domingo, 1 de noviembre de 2009

Las elecciones de 2009 (I): Virginia

Los años impares son electoralmente más bien aburridos en Estados Unidos, porque se celebran comparativamente pocas elecciones. En el año posterior a unas elecciones presidenciales, se celebran, de hecho, tan solo dos elecciones relevantes: las elecciones a gobernador de Virginia y de New Jersey, que este año se celebrarán el primer martes después del primer lunes de noviembre, esto es, este martes 3 de noviembre. También se celebran ese mismo día las elecciones a la alcaldía de Nueva York, que son importantes aunque sólo sea porque New York es una ciudad con más población que muchos de los Estados norteamericanos.

Por último, ese mismo día se celebran, por pura coincidencia, dos elecciones parciales a la Cámara de Representantes, motivadas por el nombramiento para puestos en el Gobierno de dos congresistas (una demócrata y un republicano) que han dejado, por lo tanto, sus escaños vacantes. Los Gobernadores de California y el Estado de Nueva York han fijado como fecha para la celebración de dichas elecciones parciales el día de las elecciones de Virginia y New Jersey.

Éstas últimas reciben tradicionalmente un interés desmesurado por parte de la prensa política norteamericana porque son las únicas elecciones de cierto peso que llevarse a la boca entre las presidenciales y las primeras elecciones de medio mandato, y porque se trata de Estados relativamente importantes. Este año, como cada ocho años, estas elecciones se van a utilizar para medir el grado de contento o descontento de los ciudadanos con el Presidente por parte de los "pundits" (los comentaristas políticos), aunque como veremos, en realidad pocas conclusiones se pueden extraer de las mismas a nivel nacional.

Empecemos por Virginia:

El candidato republicano es el exfiscal general del Estado, Bob McDonnell, y el candidato demócrata es un Senador estatal (es decir, un miembro del Senado de Virginia), llamado Creigh Deeds.

Antes de analizar a los candidatos en sí, repasemos algunos datos muy interesantes y/o pintorescos:

1) Virginia no había votado por un candidato demócrata a la Presidencia desde 1964 hasta que Obama volvió a ganar el Estado en 2008, lo que hizo que numerosos comentaristas dijeran que el Estado había pasado de "red" (republicano) a "purple" (en disputa). Sin embargo, la victoria de Obama se basó en una participación masiva de la minoría negra (20% de la población de Virginia) y un fuerte incremento de los votantes jóvenes, factores que simplemente no se van a reproducir en estas elecciones, en las que la participación va a ser mucho más reducida, y lo más importante es el grado de entusiasmo de los votantes de uno y otro bando (para hacerse una idea: en las elecciones del año pasado votaron 3.723.000 personas en Virginia, y en las últimas elecciones a gobernador del Estado votaron tan sólo 1.984.000 personas).

2) Por si ello fuera poco, Virginia lleva más de 30 años mostrando una característica muy peculiar: desde las elecciones de 1977, Virginia lleva eligiendo como gobernador de manera sistemática a un candidato del partido opuesto al que gobierna la Casa Blanca. En efecto, por increíble que parezca, en 1977, con Carter en el Gobierno, los virginianos eligieron a un republicano como gobernador, mientras que en 1981, 1985 y 1989 (durante los años triunfantes de la revolución conservadora de Reagan), los virginianos eligieron a  anda menos que tres gobernadores demócratas distintos -Virginia tiene una peculiaridad adicional: sus gobernadores sólo pueden ejercer mandatos de cuatro años no consecutivos-. En su afán por llevar la contraria al resto del país, en 1993 y 1997, durante los años de Clinton los virginianos eligieron a dos republicanos como gobernadores. Y ya en el colmo de los colmos, en 2005 y, de manera increíble, en noviembre de 2001 (tras el atentado del 11-S, y con un presidente Bush con una popularidad de casi el 90%), los virginianos eligieron una vez más a sendos demócratas como gobernadores. En otras palabras: con un presidente demócrata en la Casa Blanca, lo normal es que los virginianos escojan a un republicano, porque es lo que llevan haciendo en las últimas ocho elecciones desde 1977.

3) Y eso es lo que va a pasar: todas las encuestas indican que Bob McDonnell va a derrotar a Deeds con gran claridad. McDonnell, con una familia modélica, y que ha realizado una campaña digna y sobria, se ha visto beneficiado, por supuesto, del hecho de que la base republicana está más entusiasmada en infligirle una derrota a los demócratas que lo contrario (es un fenómeno humano curioso pero cierto que en política, siempre parece haber un momento en que las victorias dejan ahíto al bando vencedor, y eso es lo que parece haberle pasado a los demócratas tras el ciclo 2006-2008). McDonnell no se ha visto perjudicado por la publicación de la tesis doctoral que escribió en 1989, a los 35 años, en la que abogaba por la legalización del "covenant marriage" (un tipo de matrimonio que hace más restrictivas las causas de divorcio) y argumentaba que "las mujeres trabajadoras y las feministas son perjudiciales (detrimental) para la familia" (sé lo que quería decir: el hecho de que los dos progenitores trabajen es un reto para que la familia funcione -aunque no sé que tienen que ver las feministas en esto-, pero la forma de expresarlo parece sumamente torpe).

Por su parte, Creigh Deeds ha hecho una campaña mediocre. Deeds, que es un demócrata bastante moderado (pro-armas, pro-pena de muerte) y del oeste del Estado (es decir, del área conservadora de Virginia) no sólo no ha conseguido hacer mella en su oponente, sino que ha perdido impulso de manera muy visible en las últimas semanas (cuando le preguntaron sobre si subiría o bajaría los impuestos como gobernador dio una respuesta muy floja, que le ha hecho mucho daño en spots publicitarios republicanos). Basta con observar la evidente evolución de las encuestas en las últimas semanas para ver quién va a ganar:




La Casa Blanca, con notable mala leche, ha filtrado ya al Washington Post una historia explicando que Deeds ha fracasado por no conectar con la base de votantes de Obama del año pasado. Con franqueza, no sé si Deeds tenía algún camino para la victoria: el hecho evidente de que su Estado lleva tantos años votando como gobernador al candidato contrario al del partido ocupante de la Casa Blanca pesa como una losa, y en todo caso, Virginia llevaba ocho años eligiendo a demócratas para el cargo.

Esta derrota de Deeds supondrá el final de su carrera política al máximo nivel (supongo que seguirá en el Senado de Virginia), porque hace cuatro años ya perdió las elecciones a fiscal general de Virginia por 323 votos contra cierto republicano llamado... Bob McDonnell (sí, el mismo republicano que le va a ganar ahora).

Pero lo importante es que la reconquista de la mansión del gobernador de Virginia será la primera victoria republicana en la era de Obama. Veremos si los demócratas consiguen salvar los muebles en New Jersey y una victoria en el 23º Distrito electoral de Nueva York para compensar. De ellos hablaremos en los siguientes posts.