martes, 2 de diciembre de 2008

¿Quo Vadis, Partido Republicano?

El Partido Republicano ha gobernado la Casa Blanca durante 28 de los últimos 40 años, y el Congreso y el Senado entre 1994 y 2006. Sin embargo, las elecciones de medio mandato de ese último año les arrebataron el control de ambas cámaras legislativas, y la victoria de Barack Obama sobre John McCain les ha hecho perder el control sobre la sede del Poder Ejecutivo. El único terreno donde los republicanos conservan el control es el Poder Judicial, dado que el Tribunal Supremo posee una mayoría conservadora de 5 a 4 (aunque el quinto conservador, Anthony Kennedy, tiende a alinearse con los liberales en algunos temas controvertidos) y sobre todo, los Tribunales de apelación federales, que se componen, tras tantos años de presidentes republicanos (que son los que designan a los Jueces federales) de una amplia mayoría de jueces conservadores.

Sin embargo, lo cierto es que tras la derrota del mes pasado, se inicia para el Partido Republicano una travesía del desierto en la oposición de duración impredecible.

Los datos de la encuesta sobre orientación ideológica que el Pew Research Center acaba de publicar proporcionan, en mi opinión, serios motivos de preocupación para el GOP, en primer lugar, por cuanto reflejan que a día de hoy, el Partido Demócrata se parece mucho más a Norteamérica ideológicamente que el Partido Republicano.

Repasemos los datos básicos: según los datos más recientes, los norteamericanos se califican a sí mismos del siguiente modo:

- 38%: Conservadores
- 36%: Moderados
- 21%: Liberales

Sin embargo, esa distribución no se refleja en modo alguno en el Partido Republicano (32% de los votantes en las últimas elecciones), cuyos miembros se califican del siguiente modo:

- 68%: Conservadores (+ 30 sobre la media nacional)
- 25%: Moderados (-11 sobre la media nacional)
- 4%: Liberales (-17 sobre la media nacional)

Observad el contraste con los miembros del Partido Demócrata (39% de los votantes en las últimas elecciones), que se califican así:

- 25% Conservadores (-13 sobre la media nacional)
- 37% Moderados (+ 1 sobre la media nacional)
- 34% Liberales (+ 13 sobre la media nacional)

Y ya que estamos, veamos cuál es la posición de los independientes (29% de los votantes en las últimas elecciones):

- 30% Conservadores (-8 sobre la media nacional)
- 45% Moderados (+9 sobre la media nacional)
- 20% Liberales (-1 sobre la media nacional)

En resumen: para empezar, hay más demócratas que republicanos. En segundo lugar, los republicanos son desproporcionadamente conservadores en relación con la media nacional. En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior: los republicanos moderados son una especie en peligro de extinción y los republicanos liberales (los llamados antaño "Rockefeller Republicans") se han extinguido (se han pasado al Partido Demócrata, anunciando su apoyo a Obama en estas últimas elecciones. Ejemplos diversos: el ex-Senador de Rhode Island Lincoln Chafee, el excongresista por Iowa Jim Leach o incluso el general Colin Powell).

Por su parte, los demócratas, aunque obviamente están algo más a la izquierda de la media nacional, tienen todavía un número nada desdeñable de conservadores (una cuarta parte de los miembros del Partido), y lo que es más importante: hay más moderados que liberales en el Partido Demócrata. En otras palabras: el Partido Demócrata es un partido de centro más que de centro-izquierda, cuyos elementos más extremistas (situados en el ala izquierda) NO controlan el Partido. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo del Partido Republicano.

Como podéis imaginar, llevo varias semanas leyendo todo tipo de análisis sobre la dirección que debe asumir el Partido Republicano en los próximos cuatro años. La mayor parte de ellos incurren en el clásico error que cometen todos los partidos políticos que llevan mucho tiempo en el poder y pierden de manera clara un ciclo electoral: confundirse sobre las causas de la derrota (lo que suele conducirles a la derrota en las siguientes elecciones generales: véase el PSOE en las elecciones de 2000, el Partido Laborista en las elecciones de 1983, etc).

En síntesis, la mayor parte de analistas conservadores (y lo que es más grave, la mayoría de los políticos republicanos, al menos en público) afirman que el Partido Republicano ha perdido las elecciones de 2006 y 2008 porque ha abandonado sus principios conservadores. La solución, por lo tanto, es "volver a las raíces", ser "verdaderamente conservadores", etc, etc.

Lamentablemente, ese es un análisis completamente erróneo. El Partido Republicano ha perdido los dos últimos ciclos electorales, como mínimo, por los siguientes motivos:

- Porque su gestión ha sido incompetente. No es necesario ser de izquierdas para admitir que George W. Bush ha sido un presidente lamentable (como siempre, hablamos de ejecutoria, no de ideología).

Bush sufrió el ataque terrorista más grave de la historia de Estados Unidos (aunque la responsabilidad en estos casos siempre es compartida, y parte de la culpa debe recaer sobre la Administración Clinton), respondió lanzando una guerra (en mi opinión, absolutamente necesaria) contra Afganistán, pero cometió el gravísimo error de no finalizar la tarea iniciada, no capturar al personaje que ideó los atentados (Osama bin Laden), e iniciar una segunda guerra contra Irak, por motivos que se han revelado completamente ajenos a los objetivos fijados en la llamada "Guerra contra el Terror". Y lo que es más grave: Bush carecía evidentemente de un plan para el "día después" de la victoria en Irak.

Al atacar Irak, Bush alienó a sus aliados, estimuló a sus enemigos, debilitó el esfuerzo militar en Afganistán, convirtió Irak en un nido de terroristas y desequilibró y recalentó la economía norteamericana. En todos estos errores, Bush contó con la aquiescencia prácticamente entera del Partido Republicano (y de una minoría significativa del Partido Demócrata).

En materia económica, la obsesión desreguladora de George W. Bush y del Partido Republicano ha permitido generar una burbuja inmobiliaria y financiera de primera magnitud, que ha terminado explotando, creando una crisis económica de dimensiones enormes, que confíamos no alcance las cimas de la Gran Depresión, pero que puede quedársele cerca (el Viernes 5 de diciembre se supo que en Noviembre se había destruido el mayor número de empleos desde 1974, cuando la crisis del petróleo dañó gravemente la economía norteamericana).

Para mayor desgracia, el Partido Republicano (que suele llamarse a sí mismo "el Partido fiscalmente responsable") ha permitido que el déficit público se dispare en los últimos ocho años a niveles desconocidos, limitando con ello la capacidad del nuevo Presidente electo de recurrir al déficit público para estimular la economía. Bill Clinton consiguió reequilibrar el presupuesto tras los excesos del período Reagan-Bush. Ahora a Obama le corresponde una tarea mucho más ardua, a la vista del monumental déficit existente.

- Lejos de no haberse sido suficientemente conservador, parece evidente que el Partido Republicano, en algunos temas, ha sido excesivamente conservador. En los últimos ocho años, los republicanos han renegado del legado de Reagan en un punto a mi entender crucial: Reagan era un optimista que hacía campaña en positivo (una de sus frases mejores, que cito más o menos de memoria: "espero que, si me recordáis, lo sea porque siempre apelé a vuestras esperanzas y no a vuestros temores", y otra, para que veáis que hasta criticar al adversario se puede hacer con gracia (debate presidencial de 1980): "La recesión se produce cuando tu vecino pierde su empleo. La depresión, cuando tú pierdes tu empleo. Y la recuperación se iniciará cuando Jimmy Carter pierda el suyo".

En los últimos ocho años, en cambio, el Partido Republicano ha destacado por su tono constantemente negativo e intolerante: es un Partido antihispanos (y antiminorías en general), antigays, antimusulmanes, anti-todo lo que no se corresponda a su imagen preconcebida de América. Veamos algunos ejemplos:

a) Antihispanos: la propuesta (que hizo el presidente George W. Bush en 2007) de aprobar una ley comprensiva en materia de inmigración (que permitía adquirir la residencia a los inmigrantes ilegales siempre y cuando acreditaran un nivel de inglés aceptable y pagaran severas multas) fue fulminada en el Senado no por los demócratas (aunque algunos hubo), sino por una mayoría de republicanos. El Partido Republicano tiene un solo Senador hispano (Mel Martinez de Florida, que para colmo ya ha anunciado que se retira en 2010) y tan solo tres congresistas hispanos (los tres cubanos de Miami, anticastristas), cuando deberían tener como mínimo 5 y 25, respectivamente, para reflejar el peso hispano en el país (13% de la población). Pese a colocar en el ticket a John McCain (que apoyó el Plan Bush, perdiendo casi la nominación por esa causa), los hispanos no mordieron el anzuelo esta vez, asqueados por los constantes insultos de congresistas republicanos como Tom Tancredo o comentaristas radiofónicos como Russ Limbaugh.

b) Antigays: los republicanos han impulsado a lo largo de los últimos ocho años referendums a lo largo de todo el país para constitucionalizar en cada Estado la prohibición del matrimonio homosexual, y en 2005 intentaron hacerlo a nivel federal (se quedaron a un solo voto de lograrlo). Este año, han conseguido repeler en referéndum el matrimonio homosexual en California (algo más diremos sobre esto).

c) Antimusulmanes: la campaña contra Obama en ese sentido bastaría para demostrar la profunda intolerancia que anima a grandes sectores del Partido Republicano contra sus compatriotas musulmanes. También los comentarios insultantes que se produjeron cuando el congresista musulmán Keith Ellison, de Minnesota, quiso jurar en 2007 su cargo sobre el Corán.

En resumen: el Partido Republicano lleva varios años alienando a una serie de grupos minoritarios (pero crecientes, como los hispanos) con medidas insultantes y que responden a una concepción intolerante y anacrónica del conservadurismo. Al actuar así, el Partido Republicano se está convirtiendo en un partido homogéneamente blanco, envejecido y rural, en otras palabras: en una estupenda máquina de perder elecciones.

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Todo lo cual nos conduce inexorablemente una vez más a la pregunta del título: ¿qué rumbo ha de tomar el Partido Republicano en el futuro?

En primer lugar, lo que hay que hacer es volver al concepto que tenía Ronald Reagan de que el Partido Republicano sea "una gran tienda" en la que quepan más tendencias que las actualmente existentes.

Todos los partidos políticos tienden inevitablemente a intentar depurar a sus elementos más "centristas" (así, Ruiz Gallardón en el PP, José Bono en el PSOE, Kenneth Clarke en los conservadores británicos, etc). El Partido Republicano no ha sido una excepción: en los últimos cuatro años, los republicanos moderados han sido literalmente exterminados en el Senado y el Congreso, a veces por los demócratas, pero en demasiadas ocasiones por los propios republicanos en primarias estúpidas que sólo han servido para regalarle el escaño al Partido Demócrata (por ejemplo, en 2006, el Senador republicano de Rhode Island, Lincoln Chafee, se tuvo que gastar un dineral para frenar a un conservador, para luego ser derrotado, por culpa entre otras cosas de la falta de dinero, por un demócrata en las generales. En 2008, el congresista republicano del Distrito 1º de Maryland, Wayne Gilchrest, que se había mostrado cada vez más contrario a la guerra de Irak, fue derrotado en las primarias republicanas por un conservador ortodoxo que fue posteriormente derrotado a su vez por un demócrata moderado (en un distrito más bien conservador).

El Partido Demócrata también sufre en ocasiones esa tentación, pero suele controlarla mejor (aplicándola en distritos tan demócratas que no se pueden perder). Y sobre todo, en los últimos dos ciclos electorales se ha esforzado por ajustar a sus candidatos a sus Estados o distritos, y no a un supuesto "test de ortodoxia". Así, demócratas conservadores como Travis Childers en Mississipi o Bobby Bright en Alabama han conseguido ganar su escaño en distritos muy conservadores. Demócratas moderados como Mark Warner en Virginia o Mark Begich en Alaska han ganado sus escaños obteniendo diez puntos más que Obama en sus respectivos Estados.

El Partido Demócrata es así cultural, étnica e ideológicamente más variado, más tolerante, y más representativo de la realidad norteamericana, a día de hoy, que el Partido Republicano.

Por lo tanto, el Partido Republicano tiene que aceptar que para ganar en lugares como la ciudad de Nueva York o la costa de California necesita nominar a republicanos moderados o incluso liberales, y no a conservadores ortodoxos que jamás serán elegidos.

Pero esto no deja de ser una cuestión táctica. A largo plazo, lo que se impone es una revisión en profundidad sobre la noción de qué significa ser conservador, eliminando diversas excrecencias que se han incrustado en dicha noción, contaminándola y pervirtiéndola.

No quiero decir con ello que los conservadores tengan que dejar de serlo para pasar a ser de izquierdas. Hay cuestiones en los que no hace falta ser conservador para mantener una postura como mínimo prudente frente a ellas, como algunos de los temas más candentes en materia de bioética: aborto, eutanasia, clonación...

Ahora bien, ¿desde cuándo la postura manifiestamente hostil ante la inmigración es una posición "conservadora"? Desde el punto de vista estadounidense, la venenosidad de los republicanos conservadores frente a los inmigrantes ilegales es incongruente históricamente (en última instancia, el 99% de los norteamericanos es descendiente de inmigrantes) y religiosamente (por cuanto es una postura manifiestamente anti-cristiana).

El Partido Republicano necesita matizar imperiosamente su postura hostil frente a los gays (sintetizada en los infames anuncios en los que se insinúa que hay que impedir el matrimonio y la adopción gay porque hay que proteger a los niños de los gays, como si los homosexuales fueran todos pederastas). Si un mero argumento de tolerancia y decencia no bastara para convencer a los republicanos, me permito hacer notar que están en este asunto en el lado equivocado de la historia, y que la equiparación de derechos entre heterosexuales y homosexuales es cuestión de tiempo.

Esto no es una opinión, sino una estadística: como recordaréis, el 4 de noviembre los votantes de California aprobaron incluir la definición de matrimonio en la Constitución del Estado como exclusivamente la "unión entre hombre y mujer". El resultado fue 52,3% a favor, 47,7% en contra. El problema es que las encuestas a pie de urna reflejan que entre los votantes de 18 a 29 años, el resultado fue 39% a favor, 61% en contra. En otras palabras: que los votantes más viejos son los que están en contra y los votantes más jóvenes están en su mayoría a favor del matrimonio gay (en California). Es una mera cuestión de tiempo (¿10, 15 años?) para que se empiecen a enmendar las Constituciones de los distintos Estados que han prohibido el matrimonio gay para revocar dichas medidas. Y el Partido Republicano tiene dos opciones: atrincherarse en una postura equivocada (porque la condición homosexual no está reñida con el conservadurismo) o, una vez más, alienar a una minoría importante (entre el 7 y el 10% de la población).

Si los republicanos no son capaces de aceptar la noción de matrimonio homosexual, al menos deberían ser capaces de aceptar la posibilidad de uniones de hecho (prohibidas constitucionalmente en 14 Estados que votaron por McCain -y 5 que votaron por Obama-).

La desesperante costumbre del Partido Republicano de calificar de desleales y traidores a los que no votan como ellos (eso que Sarah Palin llama "la América real", una Arcadia rural que jamás existió, frente a las grandes ciudades malvadas y liberales) ha acabado desgastando la marca republicana de una manera atroz.

Y por último, es esencial que los republicanos empiecen a ser un Partido serio en materia económica. La realidad demuestra que el Partido Republicano, hoy en día, es el partido del déficit, de las bajadas de impuestos a los ricos, y de la crisis económica, y que la retórica de los republicanos está a años luz de su ejecutoria.

Este correo es ya demasiado largo, así que en el siguiente correo hablaremos de las perspectivas republicanas de cara a 2012.