Mientras esperamos el cierre de los colegios electorales en New Hampshire, veamos la media de las encuestas. En el bando republicano, Trump lidera con casi más de 15 puntos de ventaja de media sobre Marco Rubio y John Kasich, a los que siguen a corta distancia Ted Cruz y Jeb Bush (cortesía de RealClearPolitics):
¿Cuáles son los aspectos a tener en cuenta esta noche?
Entre los republicanos:
1) Si Trump conseguirá mantener el voto que predicen las encuestas o si, igual que le ocurrió en Iowa, muchos de sus presuntos seguidores no comparecen a las urnas. Su ventaja es tan elevada que aunque pierda siete puntos, al igual que le ocurrió la semana pasada, le bastaría para ganar. Pero con un 25% de apoyo no basta para ganar las siguientes primarias, porque no va a haber nueve candidatos repartiéndose el voto perpetuamente.
2) Tanto o más interesante que el porcentaje de voto de Trump es responder a la pregunta de quién quedará segundo:
¿Conseguirá John Kasich amortizar los casi seis meses que lleva acampado en New Hampshire? ¿Le apoyarán los republicanos moderados que son la minoría mayoritaria del Partido en el Estado?
¿Resurgirá Jeb Bush de entre los muertos, a la vista de la división existente entre sus rivales?.
¿Conseguirá Ted Cruz quedar segundo, aprovechándose de la división entre los candidatos del establishment?
Y la pregunta del millón: ¿afectará a Marco Rubio su mala actuación en el debate de este fin de semana, en el que Chris Christie consiguió definirlo como un robot incapaz de salirse del guión? La prensa norteamericana, curiosamente, se ha lanzado en masa contra Rubio, cuando hasta ahora le habían tratado con guantes de seda. Contexto del vídeo: Rubio repite una línea contra Obama en dos ocasiones en medio de un ataque contra la mediocre gestión de New Jersey por parte de Christie. Éste responde acusándole de ser un político sin logro alguno, capaz sólo de repetir la misma frase. E increíblemente, Rubio cae en la trampa:
3) Y para acabar, ¿cuantos candidatos quedarán tras New Hampshire? Lo más probable es que entre un tercio y la mitad de los candidatos abandonen en los próximos días (Fiorina, Gilmore y quizá Christie son los candidatos con más números para no continuar).
Entre los demócratas:
1) Cualquier cosa que no sea la victoria de Sanders sería una sorpresa descomunal y un fallo monumental de las encuestas.
2) A lo máximo que puede aspirar Clinton es a minimizar los daños, intentando perder por menos de diez puntos, aprovechando que las primarias demócratas son menos interesantes que las republicanas.
En cualquier caso, Hillary sabe que una vez derrotada en New Hampshire, la campaña se mueve hacia Nevada y Carolina del Sur, Estados con muchas más minorías y menos blancos liberales, un terreno más favorable para ella.
Los caucuses de Iowa no alteraron, en mi opinión, el curso previsto de las primarias demócratas, esto es, la inevitable victoria de Hillary Clinton. Empecemos, una vez más, por los resultados, extraídos de Wikipedia:
Como se puede ver, la victoria de Hillary no pudo ser más ajustada. Ganó por dos décimas (y ni siquiera está claro que lo hiciera en número de votos, porque el Partido Demócrata de Iowa sólo da el número de delegados, no de votantes. Otra muestra de lo arcaicos que resultan los caucuses)
¿Qué significa esto para los candidatos?
1) Hillary Clinton ganó por los pelos, pero ganó. Con eso evitó entrar en una peligrosa dinámica para ella de derrotas frente a Bernie Sanders. Contrariamente a lo que nuestros lectores hayan podido encontrar en la prensa, el resultado de Iowa es bueno para Hillary, porque Iowa es el tercer Estado con más blancos liberales demócratas de Estados Unidos, que es la combinación más favorable posible para Bernie Sanders, cuyo máximo nivel de apoyo se encuentra precisamente entre los blancos liberales demócratas.
Basta con examinar este magnífico cuadro (y artículo) que elaboraron en Fivethirtyeight para entender que Bernie Sanders necesitaba ganar en Iowa:
Los únicos Estados más favorables que Iowa para Bernie Sanders son New Hampshire (donde las encuestas indican que conseguirá una cómoda victoria esta semana entrante) y su propio Estado, Vermont. Pero a partir de allí las siguientes citas electorales son delicadas para el socialista (en Carolina del Sur hay apenas un 19% de blancos liberales demócratas).
2) No quiero negarle el mérito a Bernie Sanders, que consiguió un resultado enormemente meritorio, teniendo en cuenta los notables handicaps de los que parte (edad, posicionamiento ideológico, carácter gruñón). Pero hay un indicio espectacularmente ominoso para él en la encuesta a pie de urna de la NBC para Iowa. Así cómo entre los blancos Hillary ganó apenas 49-46 a Sanders, entre los escasos negros, latinos y asiáticos de Iowa Hillary ganó con claridad: 58 a 34.
¿Qué le ocurrirá a Bernie Sanders cuando lleguemos a Estados con minorías raciales mucho más numerosas que en Iowa y New Hampshire? Pues lo sabremos muy pronto, porque Nevada, con un 25% de latinos en las primarias demócratas y Carolina del Sur, con un 50% de negros en las primarias demócratas, son los siguientes Estados en votar. Y si Sanders no es capaz de mejorar sus resultados con las minorías, será arrollado en esos dos Estados (y en el Supermartes, que viene inmediatamente después).
3) En cuanto al pobre Martin O' Malley, sepultado entre los dos titanes, se vio obligado a retirarse nada más finalizar los caucuses. (Nota: sus escasos seguidores, en segunda instancia, fueron a Bernie Sanders, lo que explica porque el resultado final fue finalmente todavía más ajustado de lo que auguraban las encuestas).
En resumen: diga lo que diga la prensa, los resultados de Iowa fueron buenos para Hillary. Aunque será derrotada en New Hampshire, sospecho que el margen será inferior al que ahora indican las encuestas (unos 17 puntos). Y lo que importa es que ocurrirá después, cuando abandonemos el terreno favorable para Bernie Sanders y nos dirijamos al Sur.
Y, por último, lo que significan para los candidatos:
1) Ted Cruz consiguió, gracias a una buena organización en el Estado y al apoyo de sus votantes evangélicos, ganar contra pronóstico el caucus y mantener vivas sus esperanzas en una victoria final. Cruz tenía que ganar y ganó. Merece la pena señalar, sin embargo, que esa victoria no le ha supuesto un gran impulso de cara a las primarias de New Hampshire (un Estado de Nueva Inglaterra, en el que el perfil evangélico de Cruz no resulta especialmente apetitoso para sus republicanos, más bien moderados).
2) Donald Trump fracasó claramente, demostrando que no basta con hacer campaña en televisión. La falta de músculo organizativo se paga gravemente en los caucuses. Las primeras encuestas de New Hampshire reflejan un ligero retroceso para él, aunque su ventaja es tan elevada que probablemente todavía ganará el Estado. Sin embargo, mordido a su derecha por Ted Cruz y por el centro -republicano, no en un sentido general- por Marco Rubio, la supuesta autopista que tenía hasta el momento hacia la nominación se ha convertido en un sendero duro e improbable. Si no gana New Hampshire, sus posibilidades se verán reducidas básicamente a 0.
3) En cambio, Marco Rubio salió, a mi juicio, como el gran vencedor de las primarias. Rubio, que en la media de las encuestas el 24 de enero estaba por debajo del 11%, finalmente dobló ese resultado y a punto estuvo de superar a Donald Trump, ganando, además en Des Moines, la capital, lo que revela que es probablemente el candidato más competitivo en los núcleos urbanos, que suelen ser el talón de Aquiles del Partido Republicano.
En los días sucesivos, ha conseguido el apoyo de dos senadores (uno de ellos, Tim Scott, de Carolina del Sur, muy importante) y cinco congresistas, convirtiéndose en el candidato con más apoyo institucional. En las encuestas de New Hampshire ha pasado de estar en quinta posición con menos del 10% a segundo con más del 16% y subiendo, por lo que no es descartable que finalmente consiga superar a Trump.
Hace unas semanas, Rubio explicó que su estrategia era 3-2-1 (es decir, quedar tercero en Iowa, segundo en New Hampshire y primero en Carolina del Sur. La parte "3" del plan ha salido magníficamente bien, la del "2" tiene muy buena pinta, y la del "1", aunque muy difícil, ya no está fuera del reino de lo posible.
4) En cuanto a los demás, sus resultados oscilaron entre lo decepcionante (Carson, Paul) y lo directamente ridículo (Bush y los demás). Rand Paul, Mike Huckabee y Rick Santorum procedieron a retirarse de inmediato o en los días siguientes. Bush, Kasich, Christie (y no digamos ya Fiorina) aspiran a un improbable milagro en New Hampshire, especialmente ahora que Marco Rubio está mordiendo entre sus potenciales votantes.
En suma: empezaron 17, cinco se retiraron antes de Iowa y tres después. Sólo quedan 9, de los que más o menos la mitad se retirarán después de New Hampshire. Y de entre los que queden, únicamente Cruz, Trump y Rubio tienen posibilidades, siendo éste último, a mi juicio, el gran favorito para la victoria final.
Mientras esperamos al inicio de los caucuses de Iowa, veamos la media de las encuestas. En el bando republicano, Trump lidera con casi cinco puntos de ventaja de media sobre Ted Cruz, con Marco Rubio destacándose claramente en la tercera posición respecto de los demás (cortesía de RealClearPolitics):
En cuanto a los demócratas, Clinton lidera por cuatro puntos a Bernie Sanders, con Martin O' Malley a muchísima distancia (otra vez, RealClearPolitics):
¿Cuáles son los aspectos a tener en cuenta esta noche?
Entre los republicanos:
1) Si Trump conseguirá atraer a nuevos votantes poco habituales al caucus, especialmente votantes blancos de clase media baja y mediana y tercera edad que rara vez acuden al mismo.
2) Si Ted Cruz conseguirá que los cristianos evangélicos se movilicen en masa (y abandonen a Carson, Huckabee y Santorum) para impedir la victoria de Trump.
3) Si Marco Rubio realmente conseguirá despegarse claramente de los restantes candidatos del establishment (Bush, Kasich y Christie) consiguiendo un impulso quizá decisivo de camino a New Hampshire.
Entre los demócratas:
1) Si Sanders es capaz de movilizar al voto joven, más reacio a asistir a los caucuses.
2) ¿Que ocurrirá con el 4% de O' Malley? Los caucuses demócratas de Iowa tienen un umbral de viabilidad del 15% (es decir, que para un candidato pueda ser votado tiene que tener al menos un 15% de votantes). Como O' Malley no va a llegar a ese límite salvo en un par de precintos, ¿adonde irán sus votantes? Probablemente se repartirán entre Clinton y Sanders, pero si se decantan por este último podrían llevar al socialista de Vermont a la victoria in extremis.
Para quien quiera entender cómo funcionan los caucuses demócratas, ¿qué mejor que hacerlo con Legos? (cortesía de Outside the Beltway)
Y por último, los ganadores (presumiblemente Trump y Clinton), tras una dura campaña, se sentirán así:
La obsesión de los medios de comunicación por dar emoción a cosas que no la tienen les está llevando, en estos días previos a los caucuses de Iowa y a las primarias de New Hampshire, a informar a sus lectores, oyentes u espectadores de que las primarias demócratas están mucho más disputadas de lo que realmente lo están, y que Bernie Sanders tiene alguna opción de derrotar a Hillary Clinton.
Eso es sencillamente falso. Los datos a día de hoy son tan incontestables como lo eran hace tres meses, cuando echamos una última mirada a las primarias demócratas.
1) Hillary continúa teniendo, de manera abrumadora, el mayor número de apoyos dentro del Partido Demócrata. Véase la tabla de apoyos explícitos que contabiliza diariamente Fivethirtyeight, el blog de Nate Silver. A día de hoy:
- Hillary tiene 458 "puntos" de apoyo (Silver atribuye 10 puntos por gobernador, 5 por senador y 1 por congresista), lo que supone que su candidatura es apoyada por 12 de los 18 gobernadores demócratas, 38 de los 46 senadores, y 148 de los 188 congresistas. La inmensa mayoría del partido está con Hillary.
- Los dos únicos rivales que le quedan a día de hoy, Bernie Sanders y Martin O' Malley, tienen el apoyo de 2 y 1 congresista, respectivamente, las mismas personas que les apoyaban hace tres meses, por cierto.
Hillary es la candidata más dominante de la historia de las primarias demócratas: a 8 días de los caucuses de Iowa, ningún candidato (ni Al Gore en el 2000) tenía tantos apoyos.
2) Hillary sigue siendo la candidata que más dinero ha recaudado (114 millones de dólares a día de hoy), muy por encima de Bernie Sanders (con unos muy respetables 74 millones de dólares). A eso hay que añadirle todos los millones de dólares de los Comités de Acción Política (Super Pacs) que la apoyan (Bernie Sanders, en un gesto de desarme unilateral absurdo, no emplea Super Pacs). Hillary también es la candidata con más dinero en mano (38 millones) aunque Sanders está más cerca de ella en este punto (28 millones).
3) Es cierto que las encuestas de Iowa y New Hampshire muestran un estrechamiento de las diferencias entre ambos candidatos. En Iowa, como se puede ver, Hillary sólo tiene una media de cinco puntos de ventaja en las encuestas, pero eso debería bastarle para ganar:
En New Hampshire, en cambio, todo parece indicar que Sanders va a ganar el Estado, aprovechándose del liberalismo de sus votantes y de su contigüidad a Vermont (que es el estado natal de Sanders). Aquí tenemos la media de las encuestas a día de hoy en New Hampshire, aplicando la opción "less smoothing" del "Pollster" del Huffington Post:
4) El plan de Sanders es claro: derrotar a Hillary en Iowa y New Hampshire, provocando un efecto bola de nieve que le permita derrotarla tambíen en Nevada y Carolina del Sur, liquidándola durante el supermartes.
El problema es que una vez pasados Iowa y New Hampshire, estados blancos como la nieve, Nevada y Carolina del Sur son Estados mucho más parecidos a Estados Unidos, es decir, con fuertes minorías hispana y negras, que apoyan mucho más claramente a Hillary que a Sanders.
En Nevada, la media de las encuestas elaborada por Fivethirtyeight le da a día de hoy 22 puntos de ventaja a Hillary. En Carolina del Sur, la ventaja pasa a ser de 40 puntos:
5) En 2008 ya intentamos explicar a nuestros lectores la composición de las tres partes del Partido Demócrata: simplificando horrorosamente: un tercio de blancos liberales de clase media-alta, especialmente situados en la costa Oeste y en el eje Maine- Washington D.C., otro tercio de blancos de clase media-baja, más moderados, restos de la vieja coalición rooseveltiana del New Deal (situados en el eje Pennsylvania-Minnesota), y otro tercio de minorías étnicas, negros (el 90% votan demócrata) e hispanos (dos tercios votan demócrata), situados en el Viejo Sur y en el Suroeste.
Tradicionalmente, las primarias demócratas seguían el siguiente patrón: había un candidato apoyado por el "establishment" demócrata (congresistas, senadores, gobernadores) y un insurgente, más liberal y apoyado por el ala más liberal del partido (Mondale-Hart en 1984, Gore-Bradley en el 2000, y Clinton-Obama en 2008).
El insurgente liberal conseguía algunas victorias, pero finalmente era derrotado por la combinación de los votantes blancos de clase media-baja y los votantes hispanos y negros, en su mayoría de clase media-baja.
En 2008 este modelo se subvirtió porque el candidato del ala liberal del partido, Obama, resultó ser negro, con lo que consiguió dividir a la coalicion moderada tradicional (no es casual que algunos de los mejores Estados de Hillary fueran Virginia Occidental o Kentucky, donde sólo quedaban demócratas blancos de clase media baja; los hispanos, por su parte, también se mantuvieron leales al candidato más moderado)
Pero esto no es 2008: Hillary no se enfrenta a un político negro liberal, sino a un Senador, más blanco que la leche, de Vermont, que ni siquiera es miembro del Partido Demócrata, sino un "demócrata socialista". Los votantes que apoyaron a Clinton en 2008 (blancos moderados de clase media baja + hispanos, simplificando mucho) sigue en pie, y los votantes negros no apoyarán a Sanders, sino a Clinton (entre otras cosas, porque saben que cuenta con el apoyo implícito de Obama, al que quieren y respetan).
En resumen: Hillary tiene el apoyo de entre dos terceras y tres cuartas partes del Partido Demócrata a día de hoy, y va a ganar con claridad las primarias demócratas, aunque sufra un traspiés en New Hampshire (y me atrevería a decir que incluso aunque lo sufra en Iowa).
(En la foto, cómo acabaría Trump en unas elecciones generales)
Decíamos a principios de noviembre que el panorama de las primarias republicanas era sumamente confuso, y los casi tres meses transcurridos han contribuido poco a aclararlo.
Vaya por delante que, contrariamente a lo que todo el mundo esperaba, la candidatura de Donald Trump no sólo no se ha desinflado, sino que se mantiene fuerte (al menos en las encuestas; ya veremos cómo se traduce eso en votos).
Las encuestas de Iowa y New Hampshire, los dos primeros Estados en votar -el 1 y el 9 de febrero, respectivamente- que ahora, a pocos días de distancia de las votaciones, empiezan a resultar significativas, pronostican los siguientes resultados (Fuente: Pollster, Huffington Post, opción de mayor sensibilidad):
Iowa
Como se puede ver, el apoyo de Donald Trump, aunque da fuertes bandazos, muestra una tendencia al alza desde diciembre de 2015, y a día de hoy está en torno al 30% de los votos. Por su parte, Ted Cruz, que en diciembre estaba disputando mano a mano la primera posición con Trump, a día de hoy parece que ha perdido algo de fuelle. En tercera posición pero a mucha distancia hallamos a Marco Rubio, mientras que los demás candidatos se encuentran todavía más lejos.
New Hampshire
En New Hampshire el panorama, si cabe, es todavía más favorable a Trump:
Trump lidera las encuestas del Estado a mucha distancia del sorprendente segundo (el gobernador de Ohio, John Kasich) y triplicando o cuadruplicando los apoyos de Ted Cruz, Marco Rubio, Jeb Bush o Chris Christie.
¿Como hemos podido llegar a esta situación en la que un millonario bocazas amenaza con ganar la nominación republicana? Por varios motivos:
1) En primer lugar, por la falta de deseo o de capacidad del denominado "establishment" republicano (congresistas, senadores, gobernadores y donantes moderadamente conservadores que nutren de fondos al Partido Republicano) para agruparse en torno a un solo candidato.
Esto continúa apreciándose claramente si examinamos como andan los apoyos dentro del Partido Republicano, medidos conforme a la tabla de apoyos explícitos que contabiliza diariamente Fivethirtyeight, el blog de Nate Silver, y que nos sigue mostrando, apenas una semana antes de Iowa, un panorama totalmente dividido, sin níngún candidato verdaderamente dominador:
- Jeb Bush, que es el candidato con más apoyos, apenas tiene 51 "puntos" de apoyo (Silver atribuye 10 puntos por gobernador, 5 por senador y 1 por congresista), lo que supone que su candidatura es apoyada por 0 de los 31 gobernadores republicanos, 5 de los 54 senadores, y 26 de los 247 congresistas.(Como punto de comparación, Hillary Clinton, a día de hoy, tiene 458 puntos de apoyo).
- Los restantes candidatos están aún peor (Rubio tiene 43 "puntos" -4 senadores y 23 congresistas, ningún gobernador- Chris Christie y Mike Huckabee tienen 26 "puntos", etc).
Resulta evidente que la inmensa mayoría del partido republicano está indeciso y no sabe cuál es el mejor candidato para confrontarlo a Hillary Clinton.
2) Pero hay otro problema adicional: lo que sí parece claro es que la mayoría del Partido odia aún más a Ted Cruz de lo que les preocupa Donald Trump. Sólo así se pueden entender declaraciones como las de Terry Branstad, el influyente gobernador de Iowa, o de Richard Burr, el senador de Carolina del Norte, en las que estos manifiestan su rotunda oposición al senador tejano (Burr ha llegado a decir que votarían antes por Bernie Sanders, el Senador socialdemócrata de Vermont que aspira a la Presidencia en las primarias demócratas, antes que a Ted Cruz).
Ted Cruz, como líder del área cristiana evangélica del Partido, siempre iba a tener problemas para conectar con los votantes republicanos más seculares, pero su ejecutoria desde que llegó al Senado en enero de 2013 ha alienado a la mayoría de sus colegas (ha intentado segar la hierba bajo los pies a los líderes republicanos en el Congreso y el Senado de manera constante, y el desprecio que sienten éstos por él parece ser sinceramente mutuo).
3) Entre los ataques que está recibiendo Ted Cruz y los ataques que los cuatro candidatos "tradicionales" - Jeb Bush, Marco Rubio, John Kasich y Chris Christie- se están propinando entre sí, Donald Trump continúa medrando, invadiendo claramente el espacio intermedio republicano (los "somewhat conservative" republicanos, en el brillante análisis de Henry Olsen).
En efecto, contrariamente a lo que se pueda pensar, los conservadores evangélicos más de derechas, en su mayoría, no se están dejando engañar y se percatan claramente de que Trump no es uno de los suyos (el otro día, por ejemplo, acudió a Liberty University, una universidad evangélica, y citó la Biblia, concretamente la Segunda Carta a los Corintios, como "Two Corinthians", cuando cualquier asistente habitual a la Iglesia sabe que la cita es "Second Corinthians"), por lo que apoyan en su mayoría a Ted Cruz.
Sin embargo, el votante republicano medio no es ese votante de la derecha cristiana, sino un votante algo más secular (aunque creyente) y de clase media-baja, con un profundo resentimiento étnico (pero aún más de clase) contra negros y -especialmente- hispanos, a los que considera "intrusos" que le quitan sus puestos de trabajo (en suma, es el equivalente norteamericano al votante del Frente Nacional en Francia), pero no especialmente conservador ni anti-gubernamental per se (es sólo anti-gubernamental cuando en el Gobierno están los demócratas). Este votante está en el centro ideológico del Partido Republicano -no tienen posturas tan radicales como la derecha cristiana en cuestiones de conciencia como el aborto o el matrimonio gay, por ejemplo, aunque tampoco están activamente a favor-.
El tercer tipo de votante republicano -el moderado-, tampoco es especialmente receptivo a los cantos de sirena de Trump. Pero tampoco tiene fuerza suficiente para imponer en solitario a su candidato frente a la derecha cristiana.
Tradicionalmente, el candidato republicano ha sido fruto de una alianza entre la derecha cristiana y los "somewhat conservatives" (George Bush Jr. en 2000, Ronald Reagan en 1980) o de los "somewhat conservatives" y los moderados (George Bush Sr. en 1988, Bob Dole en 1996, John McCain en 2008, Mitt Romney en 2012).
El problema es que Donald Trump, al ocupar ese espacio central, cortocircuita el flujo normal de alianzas en las primarias republicanas, y expone al Partido a un verdadero accidente en un doble sentido:
a) Si Trump es el candidato, es evidente que espantará a algunos votantes moderados hacia los demócratas, mientras que algunos votantes evangélicos se quedarán en casa.
b) Si Trump no es el candidato (y no digamos ya si acaba presentándose como independiente) serán votantes del centro del partido los que o se quedarán en casa o votarán a Trump en su condición de tercer partido.
4) ¿Qué están pensando a día de hoy las élites republicanas? Pese a su falta de coordinación, parece que su estrategia es la siguiente:
- Donald Trump es incapaz de obtener más de un tercio de los votantes en las primarias republicanas.
- Odiamos a Ted Cruz, por lo que vamos a dejar que Trump lo derrote en Iowa y en Carolina del Sur y en el Supermartes -las grandes primarias de principios de marzo- hasta forzarlo a retirarse.
- Escogemos como caballo ganador al candidato del establishment que mejor lo haga en Iowa y New Hampshire (sea Bush, Rubio, Christie o Kasich) y le apoyamos financieramente hasta que se retire Cruz.
- En la fase final de las primarias, el candidato del establishment recoge todos los votos anti-Trump (incluso los de la derecha cristiana, a regañadientes) y acaba derrotándolo. Para entonces, además, han pasado ya los plazos para presentarse como candidato independiente en la mayoría de los Estados, por lo que Trump no puede presentarse como tercera fuerza.
5) La estrategia de la derecha cristiana es similar, con algún matiz:
- Donald Trump es incapaz de obtener más de un tercio de los votantes en las primarias republicanas, y vamos a derrotarle en Iowa.
- Odiamos al establishment, por lo que vamos a dejar que Trump lo derrote en New Hampshire y en el Supermartes -las grandes primarias de principios de marzo- hasta forzarlos a todos a retirarse.
- Nuestro caballo ganador es Ted Cruz, al que apoyaremos financieramente a medida que caigan todos los candidatos del establishment.
- En la fase final de las primarias, el candidato de la derecha cristiana recoge todos los votos anti-Trump (incluso los de los moderados, a regañadientes) y acaba derrotándolo. Para entonces, además, han pasado ya los plazos para presentarse como candidato independiente en la mayoría de los Estados, por lo que Trump no puede presentarse como tercera fuerza.
El principal problema de estas dos estrategias está en lo que llama el efecto del "caballo ganador". Si Donald Trump gana en Iowa y New Hampshire, habrá conseguido algo que ningún candidato republicano -no presidente- había logrado nunca desde la instauración del sistema de primarias (Reagan, Bush padre, McCain y Romney perdieron Iowa; Bob Dole y George Bush hijo perdieron New Hampshire). El votante republicano tenderá a considerarlo el candidato más importante, y es probable que empiece a captar parte del voto de los candidatos que empiecen a retirarse.
6) Dicho esto, es cierto que Iowa y New Hampshire van a limar enormemente el número de candidatos. Si a día de hoy conservamos 12, es muy probable que después queden 6 o menos. Una vez que comiencen las votaciones, los candidatos perdedores simplemente verán cerrado el grifo de las donaciones (y las noticias en los medios de comunicación), y los ganadores podrán tener más visibilidad para enfrentarse con Trump.
7) Por último, hay que añadir una cosa, en justicia: en mi opinión, Donald Trump sería un presidente desastroso, pero está resultando ser un candidato mucho mejor de lo esperado. Maneja a los medios de comunicación como Bach un órgano y en los debates ha batido a Ted Cruz, campeón nacional de debates en 1992. Obsérvese este espectacular ejemplo del último debate. Contexto: Ted Cruz intenta atacar a Trump diciéndole que representa los valores de "Nueva York" (quiere decir que no es conservador). Trump contesta invocando los ataques del 11 de septiembre, de una manera absolutamente emocional y brillante, hasta el punto de que obliga a Ted Cruz a aplaudirle.
8) Dicho esto, el camino de la victoria para Donald Trump es, como mínimo, heterodoxo: depende de que la gente que le ve en la televisión vaya a votarle (tiene poca infraestructura organizativa) y sus partidarios más fervorosos precisamente son gente que no acude regularmente a votar en las primarias republicanas (votantes de clase media-baja, como hemos dicho, resentidos también contra Wall Street, además de contra negros e hispanos). Pero si consigue que acudan a votar, la división entre los restantes candidatos puede auparle a la victoria.
Ahora bien, la Presidencia es otra historia. Donald Trump puede llegar a conseguir ganar la nominación de un Partido Republicano dividido, pero eso no quiere decir que sea popular con el electorado en las generales. Donald Trump, no lo olvidemos, es bastante impopular:
Y que el Partido Republicano haya caído presa de sus encantos (cosa que, insisto, está por ver) no quiere decir que el Partido Demócrata también vaya a hacerlo.