sábado, 30 de octubre de 2010

Las primarias de 2010 y el exterminio de los republicanos moderados

A unos pocos días de las elecciones de medio mandato de 2010, vamos a publicar un artículo por día resumiendo las características más importantes del presente ciclo electoral.

El próximo martes se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 37 de los 100 escaños del Senado (normalmente habrían sido 34, pero hay elecciones especiales en Virginia Occidental, Nueva York y Delaware), y 37 de las 50 gobernadurías (normalmente habrían sido 36, pero hay elecciones especiales en Utah). Además, se renuevan la mayoría de los parlamentos estatales, lo cual tendrá consecuencias muy relevantes para el proceso de diseño de los distritos electorales de la Cámara de Representantes nacional (re-districting) que se producirá el año que viene.

Mañana empezaremos a analizar las perspectivas electorales en todos esos comicios (resumiendo: muy negras para los demócratas y muy buenas para los republicanos). Hoy vamos a comentar el proceso de primarias que se ha ido desarrollando entre marzo y octubre, y la que quizá ha sido su característica más interesante: el ascenso del Tea Party y su caza y captura de los escasos republicanos moderados que quedan en su caucus.

El Tea Party es esencialmente un movimiento surgido en los meses inmediatamente posteriores a la jura del cargo por parte de Obama, de mensaje populista, anti-Estado, anti-inmigración, con ribetes racistas (es abrumadoramente blanco y al menos uno de sus candidatos al Congreso por Ohio gusta de vestir indumentaria nazi en sus ratos libres).

El Tea Party, en realidad, no es más que el ala derecha del Partido Republicano, furibunda ante la elección de un presidente demócrata y negro, y contrariada ante lo que consideran la traición por parte de algunos políticos republicanos de los valores fundamentales del partido (conservadurismo social, mínima intervención estatal, etc).

(Aunque si se me permite el sarcasmo: es curioso que todas estas preocupaciones, especialmente las relativas al "socialismo" y a la intervención estatal, no surgieran durante la administración Bush, que es sin lugar a dudas una de las más intervencionistas de la historia, amén de una de las grandes incrementadoras del déficit público: guerra de Afganistán, guerra de Irak, expansión -a golpe de déficit- del Medicare, y finalmente, gran rescate del sector bancario).

El primer esfuerzo del Tea Party (que no es una organización excesivamente coordinada ni liderada, sino simplemente un cauce por el que discurren las tendencias más conservadoras del Partido Republicano) ha sido "purgar" a los republicanos de sus elementos más moderados.

Dicha intención ha sido especialmente visible en el Senado, aunque también en el Congreso se ha liquidado a algún congresista por no ser suficientemente ortodoxo. Los desafíos en las primarias organizados por el Tea Party pueden clasificarse en tres grupos:

a) Comprensibles: en esta categoría figura, por ejemplo, el hecho de que Bob Bennett, el Senador de Utah, perdiera su escaño esta primavera. No es ilógico que Bennett, el undécimo Senador más liberal de su partido en el Estado más conservador de Estados Unidos, fuera un objetivo evidente del ala derecha de su partido, que simplemente exige que Utah envíe Senadores firmemente conservadores.

También es comprensible, por ejemplo, que Bob Inglis, el congresista republicano del 4º distrito de Carolina del Sur, perdiera su escaño en las primarias de este año. Inglis, un conservador con ribetes moderados, estaba bastante más a la izquierda que sus votantes en uno de los distritos más conservadores del país.

b) Arriesgados: el Tea Party ha corrido riesgos más importantes en otros Estados. En Alaska, por ejemplo, un candidato amparado por Sarah Palin consiguió derrotar a Lisa Murkowski, la Senadora republicana desde 2002. La idea, en teoría, era similar a la de Bennett en Utah (Murkowski es la cuarta Senadora republicana más liberal en el séptimo Estado más conservador de Estados Unidos), pero la ejecución ha sido lamentable, al escoger a un candidato evidentemente inadecuado para tal fin, hasta el punto de que Murkowski, que decidió seguir como candidata "write-in" -es decir, no aparece en la papeleta y para votar por ella habrá que escribir su nombre en la misma- es probablemente favorita para ser reelegida, con el inconveniente que tendrá eso para los republicanos, porque Murkowski probablemente todavía girará más hacia el centro que hasta ahora -hay que pensar que si es reelegida, lo será con los votos de moderados e independientes, no de los republicanos conservadores.

También ha sido una maniobra arriesgada, aunque probablemente acabe saliéndole bien al Tea Party, designar a una chiflada para enfrentarse con Harry Reid, el líder de la mayoría demócrata en el Senado. Pero Reid es tan impopular que posiblemente cualquier republicano le hubiera ganado este año.

También fue arriesgado empujar a Arlen Specter al Partido Demócrata a principios de 2009 para sustituirlo por un candidato tan sumamente conservador como Pat Toomey, pero dado que Pennsylvania tuvo como Senador durante doce años a un republicano similar (Rick Santorum) en el cargo de Senador, no era inconcebible suponer que en un buen año como éste que se presenta para los republicanos, Toomey podía ganar (y de hecho, como veremos, ganará).

Y también fue una apuesta arriesgada hacer lo mismo con Charlie Crist, gobernador republicano moderado de Florida que quería ser Senador, pero al que el Tea Party bloqueó al impulsar la candidatura de Marco Rubio, una de las pocas estrellas hispanas republicanas.

Por último, una mención especial para Rand Paul, hijo del filo-libertario Ron Paul, y que conseguirá ser elegido al Senado por Kentucky este año. Veremos hasta qué punto sus ideas aislacionistas y paleoconservadoras encajan con un caucus republicano que no es precisamente aislacionista, sino más bien neocon.

c) Insensatos: el Tea Party, en cambio, en su afán por incluir candidatos conservadores 100% en todas las circunscripciones que pudiera, cometió el error fatal de apoyar a Christine O' Donnell, un auténtico chiste andante, en Delaware, frente a Mike Castle, exgobernador y excongresista durante muchísimos años, y prácticamente el único republicano que podía ganar en el Estado. Si en la noche electoral del martes, como es perfectamente posible, los republicanos ganan 9 escaños y se quedan a uno solo de controlar el Senado por culpa de esta estúpida decisión, el Tea Party tendrá mucho que explicar (lo mismo que Sarah Palin en su decisión de apoyar a Joe Miller en Alaska).

En todo caso, estos errores estratégicos sólo podrán empañar mínimamente la que, de todos modos, parece que será la mejor noche electoral para el Partido Republicano desde 1994.

P.D- Una nota para el Tea Party: algunos demócratas en distritos o Estados más bien demócratas serán derrotados este martes, así que, pese a todos sus esfuerzos, habrá republicanos moderados en el nuevo Congreso (por ejemplo, Mark Kirk, de Illinois, y quizá Kelly Ayotte, de New Hampshire, son los primeros que me vienen a la cabeza).