miércoles, 18 de noviembre de 2009

El Tratado de Lisboa y la política exterior de la UE y EEUU: Solana vs Kagan

Tengo una cierta debilidad por Javier Solana. No sé por qué. Ni estamos cerca ideológicamente, ni su burocrática vida pública, primero como ministro para todo con Felipe González y luego en Bruselas, me atrae lo más mínimo. Quizás sea ese aire de profesor despistado y adormilado con el que aparece en las fotos en los últimos años. O quizás simplemente me interesa esa biografía que bascula del antiamericanismo de los años 60 a la OTAN sin que el personaje se sienta obligado a pedir perdón continuamente por algo que debería ser normal: cambiar de opinión

Por eso, leo con interés la entrevista que El País le realiza el último domingo (15/11/2009) y que titula con una pregunta a la que se supone que el ex ministro socialista debe responder. Tras la aprobación del Tratado de Lisboa, la creación de un servicio diplomático de la UE y el nombramiento de un presidente y un ministro de exteriores común: "¿Será Europa una potencia Mundial?".

El casi siempre optimista Mister PESC está convencido de que el recién creado Servicio Europeo de Acción Exterior servirá para "modificar los pies de barro del gigante económico" y pide a los países que sean "capaces de sacrificar el orgullo nacional en el altar" común. Eso sí, acepta que "debido a nuestro ADN posmoderno, la UE no está bien dotada para responder a algo que pudiera parecerse a las políticas de las grandes potencias".

Con esta cursilada del "ADN posmoderno" resonando en mis oídos me lanzo a la estantería de donde hace sólo unos meses saqué Poder y debilidad, el ensayo de Robert Kagan del que tanto se ha hablado y discutido en los últimos años y en el que recordaba expresiones similares para definir la característica pose del europeo medio ante las relaciones internacionales en el siglo XXI. Puede que muchos piensen que el socialista español y el halcón estadounidense no tienen demasiados puntos en común... pero les sorprendería lo cerca que están en algunos de sus análisis, incluso cuando no llegan a las mismas conclusiones.

De hecho, rápidamente encuentro una frase de Kagan que podría servir para resumir todo su libro y que estoy convencido de que haría sonreír a Solana: "La propensión de EEUU a la acción militar recuerda a un antiguo dicho: 'en cuanto se tiene un martillo todos los problemas empiezan a parecer clavos'... pero las naciones con escaso poderío militar, empiezan a correr el peligro de no querer ver nada parecido a un clavo".

Y de esta metáfora del martillo surge la pregunta sobre la que gira el libro: ¿Son las políticas exteriores de la UE y los EEUU, con su obsesión por el poder duro y blando, la simple consecuencia lógica de sus muy diferentes capacidades militares y económicas?.

Solana, quizás inconscientemente, podría estar respondiendo a esa cuestión cuando asegura que "antaño el poder se medía por las dimensiones de tus ejércitos y tu población, hoy se hace por el PIB por habitante, la reputación o la obtención de unos Juegos Olímpicos". Kagan, algo más ácido al recordar las grandes manifestaciones anti-guerra de 2003 y la actitud de los ejecutivos de Francia o Alemania, concede que "es natural que los europeos se opongan a que otros hagan lo que ellos no pueden hacer".

El drama para los sofisticados habitantes del viejo continente es que, aunque Kagan sea un neocon malvado y belicista, es posible que tengan que darle la razón cuando asegura que "la pujanza económica de Europa no se traduce en un mayor peso diplomático en Oriente Medio ni en ningún otro lugar donde las crisis tengan un componente bélico". También es posible que en su inconsciente estén de acuerdo con él cuando insinúa que "una UE menos impotente desde el punto de vista militar tendría más garra desde el diplomático".

Es curioso que el secretario general de la OTAN durante la Guerra de Kosovo, que vio como sus aviones bombardeaban Belgrado, el patio trasero de una UE que volvió a mirar a EEUU para que le resolviera un problema que nunca supo como afrontar, sea el mismo Mister Pesc que ahora reclama: "No puede haber un simple G-2 (China y EEUU) que dirija el mundo. La UE tiene que estar ahí. Se merece estar ahí".

Quizás la pregunta que el señor Solana no quiere hacerse sea, ¿qué ha hecho Europa para estar ahí?