jueves, 1 de octubre de 2009

La semana en Washington: Obama ante la reforma sanitaria

Vamos a iniciar una serie de posts sobre la (complicadísima) reforma sanitaria. Para abrir boca, veamos dos perspectivas completamente diferentes desde el punto de vista de las consecuencias políticas: un artículo de Sean Trende, en el que éste alega que incluso si los demócratas consiguen aprobar una reforma del seguro médico sanitario significativa, sufrirán una grave derrota en las elecciones de medio mandato de 2010, llegando a perder el control cuanto menos de la Cámara de Representantes. Por otra parte, tenemos un artículo de Andrew Sullivan en el Times de Londres, que arguye que Obama conseguirá una reforma significativa, y aunque perderá escaños en el 2010 (incluso perdiendo la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes) obtendrá la reelección en 2012. Ante todo, es preciso señalar que una grave derrota demócrata en 2010 y una victoria de Obama en 2012 no son ni mucho menos incompatibles (véase la precuela de esta película, llamada "fracaso de la reforma sanitaria de Clinton, derrota aplastante de los demócratas en 1994, victoria de Clinton en 1996"- un título un poco largo para una película, pero muy descriptivo).

Antes de entrar a analizar a fondo los diferentes aspectos de la reforma, quiero señalar el motivo esencial por el que creo que Clinton fracasó y Obama obtendrá al menos una reforma significativa (en temas como éstos no se "triunfa", se negocia y se obtiene un 50 o un 60% de lo que querías inicialmente). La diferencia esencial: que Obama tiene 60 Senadores y Clinton no los tenía.

Cómo hemos explicado en anteriores ocasiones, el Congreso tiene 435 miembros y el Senado 100. El Congreso funciona, en la inmensa mayoría de los casos, con votaciones que se ganan con una mayoría simple de los miembros presentes (en todo caso, la mayoría está en 218 congresistas). A día de hoy, los demócratas tienen 256 congresistas, y tienen por lo tanto un amplio colchón para sacar adelante la reforma sanitaria (con matices: recordemos que hay 49 congresistas demócratas en distritos que ganó McCain, pero también hay 34 republicanos en distritos que ganó Obama, así que existe una cierta compensación).

Pero el Senado es distinto: aunque en teoría se puede ganar una votación con el voto de 50 Senadores más el Presidente del Senado (que es el vicepresidente Joe Biden, que sólo vota en caso de empate), en la práctica, hay un requisito previo: antes de votar una ley hay qué decidir si se llega a votar esa ley. Para "llegar a votar" (e interrumpir el debate), es preciso invocar el "cloture" (moción de cierre del debate). 24 horas después de su invocación se vota sobre dicha moción, que para triunfar precisa 60 votos (o tres quintos de los Senadores, excluidas las vacantes). Si la moción fracasa, eso significa que el debate puede continuar ininterrumpidamente. Esto es lo que significa un "filibuster" realmente, más que lo que hacía James Stewart en "Caballero sin espada" (Mr. Smith goes to Washington, film de Frank Capra-1939).

En estos momentos, los demócratas tienen 58 votos, más un socialista de Vermont (Bernie Sanders) y un "independiente demócrata", Joe Lieberman, de Connecticut, que fue Senador demócrata entre 1988 y 2006, pero perdió sus primarias demócratas ese año. Se presentó, sin embargo, como independiente y consiguió mantener su escaño, formando parte todavía a día de hoy del grupo parlamentario demócrata.

Así pues, en teoría los demócratas disponen de 60 Senadores, pero, una vez más, 13 de ellos pertenecen a Estados en los que McCain ganó las presidenciales del año pasado. Y aquí no hay realmente margen de maniobra; para poder cerrar un "filibuster", los demócratas necesitan todos y cada uno de sus votos (o un voto republicano por cada voto demócrata que pierdan). Ése es el dilema con el que se enfrentan los demócratas: armonizar los deseos de un caucus muy dispar, que oscila entre el izquierdismo de un Dick Durbin, de Illinois, o Sheldon Whitehouse, de Rhode Island, con el conservadurismo de Ben Nelson, de Nebraska, o Evan Bayh, de Indiana. La única otra opción es recurrir a la llamada "reconciliation", que ya hemos comentado en este artículo anterior.

En todo caso, Obama tiene una ventaja de la que no disponía Bill Clinton: cuando éste último intentó su proyecto de reforma sanitaria en 1993, se encontraba en una posición de mayor debilidad relativa que la de Obama por varios motivos:

1) No disponía de 60 Senadores. Sólo tenía 57 Senadores (y en Junio de 1993 perdió uno en Texas, quedándose con 56). Clinton, por lo tanto, necesitaba inexorablemente apoyo republicano para la reforma, que no obtuvo, por supuesto.

2) Los 56 Senadores demócratas eran menos homogéneos que los 60 actuales. Clinton tenía no menos de 16 Senadores demócratas sureños en su caucus (los de los antiguos Estados de la Confederación más Kentucky y Oklahoma), que eran todos demócratas conservadores. Obama tiene sólo 7 (y es discutible que Bill Nelson, de Florida, o Warner en Virginia sean "conservadores"). A cambio, había más Senadores republicanos en Estados tradicionalmente "demócratas", pero eso no importaba tanto, porque Clinton era un presidente "de minoría", lo que nos lleva al punto...

3) Aunque Obama tiene 13 Senadores demócratas en territorio ganado por McCain en 2008, y Clinton tenía 13 Senadores demócratas en territorio ganado por Bush padre en 1992, los 47 Senadores restantes de Obama son de Estados en los que Obama ganó con más del 50% de los votos. Bill Clinton sólo ganó con más del 50% de los votos en 1992 en su Estado natal de Arkansas. En otras palabras: 54 de los 56 Senadores demócratas en 1993-1994 pertenecían a Estados en los que Bill Clinton no había llegado al 50% de los votos (recordemos que Clinton ganó con un raquítico 43% de los votos a nivel nacional).

4) Aunque Obama ha perdido popularidad, todavía está por encima del 50%. Clinton se pasó por debajo de esa marca durante toda su batalla por la reforma sanitaria a lo largo de 1994, lo cual fue una de las causas (y no la menor) por las que ésta fracasó.

En el próximo post discutiremos las posturas generales partidarias respecto de la reforma sanitaria para entender quiénes son los Senadores decisivos para el éxito o fracaso de la reforma.