martes, 13 de octubre de 2015

Caos en la Cámara de Representantes

En las últimas semanas, la disfunción en la Cámara de Representantes de Estados Unidos ha alcanzado unos niveles verdaderamente desconocidos.

Todo empezó el 25 de septiembre pasado, cuando John Boehner, el Speaker de la Cámara de Representantes desde enero de 2011 y líder de los republicanos desde enero de 2007, anunció su retirada con fecha 30 de octubre.

Resultado de imagen para john boehner crying

La posición de Speaker (literalmente, "portavoz", aunque quizá "Presidente" sería más ajustado) es tremendamente relevante: es el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes (el equivalente a nuestro Congreso) y el tercero en la línea de sucesión presidencial (tras el Presidente y el Vicepresidente).

Boehner, congresista por el octavo distrito de Ohio desde enero de 1991, es un auténtico veterano de la Cámara (es el 28ª de 435 congresistas por antigüedad), aunque no es especialmente viejo (sólo tiene 65 años). Aliado de Newt Gingrich durante los años en que éste fue Speaker (el primero republicano en 40 años), consiguió, tras un breve periodo de eclipse, alcanzar el liderazgo de los republicanos en la Cámara baja, primero como líder de la minoría y luego, tras las elecciones de medio mandato de 2010, como líder de la mayoría, tras una amplísima victoria republicana (ampliada si cabe en 2014)

Sin embargo, los años de Boehner como Speaker han venido marcados por una curiosa sensación de fracaso: entre 2011 y 2015 se enfrentó con un Senado de mayoría demócrata y aunque en las elecciones de medio mandato de 2014 los demócratas perdieron su mayoría en el Senado, conservaron su capacidad de bloqueo (el denominado "filibusterismo") y en cualquier caso, Obama ha sido presidente con capacidad de veto durante todo el periodo.

Las evaluaciones de Boehner dependen del punto de vista: desde la posición demócrata, ha sido un Speaker totalmente negativo, incapaz de alcanzar consensos con los demócratas y sin que quepa decir de él que haya aprobado leyes significativas. Desde el punto de vista de los republicanos "tradicionales", ha conseguido mantener unido a su grupo parlamentario, impidiendo fugas hacia su izquierda y bloqueando la agenda demócrata en los últimos cinco años. Pero desde el punto de vista de una facción minoritaria republicana, a la que llamaremos los "radicales", no ha sido capaz de imponerse a Obama (cómo debía imponerse a un presidente con el poder de veto es algo que los radicales nunca saben explicar).

Las luchas con esa facción (que se autodenomina el "House Freedom Caucus") han desgastado enormemente a Boehner, hasta el punto de que es el primer Speaker que se retira a medio mandato sin verse forzado a ello por un escándalo en más de 100 años. Boehner ha criticado duramente a los radicales, a los que acusa de engañar a los votantes republicanos, prometiéndoles cambiar cosas como el Obamacare cuando no existe mayoría suficiente para ello en ninguna de las dos Cámaras (se necesitan dos tercios de los votos para superar el veto presidencial).

La composición exacta del House Freedom Caucus es desconocida, pero se calcula que tiene unos 40 miembros. Ahora bien, esa cifra es muy problemática, por el siguiente motivo:

- Para ser nombrado Speaker, se necesita la mayoría absoluta de los congresistas: 218 de 435. En teoría, con 247 republicanos, el sucesor de Boehner no debería tener problemas para salir elegido.

- Pero los 40 miembros (aproximadamente) del House Freedom Caucus están dispuestos a votar a su propio candidato antes que votar a otro Boehner. Eso impide a los republicanos alcanzar la mayoría de 218, salvo que le pidan ayuda a los demócratas (ayuda que éstos desde luego no piensan dar gratis). 

- Por lo tanto, la composición de la Cámara de cara a la elección del nuevo Speaker a día de hoy es la siguiente: unos 207 republicanos "tradicionales", 40 "radicales" y 188 demócratas. La Cámara está bloqueada y Boehner, por el momento, continúa como Presidente, a fin de no dejar a la institución descabezada.

La confirmación de dicho bloqueo se produjo de la forma más espectacular posible el jueves pasado, cuando Kevin McCarthy, el nº 2 de Boehner (House Majority Leader) se presentó ante los miembros del grupo parlamentario republicano para proponer su candidatura y se dio cuenta, al parecer súbitamente, de que carecía de los 218 votos necesarios para ganar una votación.


Este hecho sembró el pánico entre los republicanos: la votación, prevista para ese mismo 8 de octubre, se ha pospuesto sine die, mientras los conservadores buscan desesperadamente en sus filas a un candidato que pueda obtener al mismo tiempo los votos de la mayoría republicana y de la minoría radical.

El único candidato que parece suscitar consenso es Paul Ryan, congresista desde enero de 1999, Presidente del Cómite de la Cámara sobre impuestos y candidato a la vicepresidencia con Mitt Romney en 2012. El problema es que Ryan no quiere el puesto (visto lo visto, no es de extrañar).

Ryan tiene unos objetivos muy claros: jibarizar el débil Estado del bienestar americano, reduciendo los programas de ayuda social: la Seguridad Social, el Medicare y el Medicaid, principalmente, y promover enormes rebajas de impuestos para los ricos. Aspira a conseguirlo a través de los Presupuestos Generales, no desde la condición de Presidente de la Cámara. Ryan es perfectamente consciente de que los 40 radicales se volverán contra él tan pronto como sea elegido, y que mientras Obama sea Presidente, no tiene posibilidad alguna de alcanzar sus objetivos presupuestarios, porque Obama se los vetará. No quiere quemarse en una lucha inútil.


El problema es que mientras los republicanos se pelean, hay una serie de plazos muy peligrosos para la economía americana que se acercan inexorablemente:

1) En torno al 5 de noviembre, el Gobierno alcanzará su "límite de deuda", definido del siguiente modo por el Tesoro norteamericano:

The debt limit is the total amount of money that the United States government is authorized to borrow to meet its existing legal obligations, including Social Security and Medicare benefits, military salaries, interest on the national debt, tax refunds, and other payments. The debt limit does not authorize new spending commitments. It simply allows the government to finance existing legal obligations that Congresses and presidents of both parties have made in the past.   

El límite de deuda debe ser elevado periódicamente por el Congreso. De no hacerlo, Estados Unidos entra en quiebra, porque no puede financiar sus obligaciones legales.

Es un sistema enloquecido, porque invita a lo que están haciendo los republicanos en los últimos años: usar deudas existentes y ya autorizadas por el Congreso para chantajear al Presidente bajo la amenaza de no pagarlas.

2) En torno a finales de año, se producirá un "cierre del gobierno" (government shutdown), que no es lo mismo que el supuesto anterior: el cierre se produce cuando la Cámara no aprueba los presupuestos para los distintos departamentos gubernamentales, obligando al cierre de los mismos ante la imposibilidad de pagar sueldos y a los proveedores en ausencia de un nuevo presupuesto.

Este mecanismo también lleva siendo utilizado de forma creciente desde 1976 por parte de los distintos partidos para obtener concesiones en el debate presupuestario. El problema es que un cierre del gobierno prolongado (como el que ocurrió en 1995 y 2013) daña a la economía, al impedir el consumo por parte de los funcionarios federales y los ingresos por parte de los contratistas públicos.

En suma: la situación no es nada divertida. Es de esperar que a) Ryan sea convencido de que tiene que sacrificarse por la causa -aunque a día de hoy no está nada claro que los 40 radicales fueran a votar por él o b) que Boehner permanezca de manera interina durante unos meses y, liberado ya de la necesidad de complacer a los radicales, pacte con los demócratas y una parte sustancial de los republicanos elevar el límite de deuda y los nuevos presupuestos.

El problema es que los republicanos están aterrorizados de que los radicales les acusen de "RINOs" (Republicans In Name Only), y de ser derrotados en las primarias por candidatos más conservadores (no es un temor fútil: es exactamente lo que le ocurrió al predecesor de Kevin McCarthy, Eric Cantor, que vio truncada su carrera en 2014 precisamente por ese motivo). Claro que peor será cómo los ciudadanos les acaben acusando de destruir la economía americana, que es lo que pasará si no se eleva el límite de deuda, algo que no ha sucedido nunca.