viernes, 4 de noviembre de 2016

Las otras elecciones: la batalla por el Congreso

Además de las elecciones presidenciales y de las elecciones a un tercio del Senado, a nivel federal se renueva cada dos años la Cámara de Representantes, compuesta de 435 miembros. Tras las elecciones de 2008, los demócratas llegaron a tener una contundente mayoría de 257 a 178 sobre los republicanos, pero ese resultado se invirtió fulminantemente en las elecciones de medio mandato de Obama, en 2010, en las que los republicanos consiguieron ganar nada menos que 63 escaños, amparándose, entre otras cosas, en el hecho de que había un número muy elevado de congresistas demócratas en distritos rurales marcadamente conservadores. Aunque en 2012 los demócratas consiguieron recuperar algo de terreno, en las elecciones de medio mandato de 2014 cedieron todavía más escaños, hasta el punto de que a día de hoy los republicanos tienen la mayoría más contundente de la que han dispuesto en la Cámara desde 1928 (en rojo oscuro y claro, los escaños republicanos, en azul oscuro y claro, los escaños demócratas):



A raíz del resultado de las elecciones de 2014, los republicanos pasaron a dominar el Congreso por 247 a 188. Por si esa fuerte mayoría no fuera suficiente, los demócratas habían sufrido aplastantes pérdidas en las elecciones a Congresos y Senados estatales en 2010, justo en el peor momento posible, porque cada diez años toca rediseñar las fronteras de los distritos del Congreso, tarea que llevaron a cabo las cámaras estatales, que en la mayoría de los casos pasaron a manos republicanas.

Los republicanos, de manera sensata, rediseñaron los distritos protegiendo a sus nuevos congresistas más que intentando ampliar su ya vasta mayoría. Como se puede ver, la inmensa mayoría de los distritos rurales están ahora en manos de los republicanos, con algunas excepciones aisladas en Minnesota, Iowa, distritos de mayoría negra en el Sur o de mayoría latina en el Sudoeste. Los demócratas están apiñados en los distritos urbanos a lo largo de todo el país, lo cual hace que la distribución de su voto sea ineficiente, lo que, junto al gerrymandering republicano, es el factor más importante para explicar la casi-permanente minoría demócrata.

Todo ello haría ya de por sí difícil la recuperación de la mayoría demócrata en el Congreso, pero el súbito acercamiento de las encuestas presidenciales hace prácticamente imposible que en 2016 los demócratas ganen los 30 escaños que necesitarían para recuperar el control del Congreso.

Y ello sin contar el hecho de que hay algunos escaños en manos demócratas que se van a perder este martes: el segundo distrito de Florida, que ha sido redibujado por los jueces de una manera tan republicana que ningún demócrata puede ganarlo, o el segundo de Minnesota, un distrito rural de Minnesota donde Trump va a mejorar los resultados de Romney, poniendo en peligro al congresista demócrata que lo representa.

¿Qué supone eso? Desde el punto de vista demócrata, cuatro años más de bloqueo legislativo. Tras la victoria republicana en 2010, prácticamente no ha existido legislación de mérito aprobada por el Congreso. Es más, incluso cuando el Senado cayó en manos republicanas en 2014, Senado y Congreso han sido poco capaces de ponerse de acuerdo en legislar, de modo tal que Obama ha tenido que emitir muy pocos vetos a las leyes dictadas por aquéllos. Nada hace pensar que la historia vaya a cambiar con Hillary Clinton.

Es más, debido al hecho de que los demócratas recuperaran entre 10 y 20 escaños, reduciendo así la mayoría republicana en el Congreso, el Presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, se va a ver en una posición muy comprometida, porque en su flanco derecho hay un grupo de 40 congresistas de derecha muy extrema que llevan meses amenazando con hacerle caer cuando llegue el momento de su reelección. 

Esos mismos congresistas llevan también amenazando con iniciar un procedimiento de destitución de Hillary Clinton en cuanto sea elegida Presidenta, así que realmente los próximos cuatro años se presentan ciertamente mugrientos desde el minuto uno.

En resumen, el escenario más probable en las tres elecciones a Presidente, Senado y Cámara de Representantes a día de hoy es el siguiente:

- Clinton elegida presidente con una mayoría muy escasa, igual o incluso inferior a la de Obama en 2012.
- El Senado nuevamente con mayoría demócrata, pero también muy escasa (52-48 como máximo).
- La Cámara de Representantes con mayoría republicana, sólo ligeramente inferior a la de hace dos años (230-205 a favor de los republicanos, más o menos).

O dicho de otro modo: el mismo escenario de bloqueo institucional que vivimos entre 2010 y 2014. Eso supone, en síntesis, que sólo se podrán aprobar nombramientos departamentales y a la judicatura federal, incluyendo al Tribunal Supremo. Esto último, de todos modos, es tan importante, que le dedicaremos una entrada separada.