domingo, 4 de octubre de 2015

El problemático sistema electoral catalán

No hay sistemas electorales perfectos. Eso está claro. Hay sistemas que priman la cercanía entre el diputado y el elector a costa de la proporcionalidad (Canadá, Reino Unido), sistemas que priman la proporcionalidad frente a la cercanía diputado-votante (Israel), sistemas que intentan equilibrar ambas cosas (Alemania, Nueva Zelanda) y sistemas que fracasan estrepitosamente en ambos aspectos (España en general, y Cataluña en particular).

El sistema electoral catalán está particularmente plagado de defectos:

1) Las circunscripciones están desequilibradas: hay una provincia muy grande, Barcelona, infrarrepresentada, y otras tres pequeñas, Tarragona, Girona y Lleida, sobrerrepresentadas.

Aplicando el principio una persona un voto:

- Barcelona debería tener 101 diputados, no 85 (16 más)
- Tarragona debería tener 14, no 18 (4 menos)
- Girona debería tener 12, no 17 (5 menos)
- Lleida debería tener 8, no 15 (7 menos)

Ese desequilibrio provoca de manera demasiado habitual resultados injustos, en los que partidos con menos votos sacan más escaños que otros:

- En 1995 ERC sacó dos escaños más que IC con 7.000 votos menos.
- En 1999 y 2003 CIU sacó cuatro escaños más que el PSC con 5.000 y 7.000 votos menos, respectivamente. Este resultado fue particularmente grave porque generó la impresión de que CIU había ganado las elecciones cuando las había ganado el PSC.
- En 2010 Solidaritat per la Independencia sacó un escaño más que Ciudadanos con 4.000 votos menos.

Este desequilibrio resulta especialmente gravoso porque, como saben los lectores de este blog, el comportamiento electoral de Barcelona es muy distinto al de las tres provincias pequeñas (especialmente Girona y Lleida). Se produce de este modo una sobrerrepresentación sistemática del voto independentista sobre el unionista.

Simplemente repartiendo el voto de manera proporcional entre las cuatro provincias el resultado ya hubiera sido algo distinto y no habría habido 72 diputados independentistas, sino 70:

JXS: 60 (-2)
C's: 26 (+1)
PSC: 17 (+1)
CSQEP: 12 (+1)
PP: 10 (-1)
CUP: 10 (=)

2) Pero existen otros problemas adicionales: para poder entrar en el reparto de escaños, hay que obtener al menos un mínimo del 3% de los votos. Esto no tiene especial incidencia en las tres provincias pequeñas, donde se necesita al menos un 4% para entrar por el limitado número de escaños pero en Barcelona, donde se reparten 85 escaños (que deberían ser 101, como hemos dicho), una barrera del 3% impide el acceso a partidos que, aplicando estrictos criterios de proporcionalidad, deberían tener escaños.

Eso ha ocurrido sistemáticamente en las elecciones catalanas desde el comienzo de las mismas:

- En 1980 al menos tres partidos: Solidaridad Catalana (la antigua Alianza Popular), Nacionalistes d' Esquerres y Unitat Popular pel Socialisme hubieran obtenido 1 ó 2 diputados sin la barrera del 3%.
- En 1984 y 1999 hubiera ocurrido exactamente lo mismo con el Partit dels Comunistes de Catalunya y Esquerra Unida i Alternativa.
- En 2010 y 2012, Plataforma por Catalunya hubiera entrado en el Parlament sin ese límite. En 2012, Solidaritat per la Independència probablemente también hubiera entrado.

Y en estas elecciones, Unió hubiera entrado sin duda en el Parlament. Con  un reparto proporcional de los escaños entre las provincias, y una barrera electoral del 1% en lugar del 3% (elementos ambos que resultan más proporcionales que el actual sistema existente), el resultado hubiera sido el siguiente:

JXS: 59 (-3)
C's: 26 (+1)
PSC: 17 (+1)
CSQEP: 11 (=)
PP: 10 (-1)
CUP: 10 (=)
Unió: 2 (+2)

E insisto, en un Parlamento de 135 diputados, un partido que obtiene el 2,51% del voto debería tener representación.

3) Y aún tenemos un tercer problema adicional: la Ley d' Hondt, que tiende a sobrerrepresentar a los partidos más votados y a castigar a los menos votados. En España, como bien indica el equipo de Piedras de Papel en su interesantísimo libro "Aragón es nuestro Ohio", el problema de la desproporcionalidad es más culpa de las circunscripciones pequeñas que de la Ley d' Hondt. Pero en Cataluña, donde las cuatro circunscripciones tienen bastantes diputados, es evidente que la ley altera los resultados profundamente.

Si aplicamos el método Saint-Lague (que en vez de ir dividiendo los resultados por 1,2,3,4,5 implica dividirlos por 1,3,5,7 etc), como bien explica Manuel Álvarez-Rivera en este excelente artículo en su imprescindible página web de resultados electorales mundiales, el resultado hubiera sido muy distinto y mucho más ajustado a la realidad catalana (66 escaños independentistas, 69 unionistas):

JXS: 54 (-8)
C's: 24 (-1)
PSC: 18 (+2)
CSQEP: 12 (+1)
PP: 12 (+1)
CUP: 12 (+2)
Unió: 3 (+3)

(El resultado de Álvarez-Rivera es ligeramente distinto porque toma los datos del censo de 2011 y mantiene la barrera del 3%, pero la conclusión final no cambia).

Por lo que pueda valer, aplicando el método denominado "de restos más altos", el resultado es el mismo.

En resumen: si se hubieran aplicado tres modificaciones que hacen el cálculo más proporcional: circunscripciones ajustadas a su población real, barrera de entrada del 1% y sistema Saint-Lague o de restos más altos en lugar de la Ley D' Hondt, la noche electoral hubiera sido muy distinta (y lo que es más importante, hubiera reflejado la realidad de una manera más ajustada). Y hoy, en lugar de ir a un gobierno de confrontación independentistas vs unionistas, veríamos negociaciones transversales entre unos y otros.

4) Y no entro ya siquiera en el problema de las listas abiertas o al menos desbloqueadas, o en la posibilidad de aplicar un sistema mixto como el alemán (50% circunscripciones uninominales, 50% por provincias o incluso por circunscripción única catalana). El actual sistema, en el que nadie conoce al décimo diputado de JXS o al octavo de Ciudadanos por Barcelona, y en el que las cúpulas de los partidos tienen un control casi completo sobre sus diputados, es, como mínimo, poco satisfactorio en lo que se refiere a la representatividad de los diputados ante sus electores.