domingo, 13 de noviembre de 2016

Trump triumphans: radiografía de una catástrofe (I)

Resulta difícil imaginar un resultado más desastroso para Estados Unidos y para el mundo entero que la victoria de Donald Trump este martes en las elecciones presidenciales.

Vaya por delante que esa "victoria" lo fue únicamente en el Colegio Electoral. En el momento en que escribo estas líneas -domingo en torno a las 19 horas- Hillary Clinton lidera en el voto popular por 700.000 votos nada menos, margen que se doblará o incluso triplicará cuando se acaben de contar los votos en California y Washington, primordialmente (faltan unos 5 ó 6 millones de votos por contar, aproximadamente).

Concretamente, a día de hoy, los resultados en el voto popular son los siguientes:

Clinton: 61.292.712 votos (Obama 65.915.796 votos en 2012): - 4.623.084
Trump: 60.565.143 votos (Romney 60.933.500 votos en 2012): - 368.357
Terceros candidatos: 6.684.449 votos (2.236.107 votos en 2012): + 4.448.342

(Todos estos datos proceden de la magnífica tabla que cada cuatro años elabora el gran Dave Wasserman: 

https://docs.google.com/spreadsheets/d/133Eb4qQmOxNvtesw2hdVns073R68EZx4SfCnP4IGQf8/htmlview?sle=true#gid=19)

Por lo tanto, y con los datos en la mano, y a falta de varios millones de votos por computar, vamos a destruir el primer mito de estas elecciones: la participación no se ha hundido, y eso no es lo que ha derrotado a Hillary Clinton.

En el Colegio Electoral, sin embargo, el voto de Donald Trump se ha distribuido de una manera mucho más eficiente, propiciando un desplazamiento de cien votos electorales desde la columna demócrata a la columna republicana (306 republicanos, frente a 232 demócratas):

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Concretamente, en el siguiente mapa podemos ver qué Estados han cambiado de manos: dejando a un lado Florida, que es un caso especial, se puede apreciar perfectamente qué región es la que ha cambiado de manos: cinco de los siete Estados del Medio Oeste: Iowa, Wisconsin, Michigan, Ohio y Pennsylvania, salvo Minnesota (y ésta por poco) e Illinois (donde la demócrata Chicago es tan potente que desborda al resto del Estado). Y un voto electoral en Maine.

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Pero todavía más interesante es ver, cómo viene siendo el caso en las últimas elecciones y tal y cómo ya anticipábamos en una de nuestras entradas preelectorales, que se han producido dos movimientos tectónicos contrapuestos en las presidenciales: una ola de votantes blancos de clase media-baja que ha aupado a Trump de dos maneras: o bien votando cuando no solían hacerlo, o bien cambiando su voto de Obama en 2012 a Trump en 2016.

El siguiente mapa es muy interesante: en azul los Estados en los que el desplazamiento de voto hacia los republicanos ha excedido la media nacional (+ 3,3 puntos respecto a cuatro años atrás) en verde los Estados en los que dicho desplazamiento ha sido inferior a la media nacional y en rojo los Estados en los que los demócratas han mejorado los resultados de Obama hace cuatro años.

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Como se puede ver, los republicanos lo han hecho especialmente bien en un triángulo que abarca desde el oeste de Montana, pasando por Wyoming, Nebraska, Missouri, Tennessee, Mississipi y Alabama, y sube de nuevo por Tennessee, Kentucky, Virginia Occidental y toda Nueva Inglaterra con la única excepción de Massachusetts.

Por su parte, los demócratas no sólo no retroceden, sino que mejoran sus resultados de hace cuatro años en la costa Oeste (excepto Oregón) y el Sudoeste (especialmente Arizona y Texas), así como en Georgia y Virginia.

Todavía más interesante es la comparación del voto Romney-Trump: en azul, los Estados en los que Trump ha superado en porcentaje de votos a Romney; en rojo, aquellos en los que su porcentaje de voto ha sido inferior:


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Como se puede ver, en todo el Sudoeste (y en Florida), la región más hispana de Estados Unidos, el voto republicano ha retrocedido en términos porcentuales, mientras que en el Oeste y en el Medio Oeste, ha subido, en algunos casos, como Dakota del Norte o Iowa, de manera muy considerable.

La historia de estas elecciones, en suma, es la historia de dos olas: una ola hispana que, asustada por Donald Trump, ha intentado frenarlo en los Estados en los que constituyen una parte sustancial del voto, y una ola blanca, particularmente, pero no sólo de clase media baja, que hace cuatro años no fue a votar o que, en muchos casos, votó por Obama, y que ahora ha decidido votar contra Hillary Clinton.

Éstos son los datos sobre la distribución del voto blanco por nivel de ingresos. Obsérvese que en TODOS los segmentos gana Trump, y que curiosamente el segmento más favorable es los votantes con ingresos de 50 a 100.000 Euros, clase media bastante pura:



Obsérvese en este mapa el desplazamiento hacia la derecha del voto blanco en el Medio Oeste industrial, donde los blancos sin educación universitaria constituyen la mayoría de los votantes.




Y para acabar, un cuadro que muestra la distribución provisional del voto por condados: cuanto más rojo el condado, más republicano respecto a hace cuatro años (véase Iowa, norte de Wisconsin, sur de Missouri, la frontera Ohio-Virginia Occidental o el norte de Nueva York, entre otros muchos ejemplos del triángulo que mencionábamos antes). En cambio, el desplazamiento del voto hacia los demócratas se ve en Seattle, la costa de California, Utah, Arizona, núcleos urbanos de Texas, Miami, Atlanta, Chicago, Boston, Philadelphia, etc).



En resumen: el voto rural y suburbano ha girado, de manera especialmente masiva en el Medio Oeste, hacia los republicanos, mientras que el voto urbano ha girado hacia los demócratas. Pero como los republicanos más o menos se han mantenido, mientras que los demócratas han perdido votos, en especial hacia terceros partidos, eso ha permitido una holgada victoria de Trump en el Colegio Electoral, pese a ir perder el voto popular.

En la próxima entrada analizaremos las claves del triunfo de Trump, más allá de las coordenadas geográficas que hemos dado aquí.