lunes, 7 de septiembre de 2009

El mito del Teflón de Reagan y el declive de Obama (I)

Uno de los mitos más consistentes en el anecdotario político norteamericano es el de Reagan como "El Presidente de Teflón", así llamado porque no había problema ni crisis que se le pegara o dañara su popularidad.

Sin embargo, los mitos están para desmontarlos y eso es lo que ha hecho Jay Cost en (uno más) de sus magníficos artículos en la página web de RealClearPolitics.

Cost desmonta el mito de la manera más sencilla posible: con un gráfico que compara la evolución del índice de aprobación presidencial según Gallup y la evolución del índice de desempleo durante el mandato de Reagan (enero de 1981- enero de 1989). Asimismo, incluye una línea de corte para recoger el momento en que estalló el escándalo Irán-Contra (un programa de venta de armas a Irán a cambio de la liberación de rehenes, con el que eventualmente se financió a la Contra nicaragüense en su lucha contra los sandinistas).

(Se puede hacer clic sobre la imagen para agrandarla)
 
Reagan Job Approval.jpg



Una imagen vale más que mil palabras: Reagan inició su mandato en enero de 1981 con una enorme popularidad, pero la misma se fue deteriorando a lo largo de 1981 y 1982, a medida que una recesión iniciada a mediados de su primer año de mandato empezó a elevar el desempleo claramente (pasó del 7,2% en Julio de 1981 al 10,8% en Noviembre de 1982 -justo el mes en que se produjeron las elecciones de medio mandato, en las que los republicanos perdieron 26 congresistas y 7 gobernadores (aunque curiosamente no retrocedieron en el Senado).

La popularidad de Reagan sufrió enormemente a raíz de esta recesión, y a principios de 1983 su índice de aprobación estaba en un raquítico 35%, mientras que un 55% desaprobaba su gestión. Sin embargo, a partir de este punto la economía empezó a mejorar, y una vez más es posible comprobar que, a medida que el desempleo bajaba, la aprobación de Reagan subía. El día de las elecciones de 1984 el paro había vuelto exactamente a sus niveles de mediados de 1981, y el electorado apoyó a Reagan de manera contundente en las urnas.

El 3 de noviembre de 1986 estalló el escándalo Irán-Contra, en un pésimo momento para el Partido Republicano, que afrontaba cinco días después las segundas elecciones de medio mandato de Reagan, donde perdieron 8 Senadores y 5 congresistas (en cambio, recuperaron 7 gobernadores). Reagan, que disfrutaba de una popularidad superior al 60% justo antes del escándalo, llegó a estar por debajo del 45% de popularidad. Sin embargo, su popularidad se estabilizó (a medida que se vio que el Presidente no tenía conocimiento de algunos de los aspectos ilegales del plan) y para el día de las elecciones de 1988 ya volvía a estar en torno al 53-55%, lo que sin duda ayudó a George Bush Sr. a ganar las elecciones (tampoco le hizo ningún daño el hecho de que el paro continuara descendiendo durante el segundo mandato de Reagan hasta rozar el 5%).

Quiero decir con esto, simplemente, que las dinámicas de evolución de apoyo ciudadano a los líderes políticos son, en muchas ocasiones, fáciles de interpretar, y se derivan de la evolución de la situación económica (por supuesto, grandes escándalos como el Irán-Contra o los atentados del 11 de septiembre pueden alterar esas dinámicas, pero lo esencial es lo que revela el gráfico: cuando el paro subió dramáticamente en 1981-82, la popularidad de Reagan se resintió; como el empleo se recuperó en los dos años siguientes, Reagan, ayudado por su estilo simpático y optimista, consiguió una resonante victoria en 1984).

Las consecuencias de esta reflexión para el actual Presidente son interesantes, y serán objeto de nuestro próximo post.

3 comentarios:

Alfonsogt dijo...

Gracias Pedro por comentar este análisis. Reagan tal vez no fue el Presidente más inteligente pero supo conectar con los problemas del americano medio como nadie.
Como ya tuve oportunidad de decirte personalmente, sigo pensando firmemente que en España no se puede trasladar ese paralelismo entre el aumento del paro y el descenso proporcional de la popularidad del Gobierno. Sobre todo, cuando los socialistas están en el poder. Pesa más el sentimiento de pertenecer al partido que manda, la idea de pertenencia a la clase trabajadora (aunque los ricos votan a los socialistas) o el pensar que los “otros” son peores que los “nuestros”. O, no quiero ser mal pensado, las prebendas que obtienen de “la PSOE”.

Laura M. dijo...

Gracias Pedro, muy ilustrativo pero... me vas a perdonar, las políticas seguidas por REagan fueron las acertadas, las que luego permitieron crear empleo..., él no se distrajo intentando cambiar la ideología maericana con su reforma estrella de la sanidad... No hay tiempo que perder ni energías tampoco en otras cuestiuones o oplíticas erróne,as por tanto coincido contigo en la existencia de esas dinámicas e interrupciones del apoyo popular al político, pero añado otros interrogantes más, ¿son las oplíticas seguidas por Obama las que enderezan el rumbo de la nave o persisten y ahondan en el error, en el endeudamiento?. ¿Se resinete la imagen intachable de Obama por sus errores a la hora de elegir (el último en dimitir por hablar de "conspiración del gobierno Bush en el 11S,- por cierto admiro la pronta y efectiva reacción, es aleccionadora- al que llevaba el tema medioambiental), a los que se embarcaron junto a él en esa gran tarea que tiene entre manos de cambiar el modus vivendi americano?¡...
Un abrazo.

Pedro Soriano Mendiara dijo...

Querida Laura:

Un matiz, porque a lo mejor no quedó claro en el post: el motivo del mismo no era cuestionar a Reagan como presidente (Reagan ha sido uno de los grandes presidentes y en mi opinión el mejor de los conservadores -¿junto con Eisenhower, quizá?), sino el mito de Reagan como "el Presidente de teflón", que no sufría retrocesos en las encuestas de opinión pública. El artículo de Jay Cost (al que te recomiendo fervorosamente, porque creo que además muchas veces está en tu línea de pensamiento) explica que Reagan tuvo momentos de gran impopularidad, ligados en su primer mandato con la negativa evolución del desempleo. Pero ni yo ni mucho menos Cost cuestionamos la ejecutoria de Reagan, que fue globalmente brillante.