martes, 3 de noviembre de 2009

Las elecciones de 2009 (III): El 23º Distrito de Nueva York y la guerra civil republicana

Todo lector de este blog sabe que el fundador del mismo es un enamorado de la política norteamericana. Uno de los motivos es que, con todos sus defectos, se trata de un sistema más demócratico que el español. Véase como ejemplo el caso que vamos a comentar ahora: la elección parcial al 23º Distrito de Nueva York a la Cámara de Representantes.

Como muchos lectores ya sabrán, la Cámara de Representantes de Estados Unidos tiene 435 representantes, divididos de manera más o menos proporcional entre los 50 Estados de la Unión (a Nueva York le corresponden 29 distritos), que se someten a elecciones como mínimo cada dos años, a menos que un congresista fallezca o abandone su escaño, en cuyo caso se celebran elecciones parciales.

Eso es lo que ha ocurrido en el 23º Distrito de Nueva York, un distrito más bien rural que abarca el Norte del Estado y que lleva votando al Partido Republicano desde la fundación del mismo en 1854:



La situación acabó siendo tan humillante para Scozzafava, abandonada por su propio partido (con la notable excepción de Newt Gingrich), que el sábado Scozzafava anunció que abandonaba la carrera electoral, y el domingo (y aquí está la bomba), recomendó a sus votantes que apoyaran al candidato demócrata, Bill Owens.

Se trata de una situación fascinante: las bases conservadoras del Partido Republicano han obligado a un candidato moderado a abandonar en favor de un candidato mucho más conservador (dicho sea de paso: es lo que hubiera pasado de haberse celebrado unas primarias). Para ser justos, Hoffman, aunque es muy conservador, todavía puede ser un candidato adecuado para su distrito (aunque sospecho que no sacará nunca el 65% de votos que solía sacar su antecesor, que era algo más moderado que él -como lo prueba el hecho de que ahora trabaja para Obama).

¿Qué nos dice esto de cara a las elecciones del año que viene? Los pocos republicanos moderados que quedan a nivel federal (las dos Senadoras de Maine, y especialmente los 5 a 10 congresistas republicanos moderados que se enfrentan a la reelección el año que viene) se encuentran en una situación crecientemente difícil: presionados por una base muy conservadora que no quiere negociar con Obama y los demócratas, sino que se les plante cara, pero representando a Estados y distritos demócratas, se hallan ante un equilibrio sumamente precario de mantener.

Mi opinión personal, conocida por los lectores del blog, es que creo que es un error intentar que todos los candidatos republicanos en todos los distritos de Estados Unidos sean conservadores ortodoxos, simplemente por cuanto eso conducirá a mantener a los republicanos en un estado de minoría perpetua. Durante los gloriosos años de Reagan, el caucus republicano incluía, por supuesto, a una mayoría de conservadores, pero también a algunos republicanos moderados e incluso liberales de peso (Senadores como Lowell Weicker, de Connecticut, William Roth, de Delaware, Alan Simpson, un republicano sorprendentemente moderado de Wyoming, o el propio Barry Goldwater, de Arizona, que tras sus inicios como conservador furibundo se moderó profundamente en los 80, y congresistas como Jim Leach, del Distrito 1º de Iowa o Connie Morella, del 8º Distrito de Maryland).

El esfuerzo por alcanzar la uniformidad ideológica perjudica al Partido Republicano incluso en una nación tan conservadora como Estados Unidos, porque las encuestas muestran que sólo un 40% de los norteamericanos se califican como conservadores, y con un 40% no se ganan elecciones. Evidentemente, el Partido Republicano siempre tendrá más conservadores que moderados, igual que el Partido Demócrata tendrá más liberales que centristas, pero aún así una de las claves del éxito demócrata en 2006 y 2008 fue el rechazo a efectuar tests de pureza ideológica a sus candidatos (con alguna excepción, como Joe Lieberman, y ahora lo están pagando con sangre), y un esfuerzo profundo en conseguir que los candidatos se ajustaran a los distritos a los que representan (gente como Bobby Bright, del 2º Distrito de Alabama o Ben Nelson, el Senador de Nebraska que se presentó a la reelección en 2006). Por supuesto, el hecho de que el Partido  Demócrata tenga más diversidad ideológica hace que sea más difícil establecer políticas coherentes, pero eso es inevitable en un sistema político como el norteamericano, donde es imposible gobernar con una mayoría ideológicamente monolítica, porque el país simplemente no lo permite, ni siquiera para los conservadores).

En fin, veremos. El día puede acabar muy mal para los demócratas (perdiendo Virginia, New Jersey, y fracasando en el intento de conquistar por primera vez el 23º de Nueva York) o moderadamente mal (perder Virginia, salvar New Jersey y conquistar el 23º). Obama se ha empeñado personalmente en salvar New Jersey, ha enviado a Biden para la batalla del 23º y hace semanas que dio por perdida Virginia. Veremos qué tal les va a unos y a otros, cuál es la participación y qué grado de enfado tienen los republicanos conservadores y si les hace acudir a las urnas más que a los demócratas.

(N.B.- Por completar: Bloomberg será reelegido sin problemas alcalde de Nueva York por tercera vez consecutiva, el vicegobernador de California pasará a ser congresista por el 10º Distrito de California y no sabemos si el matrimonio gay será ilegalizado por los votantes en Maine. Ésas son las otras tres elecciones de interés este año. Bueno, y varias alcaldías de peso, como Atlanta, Boston, Los Ángeles, etc. Pero tampoco vamos a entrar en la micropolítica).