jueves, 18 de febrero de 2016

¿Crisis constitucional a la vista? La muerte de Antonin Scalia y la batalla por el Tribunal Supremo (I)

(Nota del autor: Ésta es una actualización de dos artículos que escribí en octubre de 2008 y que, tras la muerte del Juez del Tribunal Supremo Antonin Scalia, creo que son de suma actualidad)

Incluso si un presidente tiene una mayoría clara en el Congreso y en el Senado, y una mayoría de gobernadores de su propio partido a lo largo de la geografía del país, todavía existe un enorme obstáculo para que pueda impulsar su programa político: el Poder Judicial.

El Poder Judicial en Estados Unidos, como el poder legislativo y el ejecutivo, tiene dos ramas: estatal (sobre la que el Presidente no tiene control alguno) y federal, que funciona del siguiente modo: el Presidente designa a un Juez cuando se produce una vacante, y el Senado lo confirma o lo rechaza. Hay tres escalafones jerárquicos, de menor a mayor:

- Jueces de Distrito.
- Tribunales de Apelación (hay 13 "Circuitos", divididos en áreas geográficas o, en algún caso, por temas).
- El Tribunal Supremo.

Históricamente, no solía haber grandes problemas para que el Presidente obtuviera la aprobación del Senado para sus jueces de distrito (en primer lugar, porque solían venir recomendados por los Senadores de su Estado, fueran demócratas o republicanos), aunque durante la era Obama la oposición republicana incluso a este nivel ha sido más que anecdótica.

Los magistrados de los Tribunales de Apelación, en cambio, solían ya presentar más problemas, especialmente en situaciones, como ahora, en las que el Presidente es de un partido, y la mayoría del Senado es de otro. Lo que suele ocurrir en estos casos (y de hecho lo que está ocurriendo desde que en 2014 los republicanos recuperaron el control del Senado) es que el Senado "aparca" la mayoría de las designaciones efectuadas por el Presidente saliente hasta que es sustituido por el nuevo Presidente, que entonces efectúa nuevas propuestas más del gusto del Senado (esta jugada se la hicieron los republicanos a Bill Clinton en el año 2000, los demócratas se la devolvieron a George Bush en 2008, y ahora los republicanos se la están devolviendo, redoblada, a Obama, "no efectuando recomendaciones" o bien "reteniendo" sus designaciones hasta que un presidente republicano salga elegido y pueda efectuar nuevos nombramientos, más de su gusto).

Pero la gran batalla se da, por supuesto, por la cúspide del Poder Judicial, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que tiene la facultad de revocar las leyes dictadas por el Congreso y el Senado y firmadas por el Presidente, siempre que entienda que las mismas son contrarias a la Constitución de Estados Unidos.

Los miembros del Tribunal Supremo hasta el sábado pasado

El control del Tribunal Supremo ha dado lugar a algunas de las confrontaciones más tremendas de la historia del Senado. En 1936, Roosevelt fue reelegido con una victoria abrumadora (con más del 60% de los votos). El Congreso y el Senado también estaban abrumadoramente copados por el Partido Demócrata. Sin embargo, el Tribunal Supremo se componía, en su mayoría, de magistrados elegidos por presidentes republicanos (que habían ocupado la Casa Blanca entre 1896 y 1912, y entre 1920 y 1932), y derogó muchas de las leyes del New Deal. Roosevelt, furioso, intentó modificar la composición del Tribunal, ampliándolo de 9 a 15 miembros. Sólo cuando la opinión pública y el ala sureña de su partido indicaron que se opondrían a él, el Presidente abandonó su plan (el llamado "Court-packing scheme"). Afortunadamente para Roosevelt, entre 1937 y 1943 se produjeron ocho vacantes en el Tribunal que le permitieron remodelar la cima del Poder Judicial. Y para cuando Harry Truman dejó la Presidencia en 1952, ya no quedaba ni un solo juez nombrado por un presidente republicano en el Tribunal Supremo.

Curiosamente, este hecho no provocó un giro liberal radical en el Tribunal, entre otros motivos porque el Partido Demócrata, por aquel entonces, no era ni mucho menos uniformemente de izquierdas (el ala sureña del partido era racista y socialmente muy conservadora) y varios de los Magistrados nombrados por Roosevelt y (especialmente) Truman eran moderados o conservadores (o se volvieron así por el camino, como Felix Frankfurter o Stanley Reed).

Eisenhower, el primer presidente republicano en veinte años, tuvo ocasión de nombrar cinco jueces durante su Presidencia. Basta para indicar su (escaso) éxito en mover el Tribunal a la derecha con recordar su frase: "he cometido dos errores graves durante mi mandato, y los dos están sentados en el Tribunal Supremo".

Eisenhower se refería a los nombramientos de Earl Warren, exgobernador republicano de California, como presidente del Tribunal Supremo, y de William Brennan, católico de Nueva Jersey, como Magistrado del Tribunal.

Entre Warren y Brennan, ayudados por los miembros más liberales nombrados por Roosevelt, y por otros miembros liberales nombrados por Kennedy y Johnson, el Tribunal Supremo adquirió un tinte marcadamente de izquierdas (para Estados Unidos); entre 1953 (y especialmente desde 1962, cuando se alcanzó una mayoría de cinco jueces liberales) y 1969, durante la llamada "Warren Court", el Tribunal Supremo, entre otras cosas, hizo lo siguiente:

- Declaró inconstitucional la segregación de las escuelas públicas.
- Exigió que los distritos electorales tuvieran como mínimo una población similar (hasta entonces había enormes diferencias de población en los distritos).
- Obligó a suministrar abogados de oficio a los acusados que no tuvieran medios para pagárselos.
- Declaró inconstitucional la prohibición de los matrimonios interraciales.
- Ordenó a la Policía leer sus derechos a los delincuentes en el momento de su detención.
- Declaró inconstitucional la prohibición de la venta de anticonceptivos por parte de los Estados.

Tras la elección de Nixon en 1968, la obsesión del movimiento conservador ha sido controlar el Tribunal Supremo para revocar todas las decisiones liberales de la época Warren (y algunas de las posteriores, como la más famosa de todas: Roe v. Wade, que declaró inconstitucional la prohibición de abortar en 1973). Sorprendentemente, los conservadores han sufrido fiasco tras fiasco en ese terreno:

- Nixon efectuó cuatro nombramientos, de los cuales uno, Blackmun, fue el que redactó precisamente Roe v. Wade y se volvió más y más liberal con los años, hasta el punto de que finalmente, en 1994, se declaró contrario a la pena de muerte.

- Gerald Ford efectuó un solo nombramiento, el de John Paul Stevens, que entre 1994 y su retirada en 2010 fue el líder del ala liberal del Tribunal (y acabó declarándose tambíen contrario a la constitucionalidad de la pena de muerte).

- Ronald Reagan efectuó otros cuatro nombramientos, de los cuales Sandra Day O' Connor y Anthony Kennedy resultaron ser conservadores moderados que se negaron a revocar Roe v. Wade, declararon que la criminalización de la sodomía es inconstitucional, y que la aplicación de la pena de muerte contra retrasados mentales y menores de edad es inconstitucional.

- George Bush padre efectuó otros dos nombramientos, uno de los cuales, David Souter, siguió la misma trayectoria de Stevens (del que era un gran amigo) y formó parte del ala liberal del Tribunal Supremo hasta su retirada en 2009 (votó contra Bush hijo en el famoso caso "Bush v. Gore" que decidió las elecciones de 2000).

- Aunque los nombramientos de George Bush hijo han sido, a mi juicio, jueces consistentemente conservadores, los republicanos se llevaron un disgusto tremendo con John Roberts cuando éste votó a favor de declarar constitucional el Obamacare en 2012, salvando así la reforma estrella de la era Obama.

Sólo a raíz de estas defecciones se puede entender que, aunque en los últimos 47 años los republicanos han nombrado 11 jueces al Tribunal Supremo y los demócratas tan solo 4, el Tribunal Supremo todavía no está dominado de forma total por los conservadores, y las decisiones del Tribunal durante la época de Earl Warren todavía no hayan sido revocadas (en su mayoría, aunque John Roberts ha conseguido algún éxito importante en ese sentido).

La muerte de Antonin Scalia el sábado pasado plantea una disyuntiva histórica de cara a las próximas elecciones: o bien el control definitivo sobre el Tribunal Supremo pasa por fin a los conservadores, tras casi 50 años de espera, o bien por primera vez desde 1969 podemos tener una mayoría liberal en el Tribunal Supremo. En el próximo comentario examinaremos la actual composición del Tribunal, y qué cabe esperar de la batalla por la nominación del sucesor de Scalia, así como de los próximos cuatro años.