como lo son para mí.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Crisis económicas y depresiones políticas

Hace apenas un año y medio España acudió a las urnas para elegir Parlamento. Aunque la legislatura actual da la sensación de estar acabada antes de empezar, lo cierto es que José Luis Rodríguez Zapatero se presentó como cabeza de lista del PSOE hace 18 meses y lo hizo con un programa electoral que, se suponía, evitaría que España entrara en la que al final se ha revelado como su peor crisis económica en medio siglo.

No quiero entrar en valoraciones sobre esta o aquella medida. En mi opinión, la cuestión principal no es ser o no socialista, ni creer en si se deben o no subir los impuestos. Lo que debemos preguntarnos es si podemos confiar en nuestros representantes y si tenemos alguna capacidad para pedirles cuentas por sus actos. Porque hace sólo 18 meses, se nos aseguró que:

Diagnóstico: "No hay crisis en España". Mª Teresa Fernández de la Vega (entre muchos otros), 26 de febrero de 2008.

Medida estrella: "El PSOE se compromete a devolver 400 euros a todos los declarantes de IRPF". Discurso de clausura de la conferencia política del PSOE, 27 de enero de 2008.

Modelo de crecimiento: "Situamos como nuestro principal reto el de transitar hacia un modelo de crecimiento económico más productivo y más sostenible. En estos años, hemos invertido con determinación en aquellos factores que afectan positivamente a la productividad, como las infraestructuras, el capital humano y la I+D+i". Primer párrafo del apartado dedicado a la política económica en el programa electoral del PSOE, página 116, PDF en la web del partido.

Equipo: "Pedro Solbes nació para esto y es claro que todos queremos que siga en esto". José Luis Rodríguez Zapatero, 26 de noviembre de 2007.

Sin embargo, cuando apenas se ha cumplido un 25% de ese mandato de cuatro años que le otorgaron los españoles, el Gobierno nos anuncia que:


Medida estrella: "Trece millones de familias se quedarán sin los 400 euros". Información de El País, 29 de agosto de 2009.

Modelo de crecimiento: "Las cifras que está manejando el Gobierno para el presupuesto del año que viene implican una reducción del 37% del dinero destinado a financiar los proyectos de I+D, las becas y los contratos de investigadores". Información de El País, 10 de septiembre de 2009.


Es decir, que un par de meses después de haber formado Gobierno, ya había una crisis que antes se negaba por todos los medios; el ministro de Economía deseado se marcha y nos deja la sensación de que se presentó sólo para completar el ticket electoral; el cambio de modelo productivo se aparca en el trastero mientras suben las subvenciones a industrias no competitivas; y el gran anuncio de una devolución de impuestos en el IRPF sólo dura un año (el de las elecciones).

Este tipo nos ha mentido. Como decía antes, no es cuestión de ser socialista o pepero, sino de decir la verdad, de transmitir confianza a tus electores, de cumplir con aquello que se prometió. Y, claro, nos surgen algunos interrogantes:
1. ¿Podemos hacer algo para reclamar al Gobierno que cumpla sus promesas?
2. ¿Tenemos alguna esperanza de que nuestros representantes socialistas en el legislativo controlen al Ejecutivo y le pidan cuentas por su actuación?
3. ¿Hay alguien que crea que Rajoy habría cumplido todas sus propuestas económicas?
4. En resumen, hasta dentro de 3 años, ¿qué podemos hacer?

Dicen que la crisis económica es la peor del último medio siglo. Pero quizás la verdadera Gran Depresión haya empezado en nuestra política. El diagnóstico puede resumirse en las respuestas a las cuatro pregunta anteriores: (1) no, (2) ninguna, (3) nadie, (4) nada.