domingo, 20 de septiembre de 2015

La participación en las elecciones catalanas (3): Girona

Siguiendo con nuestro análisis de la participación en las elecciones catalanas de 2012, pasamos ahora a examinar el comportamiento de la provincia de Girona.

Recordemos los datos básicos: el incremento de la participación en las elecciones catalanas de 2012 fue asimétrico, en el sentido de que de cada 100 votantes abstencionistas que pasaron a votar, 41 aproximadamente votaron a partidos nacionalistas catalanes, y 59 a partidos unionistas.

Pero en Girona, al igual que hemos visto en Lleida, el reparto del incremento fue totalmente distinto y mucho más favorable a las fuerzas nacionalistas que a las unionistas:


Recordemos una vez más que la participación en toda Cataluña en los comicios de 2012 pasó del 58,78% al 67,76%.

En Girona, el incremento de participación fue similar aunque superior: se pasó del 59,49% al 69,29% (en otras palabras, Girona pasó de votar ligeramente por encima de la media catalana a algo más que ligeramente por encima).

En lo que respecta a la comparación del número de votos, con los datos extraídos de la página web de la Generalitat, sería la siguiente:

Bloque nacionalista catalán 2012 (CIU, ERC, CUP, SI): 230.105 votos
Bloque nacionalista catalán 2010 (CIU, ERC, SI, RCat): 182.257 votos
Diferencia: + 47.848

Bloque unionista 2012 (PSC, PP, IC, C's, PxC, UPyD): 104.600 votos
Bloque unionista 2010 (los mismos): 92.732 votos
Diferencia: + 11.868

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 80,13% (47848/59716)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 19,87% (11868/59716)

A los efectos de nuestro estudio, el 68,75% de los gerundenses votaron a candidaturas nacionalistas, y sólo el 31,25% votaron a candidaturas unionistas.

En cuanto al incremento de participación: si en toda Cataluña por cada 41 nacionalistas catalanes anteriormente abstencionistas que fueron a votar, 59 unionistas anteriormente abstencionistas también lo hicieron, en Girona las proporciones están totalmente invertidas (apenas un poco menos que en Lleida): por cada 80 nacionalistas catalanes anteriormente abstencionistas que fueron a votar, sólo 20 unionistas anteriormente abstencionistas fueron a votar.

Y al igual que en Lleida, el incremento de participación no fue simétrico dentro de la propia provincia de Girona. Así como en Lleida existía una diferencia muy clara entre Lleida (y Vielha) y el resto de la provincia, en Girona existen grandes diferencias entre las distintas poblaciones, esencialmente entre las poblaciones de la costa y las del interior de la provincia (aunque en ambos casos hay claras excepciones).

Interior de la provincia:

En primer lugar, hay que señalar que al contrario que en Lleida, donde la capital tiene casi el 30% de los votantes, el voto en Girona está mucho más disperso: Girona capital supone apenas el 13% del total de la provincia. 

Por otra parte, al contrario que en Lleida, donde la capital no se parece en nada al resto de la provincia en términos de su composición de voto, Girona capital sí es muy representativa del voto medio del resto de la provincia. Veamos sus datos, extraídos una vez más de la página web de la Generalitat:

La participación pasó del 62,84% en 2010 al 72,45% en 2012 (tres puntos más que la media de la provincia)

Bloque nacionalista catalán 2012: 28.858 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 22.802 votos
Diferencia: + 6.056

Bloque unionista 2012: 14.801 votos
Bloque unionista 2010: 13.288 votos
Diferencia: + 1.513

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 80,01% (2295/7569)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 19,99% (1513/7569)

En suma: la capital de la provincia votó prácticamente igual que la media de la misma.

Este patrón tiende a repetirse, con matices, en las localidades importantes del interior de la provincia. Vemos, por ejemplo, que en Figueres, la segunda ciudad de la provincia, el incremento está más repartido, aunque todavía es favorable a los nacionalistas catalanes:

Bloque nacionalista catalán 2012: 9.254 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 7.796 votos
Diferencia: + 1.458

Bloque unionista 2012: 6.414 votos
Bloque unionista 2010: 5.302 votos
Diferencia: + 1.112

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 56,73% (1458/2570)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 43,27% (1112/2570)

De hecho, a medida que avanzamos hacia el interior de la provincia y nos alejamos del mar, llegamos a un punto en que sólo el voto nacionalista aumenta y el unionista disminuye directamente. Así, en Olot, quinta ciudad de la provincia, el voto unionista descendió pese al incremento de la participación en casi 10 puntos: 

Bloque nacionalista catalán 2012: 12.222 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 9.215 votos
Diferencia: + 3.007

Bloque unionista 2012: 3.639 votos
Bloque unionista 2010: 3.861 votos
Diferencia: - 222

Exactamente lo mismo ocurrió en Banyoles, décima ciudad de la provincia, y especialmente ya en los pueblos del interior, como por ejemplo, Camprodon), con una excepción muy llamativa: Puigcerdá, cuyos datos son tan diferentes de los del resto de la Girona interior que merecen reseñarse por separado:

Bloque nacionalista catalán 2012: 2.294 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 2.162 votos
Diferencia: + 132

Bloque unionista 2012: 1.297 votos
Bloque unionista 2010: 925 votos
Diferencia: + 372

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 26,19% (1458/504)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 73,81% (372/504)

Girona mediterránea

La situación es algo diferente en la costa, particularmente cuanto más cerca de la provincia de Barcelona.

Veamos, por ejemplo, los datos de Blanes, la tercera ciudad de la provincia y la más cercana a Barcelona (a cuya red de cercanías, de hecho, está conectada):

Bloque nacionalista catalán 2012: 7.262 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 6.650 votos
Diferencia: + 612

Bloque unionista 2012: 9.415 votos
Bloque unionista 2010: 7.339 votos
Diferencia: + 2.076

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 22,85% (612/2678)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 77,15% (2076/2678)

Exactamente el mismo fenómeno se puede ver en Lloret de Mar, cuarta ciudad de la provincia y el siguiente municipio tras Blanes:

Bloque nacionalista catalán 2012: 5.032 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 4.575 votos
Diferencia: + 457

Bloque unionista 2012: 6.165 votos
Bloque unionista 2010: 4.265 votos
Diferencia: + 1.900

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 19,39% (457/2357)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 80,61% (1900/2357)

A medida que progresamos por la costa y nos alejamos de Barcelona, el fenómeno se va diluyendo y las localidades se van pareciendo más al resto de la provincia. Veamos así Sant Feliu de Guíxols, octava ciudad de la provincia:

Bloque nacionalista catalán 2012: 5.445 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 4.626 votos
Diferencia: + 819

Bloque unionista 2012: 3.959 votos
Bloque unionista 2010: 3.336 votos
Diferencia: + 623

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 56,80% (819/1442)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 43,20% (623/1442)

El fenómeno se reproduce de manera más acusada cuanto más pequeña es la localidad (por ejemplo, Palamós). A pesar de ello, todavía encontramos alguna localidad costera más al norte donde el voto unionista creció más que el nacionalista. Véase Roses, novena ciudad de Girona, ya muy cerca de Francia:

Bloque nacionalista catalán 2012: 3.239 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 2.664 votos
Diferencia: + 575

Bloque unionista 2012: 3.056 votos
Bloque unionista 2010: 2.418 votos
Diferencia: + 638

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 47,40% (575/1213)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 52,60% (638/1213)

En resumen: el incremento de participación en Girona fue abrumadoramente favorable a los nacionalistas catalanes, especialmente cuanto más al interior y cuanto más rural el entorno, con sólo dos excepciones: Puigcerdá y algunas localidades de la costa (en general, las más pobladas, y aún así, no todas), donde el voto unionista creció por encima de la media no ya de la provincia sino de la media catalana.

En nuestra siguiente entrada: la provincia de Tarragona.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La participación en las elecciones catalanas (2): Lleida

Decíamos ayer que el incremento de la participación en las elecciones catalanas de 2012 fue asimétrico, en el sentido de que de cada 100 votantes abstencionistas que pasaron a votar, 41 aproximadamente votaron a partidos nacionalistas catalanes, y 59 a partidos unionistas. 

Pero decíamos también que ese incremento no fue homogéneo en las cuatro provincias catalanas. 

Concretamente, en Lleida y Girona el reparto del incremento fue totalmente distinto: mucho más favorable a las fuerzas nacionalistas que a las unionistas. 

Veamos el caso de la provincia de Lleida:



Recordemos que la participación en toda Cataluña en los comicios de 2012 pasó del 58,78% al 67,76%.

En Lleida, el incremento de participación fue similar aunque levemente inferior: se pasó del 59,87% al 66,78% (en otras palabras, Lleida pasó de votar ligeramente por encima de la media catalana a ligeramente por debajo).

En lo que respecta a la comparación del número de votos, con los datos extraídos de la página web de la Generalitat, sería la siguiente:

Bloque nacionalista catalán 2012 (CIU, ERC, CUP, SI): 134.386 votos
Bloque nacionalista catalán 2010 (CIU, ERC, SI, RCat): 113.981 votos
Diferencia: + 20.405

Bloque unionista 2012 (PSC, PP, IC, C's, PxC, UPyD): 64.579 votos
Bloque unionista 2010 (los mismos): 59.990 votos
Diferencia: + 4.589

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 81,64% (20405/24994)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 18,36% (4589/24994)

A los efectos de nuestro estudio: el 67,58% de los leridanos votaron a candidaturas nacionalistas, y sólo el 32,44% votaron a candidaturas unionistas.

En términos del incremento de la participación: si en toda Cataluña por cada 41 nacionalistas catalanes anteriormente abstencionistas que fueron a votar, 59 unionistas anteriormente abstencionistas también lo hicieron, en Lleida las proporciones están totalmente invertidas: por cada 82 nacionalistas catalanes anteriormente abstencionistas que fueron a votar, sólo 18 unionistas anteriormente abstencionistas fueron a votar.

Lleida capital

Pero aún hay un dato más fascinante, si cabe: el incremento de participación no fue simétrico dentro de la propia provincia de Lleida. Hay una diferencia abismal entre Lleida capital (28,69% del total de votantes) y (casi todo) el resto de la provincia. Veamos los datos de la capital, extraídos una vez más de la página web de la Generalitat: 

La participación pasó del 58,66% en 2010 al 65,88% en 2012 (un punto menos que la media de la provincia)

Bloque nacionalista catalán 2012: 29.095 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 26.800 votos
Diferencia: + 2.295

Bloque unionista 2012: 27.461 votos
Bloque unionista 2010: 22.005 votos
Diferencia: + 5.456

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 29,61% (2295/7751)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 70,39% (5456/7751)

Resto de la provincia de Lleida

O dicho de otro modo: mientras que en la capital de la provincia el voto unionista subió mucho más que la media catalana (recordemos: 41-59%), en el resto de la provincia no existió tal incremento de voto, sino un descenso:

Bloque nacionalista catalán 2012: 105.291 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 87.181 votos

Diferencia: + 18.110

Bloque unionista 2012: 37.118 votos
Bloque unionista 2010: 37.985 votos
Diferencia: - 867

Y aún podemos ahondar más: en las cuatro ciudades más pobladas de la provincia después de Lleida (Tàrrega, Balaguer, Mollerussa y la Seu d' Urgell) todavía hubo un pequeño incremento del voto unionista (inferior a la media de la provincia, pero incremento). Fue generalmente en los pueblos de la provincia (población inferior a 10.000 habitantes) donde el voto unionista descendió pese al incremento de la participación (véase por ejemplo Cervera o Sort), con una conspicua excepción: Vielha, la capital de Vall d' Aran. Los datos son tan espectacularmente diferentes de los del resto de la provincia que merecen reseñarse por separado:

Bloque nacionalista catalán 2012: 826 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 877 votos
Diferencia: - 51

Bloque unionista 2012: 1.127 votos
Bloque unionista 2010: 817 votos

Diferencia:+ 310

En resumen: el incremento de participación en Lleida fue abrumadoramente favorable a los nacionalistas catalanes, con dos excepciones: la capital, Lleida y el Valle de Arán, donde el voto unionista creció por encima de la media no ya de la provincia sino de la media catalana (de hecho en Vielha ocurrió algo inusitado: el voto nacionalista descendió).

En nuestra siguiente entrada: la provincia de Girona.

La participación en las elecciones catalanas (1): una visión general


La lectura de este artículo en eldiario.es sobre los indecisos en las elecciones catalanas me ha animado a escribir una serie de entradas sobre uno de los dos aspectos clave de cara a predecir el resultado de las elecciones del próximo 27 de septiembre: el previsible incremento de la participación y su distribución asimétrica (el otro aspecto relevante es los trasvases de votos entre partidos).

Me explico: las elecciones de 2012 nos mostraron que el incremento de la participación en unas elecciones autonómicas catalanas no es simétrico en lo que respecta al eje "nacional". O dicho de otro modo: que el voto de los partidarios de la independencia no crece en la misma proporción que el voto de los partidarios de la continuidad de Cataluña en España a medida que se incrementa la participación.

Las elecciones de 2012 fueron con bastante diferencia los comicios en los que hubo un mayor número de votantes en unas autonómicas: un 67,76% (en 2010 sólo había votado el 58,78%).

Ahora bien, si comparamos la suma de los votos de los partidos de adscripción estrictamente catalana con la de los partidos que también se presentan en el resto de España en los comicios de 2010 y 2012 veremos que el crecimiento de unos y otros fue muy diferente en 2012.

(La comparativa es la siguiente: 

Partidos de adscripción estrictamente catalana 2010: CIU, ERC, SI y Reagrupament se comparan con los partidos de adscripción estrictamente catalana 2012: CIU, ERC, CUP, SI

Partidos que también se presentan en el resto de España 2010 y 2012: PSC, PP, IC, C's, PxC y UPyD)

Ya de antemano señalo que la comparativa plantea algunos pequeños problemas de cara a las elecciones de 2015, a saber: 

1) La separación de CDC y UDC (y la imposibilidad de saber qué parte de su electorado le corresponde a cada una, siendo UDC además un partido no independentista),

2) el hecho de que IC (ahora integrada en la coalición Cataluña Sí Se Puede), contenga una minoría independentista de un máximo del 30%, 

3) el hecho de que PxC (que no se presenta a las elecciones de 2015) pudiera tener algunos votantes que en su ausencia simpatizasen más con CIU (además, no es un partido que se presente en toda España. En cualquier caso, jamás ha sido un partido independentista).

4) el hecho de que se descarte a una pequeña parte del electorado (2,41%) que vota a partidos minoritarios como el PACMA o Escons en Blanc.

Pero en cualquier caso la muestra es muy elevada (el 97,59% de los votantes en 2012) y nos permite sacar ciertas conclusiones claras.

Pasemos a la comparación del número de votos, con los datos extraídos de la página web de la Generalitat:

Bloque nacionalista catalán 2012: 1.787.656 votos
Bloque nacionalista catalán 2010: 1.564.758 votos
Diferencia: + 222.898

Bloque unionista 2012: 1.705.821 votos
Bloque unionista 2010: 1.379.829 votos
Diferencia: + 325.992

Porcentaje del incremento del voto nacionalista catalán sobre el incremento total en 2012: 40,61% (222898/548890)

Porcentaje del incremento del voto unionista sobre el incremento total en 2012: 59,38% (325992/548990)

En otras palabras, y como adelantábamos al principio del artículo: el incremento de la participación en 2012 fue asimétrico: por cada 41 nacionalistas catalanes anteriormente abstencionistas que fueron a votar, 59 unionistas anteriormente abstencionistas también lo hicieron.

Aún hay un dato más fascinante, si cabe: el incremento de la participación por provincias no fue homogéneo: es decir, que este reparto 41-59 que acabamos de comentar no se repitió de forma idéntica en las cuatro provincias catalanas. Es más, como veremos en las dos próximas entradas, en Girona y Lleida la distribución del incremento de voto fue radicalmente opuesta.

domingo, 9 de diciembre de 2012

El bastión republicano resiste: las elecciones a la Cámara de Representantes

La única nota moderadamente positiva de la noche electoral para los republicanos a nivel federal fue el hecho de que mantuvieron el control sobre la Cámara de Representantes, y con ello, su capacidad negociadora frente al Presidente Obama durante los dos próximos años (más bien cuatro, salvo que en las elecciones de medio mandato de 2014 ocurra algo verdaderamente inusitado y los demócratas ganen 17 escaños, cosa que no ha ocurrido jamás en los últimos 100 años).

Los demócratas únicamente consiguieron ganar en el cómputo final 8 escaños (pasando de 193 a 201 escaños), mientras que los republicanos consiguieron mantener 234 (la mayoría está en 218).

Sin embargo, incluso este resultado es algo engañoso para los republicanos, porque lo cierto es que en el cómputo real de votos, los demócratas superaron a los republicanos en más de un millón de votos (49,07- 48,11%). Es decir, que los norteamericanos preferían también a los demócratas en la Cámara de Representantes, pero los trapicheos del "gerrymandering" han acabado otorgando a los conservadores una mayoría falsa en la Cámara baja (y tan falsa: según Dave Wasserman, Romney, que en estos momentos anda por el 47,31% del voto, ha ganado 222 de los 435 distritos electorales, es decir, la mayoría absoluta de los mismos, y eso que aún quedan siete por atribuir).

El desastre electoral que fueron las elecciones de medio mandato de 2010 para los demócratas muestra aquí su rostro más evidente: no sólo perdieron 63 escaños, y la mayoría, en la Cámara de Representantes, sino unos 800 escaños en legislaturas estatales a lo largo y ancho de toda la Unión. Ahora bien, son precisamente esas legislaturas estatales las que diseñan la forma de los distritos electorales que componen la Cámara de Representantes a nivel federal. Y el momento del rediseño fue precisamente el año 2011, cuando la mayoría de las legislaturas (y gobernadurías) del país estaban controladas por republicanos.

A raíz de ello, los republicanos se dedicaron a diseñar unos distritos en la Cámara de Representantes que fueran prácticamente irrecuperables para los demócratas. Para ello, lo que hicieron fue, en aquellos casos en que controlaban todas las piezas del puzzle, amontonar al mayor número posible de demócratas en el menor número de distritos posibles, y proteger a sus congresistas creando el mayor número posible de distritos con un número lo suficientemente abundante de votantes republicanos para que, incluso en un mal año, se salven.

Veamos dos de los ejemplos más escandalosos:

Pennsylvania: un estado en el que Romney no llegó al 46,6% de los votos, pero en el que los republicanos mantienen 12 de los 18 escaños al Congreso (o sea, el 66,66% de los escaños).

Ohio: otro estado en el que Romney no llegó al 47,7% de los votos, pero en el que los republicanos mantienen 11 de los 16 escaños al Congreso (el 68,75% de los escaños).

No es que los demócratas sean unos santos: en Illinois, el único gran estado en el que pudieron trampear con el mapa, han conseguido exactamente el mismo efecto: Obama ha ganado con el 57.60% de los votos, pero los congresistas demócratas tienen el 66,66% de los escaños, tras conseguir derrotar a cuatro congresistas republicanos este año merced a como habían eviscerado sus distritos electorales.

Cada diez años nos vemos abocados a este espectáculo lamentable del rediseño partidista de los distritos electorales, y hasta que el Tribunal Supremo no decida de una vez que los Estados están obligados a que los distritos sean lo más competitivos posible (cosa que a día de hoy parece muy lejana), no está muy claro cómo conseguir una solución (a menos que se haga lo que han hecho los votantes en California y Florida: exigir vía referéndum que los distritos no se diseñen de manera partidista, aunque vistos los resultados de este año, me parece que todavía queda bastante para conseguir un cierto grado de neutralidad en ambos Estados).

viernes, 30 de noviembre de 2012

Fiasco republicano en el Senado

Decíamos en nuestra última entrada que Romney era el mejor candidato posible de los republicanos en este ciclo electoral (básicamente porque la inmensa mayoría de sus oponentes eran originalmente o demostraron ser durante las primarias unos payasos), pero que pese a ello perdió, y que eso ocurrió porque la marca republicana está dañada desde la presidencia de George W. Bush (y por eso gente muy vinculada a éste, como su hermano Jeb, exgobernador de Florida, o Mitch Daniels, gobernador de Indiana y exjefe de su Oficina de Presupuestos, declinaron participar en este ciclo electoral).
 
En ningún lugar se apreció con mayor claridad el daño sufrido por la marca republicana que en las elecciones al Senado. El horizonte parecía inmensamente favorable a los republicanos. De 33 escaños en disputa, 23 eran demócratas y sólo 10 republicanos.
 
Si analizamos los Estados en los que se celebraron elecciones, hay que matizar ligeramente ese primer dato:
 
- De los 23 escaños demócratas, 5 estaban localizados en Estados que Obama había perdido en 2008 (se trataba, pues, de escaños en territorio profundamente republicano), y además, dos de esos cinco eran lo que se llama "escaños abiertos" (es decir, el demócrata saliente se había retirado y no optaba por la reelección). Además, había otros tres escaños en Estados ganados por Bush en 2004, en tres Estados característicamente disputados (Ohio, Florida y Virginia), uno de ellos también "escaño abierto". Por último, en varios Estados tradicionalmente demócratas los republicanos habían conseguido buenos candidatos moderados: excongresistas (Nuevo México) exgobernadores (Hawaii, Wisconsin) o multimillonarios con dinero para gastarlo en su propia campaña (Connecticut, Pennsylvania).
 
En el mapa marco en rojo los escaños que no se presumían competitivos, en azul los escaños en los que los republicanos deberían haber ganado en circunstancias normales, y en verde los escaños en territorios disputados o en los que había candidatos moderados, y que los republicanos podrían haber ganado:
 
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En suma, los republicanos tenían un escenario en el que teóricamente podían ganar entre 5 y 13 escaños (para ser justos, más cerca de los 5 que de los 13, pero 5 escaños más les daba ya el control de la Cámara si los demócratas no ganaban más que un escaño por su lado).
 
- De los 10 escaños republicanos, 4 estaban localizados en Estados que McCain había perdido en 2008, y dos de ellos eran escaños "abiertos" (aunque en uno de los casos no se debía a que el Senador republicano se hubiera retirado, sino a que lo habían derrotado en las primarias. Pero para compensar este hecho, dicho escaño se encontraba en Indiana, donde Obama, aunque ganó por la mínima en 2008, fue derrotado con claridad en 2012 por Romney). Además, había un buen candidato demócrata en Arizona, un Estado tradicionalmente republicano (un exSecretario de Estado de Sanidad republicano bajo la Administración Bush que se había pasado a los demócratas).
 
En el mapa marco en azul los escaños que no se presumían competitivos, en rojo los escaños en territorio demócrata en 2008 (con el matiz ya dicho respecto de Indiana), y en verde los escaños en territorios disputados o en los que había candidatos moderados en los que el candidato demócrata podía ganar.
 
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Los demócratas tenían un escenario, pues, en el que podían obtener teóricamente entre 3 y 5 escaños (más cerca de los 3 que de los 5).
 
En suma, los demócratas se movían en una horquilla de entre 40 (-13) y 58 (+5), y los republicanos en una horquilla de entre 42 (-5) y 58 (+13).
 
Dado que el resultado final ha sido 55 demócratas (+2) y 45 republicanos (-2), es evidente que algo ha ido muy mal para los republicanos, que consiguieron un escaño pero perdieron tres.
 
Partamos de dos premisas:
 
1) La victoria de Obama ha llevado consigo al desastre a casi todos los candidatos republicanos: en aquellos Estados en los que Obama ganó las elecciones, el candidato republicano perdió, con una sola excepción, Nevada, que luego comentaremos.
 
Para ser justos, hubo varios candidatos que lo hicieron bastante mejor que Romney en sus Estados (Hawaii, Massachusetts y en menor medida Nuevo México y Connecticut), aunque aún así perdieron, pero también hubo varios candidatos en Estados teóricamente competitivos que lo hicieron bastante peor que Romney (Florida y Ohio, por ejemplo, que eran dos premios gordos).
 
2) A la inversa, la victoria de Romney no tuvo el mismo efecto de arrastre: los candidatos republicanos a escaños demócratas en el Senado en Estados en los que Romney obtuvo la victoria fueron todos ellos derrotados, también con una sola excepción, Nebraska, que ahora comentaremos.
 
El mapa final quedó así:
 
- En rojo oscuro, escaños en Estados demócratas, en los que el candidato demócrata ganó por 5 puntos o más, sin excepción (es decir, que no fueron escaños tremendamente competitivos).
 
- En azul oscuro, escaños en Estados republicanos en los que el candidato republicano ganó por 5 puntos o más (en Arizona la ventaja fue de 4,8 puntos, pero a los efectos que nos interesan ya nos vale).
 
- En rosa, escaños que los demócratas le arrebataron a los republicanos (Maine, Massachusetts e Indiana).
 
- En azul claro, el Estado en que los republicanos obtuvieron un escaño demócrata (Nebraska).
 
- Y los más interesantes: en verde claro, escaños demócratas en Estados republicanos (en algunos casos MUY republicanos) en los que los demócratas consiguieron mantener el escaño (Montana, Dakota del Norte, Missouri y Virginia Occidental). Y en verde oscuro, el escaño republicano en un Estado demócrata en el que los republicanos también consiguieron mantener el escaño (Nevada):
 
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Repasemos brevemente lo que ocurrió en los Estados que hemos señalado antes:
 
En cuanto a las victorias demócratas:
 
1) Maine: Olympia Snowe, una de las últimas republicanas moderadas, se retiró a principios de este año, de manera sorprendente (no es una anciana ni mucho menos, y es muy popular en su Estado), dejando completamente en fuera de juego a su Partido. Fue reemplazada el día de las elecciones por Angus King, exgobernador independiente del Estado que se sentará como independiente también en el Senado, aunque como miembro del caucus demócrata (los demócratas, aunque tenían su propia candidata, no le dieron el más mínimo apoyo e incluso atacaron al candidato republicano para favorecer a King).
 
2) Massachusetts: Scott Brown era un republicano muy moderado para los estándares actuales del Partido, pero no lo suficiente para la liberal Massachusetts, y más en un año de elecciones presidenciales (Obama ganó el Estado con casi el 61% de los votos). Aunque popular y atractivo, el sesgo demócrata de Massachusetts en unas presidenciales fue tan acusado que Brown no pudo hacerle frente. La ganadora fue Elizabeth Warren, una economista muy liberal de la que los demócratas esperan grandes cosas en los próximos años.
 
Hasta aquí los Estados que normalmente deberían haber votado, y así lo hicieron, por Senadores demócratas.
 
3) Indiana: lo anómalo es lo que ocurrió aquí: Dick Lugar era el Senador republicano por Indiana desde 1976, uno de los estadistas norteamericanos más respetados. Como ya tuve ocasión de escribir al analizar el panorama del Senado antes de las elecciones, Lugar era un conservador (no un moderado), pero un conservador de la vieja escuela, es decir, dispuesto a poner a su país por encima de su partido (lo que no quiere decir abdicar de sus creencias; votó contra el Obamacare, por ejemplo).
 
El Tea Party, sin embargo, no entiende otra política cuando hay un presidente demócrata en el poder que la de la tierra quemada. Buscaron un candidato mucho más conservador que Lugar, le financiaron, y utilizaron las primarias como instrumento para derrocarle. Richard Mourdock, el secretario de Estado de Indiana, fue elegido candidato republicano. Su filosofía política, como ya dije en su día, quedó retratada al ofrecer esta exquisita definición del bipartidismo a las pocas horas de su victoria en las primarias: "I certainly think bipartisanship ought to consist of Democrats coming to the Republican point of view" (es decir, que el bipartidismo significa que a mí me den la razón).
 
Pese a todo, el sesgo prorepublicano de Indiana es tan acusado (aunque Obama ganó allí en 2008, en esta ocasión no llegó ni al 44% de los votos) que Mourdock, en circunstancias normales, hubiera debido ganar (el candidato demócrata, Joe Donnelly, un congresista saliente, era, siendo justos, lo mejor de lo que disponían los demócratas).
 
Sin embargo, Mourdock decidió suicidarse políticamente (¡en el debate contra su oponente!, dos semanas antes de las elecciones) al responder así cuando le preguntaron acerca de su posición en torno al aborto en supuestos de violación:
 
"I struggled with it myself for a long time, but I came to realize life is that gift from God. And I think even when life begins in that horrible situation of rape, that it is something that God intended to happen."

Las encuestas, que hasta entonces se mostraban muy ajustadas pero con una ligerísima ventaja para Mourdock, dieron un vuelco, y Mourdock acabó perdiendo por más de cinco puntos, con bastantes votantes republicanos eligiendo apoyar al candidato libertario, que obtuvo más del 5% de los votos, un resultado sorprendentemente alto y que solo puede tener esa explicación.
 
En cuanto a la victoria republicana, fue la única que las encuestas auguraban claramente:
 
1) Nebraska: Ben Nelson, demócrata conservador, perdió un crédito enorme al votar a favor del Obamacare y decidió retirarse antes de ser derrotado. Los demócratas consiguieron al mejor candidato posible, Bob Kerrey, exgobernador y exsenador por Nebraska, pero hoy en día Nebraska, que no dio a Obama más de un 42% en 2008, es un Estado casi totalmente republicano. Los republicanos, en una primaria a tres bandas, además, escogieron como candidata a una mujer razonablemente moderada (aunque Sarah Palin la apoyó), Deb Fischer, lo que hizo imposible incluso para Kerrey conservar el escaño, que se perdió por más de 16 puntos.

Pero lo anormal fue el hecho de que en 4 Estados en los que Romney ganó con entre casi el 54 y el 62% de los votos, los candidatos demócratas al Senado consiguieron salvarse. ¿Qué ocurrió allí?
 
1) Virginia Occidental: aunque Romney ganó con el 62% de los votos, quizá ésta fue la derrota republicana más "explicable": con un mal candidato republicano (que había competido ya en seis ocasiones distintas, siendo derrotado en todas ellas) y el mejor candidato demócrata posible (Joe Manchin, exgobernador del Estado, demócrata conservador, amigo de las armas, notablemente popular), no era inusitado que los demócratas ganaran (aunque el margen fue notable: 60% de los votos para Manchin, mientras que Obama no llegó al 37% en el Estado).

2) Dakota del Norte: el sorpresón de la noche. Todos sabíamos que la candidata demócrata, Heidi Heitkamp, era excelente, pero nadie (incluyendo a su seguro servidor) pensaba que fuera a ganar el escaño del Senado la misma noche en que Romney obtenía más del 58% de los votos en esa misma circunscripción. El candidato republicano, Rick Berg, el congresista del Estado, no era muy bueno, pero resulta casi increíble que obtuviera 30.000 votos menos que Romney. Estas son exactamente las cosas por las que uno ama la democracia americana: que los votantes de Dakota del Norte tengan la sutileza de votar a un candidato republicano a la Presidencia y, para equilibrar, a una Senadora demócrata. Eso es ser un votante sofisticado (y ser una gran candidata).

3) Montana: otra sorpresa notable: Jon Tester, el Senador demócrata, fue elegido por los pelos en 2006 en un año muy bueno para los demócratas. Es un (muy) buen candidato (es granjero y muy moderado) pero Montana es un Estado que en 50 años sólo ha votado demócrata en unas presidenciales en 1992 (porque Ross Perot dividió parte del voto republicano). Por si fuera poco, el candidato republicano, Denny Rehberg, era congresista del Estado desde 1996, y razonablemente popular en el Estado. Tester, pese a todo, consiguió ganar, haciendo algo muy astuto: pagó spots publicitarios a favor del candidato libertario, con la esperanza de desviar votos republicanos hacia el mismo (Montana es un Estado republicano pero con ciertas simpatías libertarias). Una obra maestra: Tester no llegó siquiera al 48,5% de los votos, pero como el libertario obtuvo un espectacular (para un libertario) 6,54%, dividió el voto de sus adversarios y ganó. Divide et impera.

4) Missouri: otro escaño fácil que los republicanos echaron a perder al nominar a otro "filósofo de la violación". Romney ganó el Estado con comodidad (casi el 54%), y además la Senadora demócrata, Claire McCaskill, era notablemente impopular. Pero el Tea Party apoyó en las primarias a un congresista muy extremista, Todd Akin (McCaskill llegó a pagar anuncios indicando que era el más conservador de los candidatos republicanos, con la obvia intención de conseguir que fuera su rival). Pues bien, lo consiguió, pero inicialmente todas las encuestas indicaban que Akin iba a ganar. Y entonces, el 20 de agosto, Akin dijo esto. Una posición tan absolutamente ignorante (en un miembro del Comité de Ciencias de la Cámara de Representantes, nada menos) le descalificó ante los votantes indecisos (Romney tuvo que salir inmediatamente a decir que desaprobaba por completo los comentarios de Akin). Los republicanos intentaron que Akin abandonara la contienda, pero Akin se negó. McCaskill le machacó con anuncios televisivos protagonizados por víctimas de violaciones. El Tea Party, una vez más, resultó ser el mejor amigo del Partido Demócrata.

El único fracaso demócrata de la noche se produjo en Nevada, por los mismos motivos que hemos expresado en los casos anteriores, pero a la inversa: malos candidatos.

1) Nevada: Dean Heller es un congresista que fue elegido Senador por el gobernador de Nevada cuando su predecesor tuvo que dimitir por un escándalo sexual y económico (se acostó con la esposa de su mejor amigo y luego les prometió dinero a ambos para acallarlos). Heller es un buen candidato (se ha moderado mucho desde que lo han nombrado Senador). Tuvo además la buena fortuna de que su rival demócrata, otra congresista, Shelley Berkley, tuviera un escándalo económico entre manos (favoreció a la empresa de su marido mediante la aprobación de distintas leyes).
 
Obama ganó Nevada con cierta comodidad (algo más del 52% de los votos), pero Heller consiguió ganar sin llegar siquiera al 46% de los votos aprovechándose de una curiosísima peculiaridad de la papeleta de Nevada: ésta permite votar a "Ninguno de estos candidatos" (un voto protesta, en suma). Dicho voto fue del 4,5% en las elecciones al Senado (cuatro puntos más que en las presidenciales) y hay que presumir que muchos de estos votantes eran demócratas asqueados por la corrupción de la candidata demócrata y que votaron por Obama y por "Ninguno de los candidatos" al Senado (algunos también debieron votar por el candidato del partido de extrema derecha, pero sospecho que no hubo muchos demócratas que hicieran eso). Heller batió a Berkley por poco más de un punto. Suficiente para continuar siendo Senador.

Pese a todo, el juicio global que merecen los resultados es de notable fiasco para los republicanos, que partían con fuertes expectativas de mejorar sus resultados y acabar con (o al menos cercenar) la mayoría demócrata. Lejos de conseguirlo, durante al menos los dos próximos años los demócratas contarán con 55 escaños en el Senado, que les serán muy útiles para las próximas batallas que en cuanto a nombramientos (tanto para el Gobierno, donde en las próximas semanas habrá cambios, como para el Poder Judicial) se avecinan, y de las que ya iremos hablando.

martes, 20 de noviembre de 2012

¿Era Romney el mejor candidato republicano posible?

A la vista de la calidad de sus oponentes, la respuesta no puede ser otra que sí.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que el número de candidatos republicanos a la presidencia en 2012 se había visto enormemente limitado debido a las graves pérdidas que padecieron los conservadores en las elecciones a gobernador de 2006 y en las elecciones al Senado de 2006 y 2008 (en particular, los dos ciclos en el Senado dañaron las perspectivas presidenciales de varios republicanos, como el derrotado George Allen en Virginia).

Santorum, por ejemplo, también era un Senador que había sufrido una derrota aplastante en su campaña de reelección en Pennsylvania en 2006. Gingrich era un Portavoz de la Cámara de Representantes fracasado que llevaba 14 años sin concurrir a unas elecciones. Herman Cain y Michelle Bachmann eran sendos chistes.

Rick Perry, sobre el papel, en cambio, debía haber derrotado a Romney: gobernador de Texas durante 11 años, más conservador que Romney, fue sin embargo triturado en las primarias debido a su evidente falta de preparación y, curiosamente, debido a la única posición en la que era moderado: su postura relativamente blanda con los inmigrantes (lógica, por otra parte, en un Estado que cada año es más hispano y menos blanco).

Especular con qué hubiera ocurrido si otro candidato se hubiera cruzado en su camino es absurdo, por dos motivos: en primer lugar, porqué no ocurrió, y en segundo lugar, porque si no ocurrió precisamente fue porque gente como Mike Huckabee, Chris Christie, Jeb Bush o Mitch Daniels, los nombres de todos los cuales "sonaron" durante el año 2011, renunciaron a presentarse porque intuían que no iba a ser un buen ciclo electoral para el GOP, y porque, al final del día, es muy difícil derrotar a un presidente en ejercicio. Tim Pawlenty, por su parte, no llegó siquiera a las primeras primarias.

Elucubrar, por último, qué hubiera pasado si un candidato más "moderado" hubiera ganado las primarias también es absurdo, porque Romney, en su condición de exgobernador de un Estado tan liberal como Massachusetts entre 2003 y 2007, era lo más centrado que el electorado republicano estaba dispuesto a aceptar. Jon Huntsman intentó atacarle desde el centro y fracasó ignominiosamente en su intento.

Lo cierto es que el candidato fue Romney. En retrospectiva, es evidente que la campaña demócrata fue superior en todos los frentes a la demócrata, y que salvo el grave resbalón del primer debate, Obama superó a Romney en los otros dos debates y en la efectividad de su operación de captación del voto, sus anuncios electorales, su uso eficiente del dinero, etc.

Obama definió a Romney como un plutócrata desalmado antes del verano, Romney se hizo daño a sí mismo con el famoso vídeo del 47% y con la elección de Paul Ryan, que es la cristalización hecha persona de esos comentarios, de la voluntad del ala dura económica del Partido Republicano de recortar impuestos a los ricos y de desmantelar el ya de por sí limitado Estado del bienestar norteamericano.

Pero el problema de fondo no era Romney; el problema de fondo es que la "marca" republicana, por así decirlo, está dañada desde el final de la presidencia Bush y que la respuesta al fracaso que supuso esa Presidencia no ha sido un cuestionamiento de qué se hizo mal por parte de los conservadores, sino un recrudecimiento de las posiciones más extremas del partido, como lo demuestra el advenimiento del Tea Party. La abrumadora victoria en las elecciones de medio mandato de 2010 fue considerada una vindicación de ese giro a la derecha, y cercenó la posibilidad de abrir un periodo de reflexión serio entre los republicanos respecto a la Presidencia Bush, que fue enterrada debajo de una alfombra y olvidada (véase que ninguno de los dos Bushes apareció siquiera en la Convención de Tampa).

El problema de fondo persistía y persiste, sin embargo: las políticas republicanas son rechazadas por una mayoría de los norteamericanos, incluso en un contexto económico tirando a mediocre como el que afrontaba Obama. Las subidas de impuestos a los ricos, que los republicanos combaten ferozmente, son apoyadas por más del 60% de los norteamericanos, incluido más de un tercio de los republicanos. Los recortes a los programas sociales, en particular la Seguridad Social y el Medicare, que son el deseo de Paul Ryan conforme viene expresado en sus proyectos de Presupuestos Generales, son rechazados por casi dos tercios de los ciudadanos, incluidos más de la mitad de los republicanos.

En suma: el programa político republicano es impopular (y no hemos entrado siquiera a valorar la plataforma del partido en el campo del aborto, que pretende prohibirlo en todos los supuestos excepto peligro de la vida de la madre, sin exclusiones para el aborto, el incesto, las malformaciones, etc).

Con esta perspectiva, el resultado de Romney, que en estos momentos está en torno al 47,6% de los votos, resulta, en mi opinión, más que digno.

Y lo cierto es que tenemos una base de cálculo comparativa que nos permite afirmar que, en líneas generales, Romney compitió mejor que los republicanos en general: el mismo día de las elecciones presidenciales se celebraron elecciones al Senado en 33 Estados. Pues bien, como se puede comprobar en la tabla siguiente, Romney obtuvo mejores resultados que el candidato republicano al Senado en 24 de los 33 casos.

En rojo he marcado aquellos candidatos que, desde mi opinión puramente personal, podían ser considerados tan o más conservadores que Romney en escaños competitivos, mientras que en amarillo he marcado aquellos candidatos más moderados que Romney, también en escaños competitivos. Romney, en líneas generales, lo ha hecho mejor que todos los candidatos conservadores al Senado que estaban enredados en campañas competitivas, en algunos casos con grandes diferencias (Missouri, Montana, Indiana o Dakota del Norte, Estados todos ellos en los que Romney ganó sin problemas y en los que los candidatos republicanos al Senado fracasaron).

Estado
% Romney
% (R. Sen)
Diferencia
62,35
37
25,35
53,88
39,2
14,68
44,96
30,57
14,39
39,98
28,96
11,02
55,37
44,98
10,39
40,86
30,67
10,19
36,46
26,54
9,92
54,33
44,55
9,78
35,98
26,56
9,42
58,32
49,31
9,01
72,75
65,21
7,54
49,14
42,31
6,83
44,69
37,98
6,71
30,97
25,59
5,38
53,95
50,18
3,77
48,29
45,05
3,24
60,43
58,17
2,26
46,87
44,64
2,23
41,69
40,36
1,33
41,05
39,93
1,12
57,2
56,63
0,57
35,26
34,99
0,27
46,09
45,91
0,18
47,35
47,33
0,02
45,73
45,91
-0,18
38,09
38,61
-0,52
55,59
57,34
-1,75
42,98
45,38
-2,4
40,61
43,06
-2,45
59,48
64,93
-5,45
68,64
75,69
-7,05
37,64
46,34
-8,7
27,84
37,4
-9,56

En cambio, Romney lo hizo peor que la mayoría de los candidatos republicanos más moderados (y curiosamente en algunos Estados sureños: ¿algunos evangélicos que no quisieron votar al mormón?). Pero en líneas generales, Romney lo hizo mejor que la "marca" republicana, y no solo en Estados conservadores, sino también en Estados demócratas como Nueva York, Vermont o Delaware.

El resultado de los candidatos moderados al Senado conduce a una reflexión inevitable: si Romney hubiera girado más hacia al centro durante la campaña, ¿podría haber ganado? Los candidatos republicanos más moderados lo hicieron mejor que él (aunque lo cierto es que todos ellos fueron derrotados). Pero siempre acabamos en el mismo punto: un Partido Republicano que eligiera a un candidato presidencial moderado se expondría a un tercer candidato a su derecha, y, por lo demás, no sería el Partido Republicano con el que hoy en día vivimos: un partido blanco casi al 90%, envejecido, contrario a la reforma migratoria, al matrimonio gay, y con políticas que, simplemente, no son seductoras para la clase media.

Y si mis lectores conservadores creen que esto son simplemente los delirios de un obamista recalcitrante, cedo la palabra a dos portavoces que no son sospechosos de liberalismo en el sentido norteamericano del término: Ramesh Ponnuru, en la National Review, la revista de más solera entre los conservadores norteamericanos, y Josh Barro, en Bloomberg, cuya simpatía por Obama es muuuuuuuuuuuuuuuuuucho más limitada que la mía.