sábado, 15 de septiembre de 2012

Dos estrategias opuestas para ganar

Uno de los motivos que llevaron al Partido Demócrata a vencer en la mayoría de las elecciones presidenciales entre 1932 y 1964 fue el hecho de que su coalición electoral (la New Deal Coalition) era enormemente amplia: abarcaba desde sureños racistas y socialmente conservadores hasta izquierdistas al borde del Partido Comunista, pasando por una mayoría del voto negro (ni mucho menos tan aplastante como hoy en día, pero ya muy significativa) y la mayoría del voto blanco de clase media-baja.

La decisión de Lyndon Johnson de enfrentarse al ala sureña conservadora de su partido en 1964 para aprobar la Ley de Derechos Civiles y acabar con la segregación racial y con las barreras infranqueables que padecían los negros sureños para votar (quizá la decision más ética tomada por un Presidente norteamericano en todo el siglo XX) fracturó al Partido Demócrata y permitió al Partido Republicano crear una coalición ganadora que ha ganado la mayoría de las elecciones entre 1968 y 2004.

La nueva coalición republicana dominante se componía esencialmente de blancos, tanto profesionales liberales ("white collar workers") como, en número creciente, trabajadores manuales ("blue collar workers") de clase media-baja que empezaron a abandonar a los demócratas (de manera muy acusada en el Sur, donde la percepción de que el Partido Demócrata se había convertido en "pro-negro" provocó una estampida cada vez más mayor hacia el Partido Republicano, que de ser el partido del gobierno federal pasó a ser el partido de los "State Rights", o derechos de los Estados federados).

El Partido Demócrata, por su parte, aunque pasó a obtener porcentajes de voto negro de en torno al 85-90%, en la práctica se vio perjudicado, porque el voto negro como parte del electorado general era muy pequeño a finales de los años 60 y principios de los años 70 (en torno al 3-5%). Expresándolo en los términos más brutales posibles: para los demócratas, el saldo entre los votos blancos (especialmente, pero no sólo, sureños) perdidos y los votos negros ganados fue negativo. A la inversa, aunque el Partido Republicano perdió la inmensa mayoría del voto negro, les compensó ampliamente el influjo de votantes blancos que recibieron (esta táctica recibió un nombre: la "Southern Strategy", ideada por Nixon con un éxito moderado en 1968 y rotundo en 1972, y recogida nuevamente por Reagan, con un éxito notable en 1980 y absoluto en 1984).

No es casualidad que los únicos presidentes demócratas que ganaron las elecciones entre 1968 y 2004 fueran sureños (Jimmy Carter, de Georgia, en 1976, y Bill Clinton, de Arkansas, en 1992 y 1996). Ambos fueron capaces de reconstruir parcialmente la coalición ganadora de 1932: blancos de clase media-baja + negros + liberales de las dos costas.

Sin embargo, la coalición electoral republicana dominante durante ese período se ha visto gradualmente erosionada a lo largo de los últimos años por la existencia de tres fenómenos interrelacionados:

- Por una parte, la creciente participación de los negros en los procesos electorales: durante muchos años participaron en un porcentaje inferior al que les hubiera correspondido en relación con su porcentaje total de la población norteamericana, pero el diferencial entre ambas variables se fue reduciendo elección tras elección hasta que en 2008, de hecho, los votantes negros supusieron el 13% del electorado cuando sólo eran el 12% de la población (obviamente, la presencia de Obama en el ticket electoral ayudó mucho a este hecho).

- Por otra parte, el creciente número de votantes de origen asiático y (sobre todo) hispano: los asiáticos han ido creciendo hasta alcanzar casi el 5% de la población, mientras que los hispanos, a través de fuertes oleadas migratorias y elevados índices de natalidad, son ahora más del 16% de la población. Los votantes de origen asiático eran tradicionalmente más conservadores que los votantes blancos y, por consiguiente, tenían tendencia a votar republicano, pero en las últimas elecciones esa tendencia se ha invertido y se calcula que Obama obtuvo en 2008 un 62% del voto asiático.

Los votantes hispanos han sido tradicionalmente demócratas (con la excepción de los cubanos-americanos y de los venezolanos-americanos, partidarios de mantener una línea dura en política exterior contra Castro y Chávez, representada por el Partido Republicano). Su índice de participación electoral es muy inferior a su porcentaje de población (en torno al 9%), debido al hecho de que entre ellos hay numerosos inmigrantes ilegales y menores de 18 años. Bush hijo, gobernador de Texas y con buenas relaciones con la comunidad latina, alcanzó el 44% del voto hispano en 2004, pero Obama consiguió el 67% en 2008.

Las políticas fuertemente nativistas (es decir, anti-inmigrantes) defendidas por el Partido Republicano especialmente en los estados del Sudoeste (Arizona, California o Colorado) han repelido a muchos hispanos y asiáticos, cimentando así la mayoría demócrata entre ambos grupos.

- Lógicamente, el incremento del número de votantes negros, hispanos y asiáticos ha provocado, en paralelo, una reducción sustancial del porcentaje de votantes blancos, que a pesar de todo sigue siendo ampliamente mayoritario (73% del total en las elecciones de 2008). El voto blanco es claramente republicano (Obama sólo obtuvo el 43% del voto blanco en 2008, aunque ganó las elecciones con el 53% de los votos), con especial énfasis en los trabajadores manuales (que habían sido tradicionalmente una de las fuentes del voto demócrata) y algo menos en relación con los profesionales liberales. También hay diferencias acusadas entre el voto blanco masculino (mucho más republicano) y el voto blanco femenino (que tiende a estar mucho más igualado).

Por resumir: en 2004 y 2008 el voto se repartió del siguiente modo, según este excelente artículo de Nate Silver:



¿Cuáles son las estrategias demócrata y republicana de cara a estas elecciones? La estrategia de Romney se puede resumir, según este excelente artículo del gran Ronald Brownstein, en dos cifras: 61/74. Es decir: Romney necesita que el porcentaje del voto blanco sea del 74% (algo más que en 2008) y que el porcentaje de voto republicano sea del 61% (bastante más que en 2008).

En cambio, la estrategia de Obama se resume en otras dos cifras: 80/40: conseguir que el 80% de los votantes no blancos voten por él (más o menos lo que obtuvo en 2008) y que el 40% de los votantes blancos voten por él (es decir, unos tres puntos que en 2008).

Los estrategas republicanos consideran que la mala situación económica hará, por una parte, que las minorías voten en menor medida de lo que lo hicieron en 2008, desilusionadas con la ejecutoria de Obama (en el caso de los votantes negros, consideran que en 2008 el hecho de que Obama fuera el primer candidato negro a la presidencia provocó una participación negra única en la historia, que no se repetirá en 2012) y, por otra, consideran que ciertos votantes blancos, que votaron a Obama en 2008 para "sentirse bien consigo mismos" (para demostrar que eran tolerantes y no racistas) pero que no son especialmente prodemócratas, también se sentirán desilusionados, y votarán por Romney.

Los estrategas demócratas consideran que Romney está luchando contra la demografía, porque en cada elección presidencial el porcentaje de voto blanco disminuye, especialmente debido a la entrada de nuevos electores hispanos en el sistema, y en esta elección es probable que los votantes blancos supongan en torno al 72% del electorado. Por otra parte, consideran que las minorías votarán por Obama en iguales o superiores porcentajes que en 2008 (los negros, por defender al primer presidente de su raza, y los hispanos y asiáticos, para combatir las posiciones antiinmigratorias de los republicanos), mientras que confían en que los votantes blancos de clase media valoren que la situación que Obama heredó era catastrófica y que el Presidente ha enderezado una nave que iba sin rumbo, aunque las cosas no vayan todavía del todo bien.

¿Quién tiene razón? En mi opinión, la estrategia republicana es errónea, (no solo) desde un punto de vista estrictamente de táctica electoral, por dos motivos entrelazados: en primer lugar, porque, efectivamente, la demografía juega en su contra (el año pasado, por primera vez, el número de nacimientos blancos fue inferior al de otras razas en Estados Unidos, lo cual quiere decir que al menos durante los próximos 18 años el porcentaje del voto blanco continuará disminuyendo en cada elección presidencial) y en segundo lugar, porque la política nativista que defienden los republicanos, torpedeando cualquier intento serio de reforma migratoria (¡incluso en tiempos de George Bush!) les enfrenta de manera permanente al segmento de más rápido crecimiento entre los votantes norteamericanos: los votantes hispanos (que, además, no son ni mucho menos socialmente liberales, lo cual hace todavía más incomprensible la posición republicana, que debería estar orientada, en teoría, a que el Partido Republicano fuera "la Casa Grande del conservadurismo", sin distinción de razas).

La decisión de primar la política racial por encima de las posiciones conservadoras es lo que se denomina una "self-inflicted wound" por parte del Partido Republicano, que pierde así numerosísimos votantes conservadores pero de raza no blanca (no sólo hispanos y asiáticos; una parte muy importante de los negros es socialmente muy conservadora- por ejemplo, en torno al 40% están en contra del matrimonio gay) por no enfrentarse de manera decidida a los elementos racistas que existen dentro del partido.

El desafío de Romney es, por lo tanto, muy complicado: tiene que conseguir aumentar el porcentaje del voto blanco en un país donde cada vez hay menos blancos y tiene que conseguir que las minorías voten menos con una plataforma electoral que parece diseñada para que las minorías raciales voten contra ella.

Los republicanos han afrontado la segunda parte de esta tarea de la manera más fea posible: aprobando leyes en diversas legislaturas estatales limitando el voto anticipado (los americanos votan en muchas ocasiones antes del día de las elecciones, por necesidades del trabajo, entre otras cosas), endureciendo los requisitos para permitir el voto y, en general, adoptando medidas dirigidas a restringir el voto de las minorías (el Ministro del Interior de Ohio se lleva la medalla del descaro: intentó limitar el voto anticipado únicamente en las regiones de Ohio de mayoría demócrata, expandiéndolo en las regiones de mayoría republicana. Los Tribunales se lo han impedido, claro).

De todos modos, la situación económica es lo suficientemente complicada para que el Partido Republicano gane sin necesidad de triquiñuelas. Pero de eso hablaremos en otras entradas, que ésta es ya muy larga.