sábado, 25 de octubre de 2008

La batalla por el Tribunal Supremo (I)

Incluso si un presidente tiene una mayoría clara en el Congreso y en el Senado, y una mayoría de gobernadores de su propio partido a lo largo de la geografía del país, todavía existe un enorme obstáculo para que pueda impulsar su programa político: el Poder Judicial.

El Poder Judicial en Estados Unidos, como el poder legislativo y el ejecutivo, tiene dos ramas: estatal (sobre la que el Presidente no tiene control alguno) y federal, que funciona del siguiente modo: el Presidente designa a un Juez cuando se produce una vacante, y el Senado lo confirma o lo rechaza. Hay tres niveles:

- Jueces de Distrito.
- Tribunales de Apelación (hay 13 "Circuitos", divididos en áreas geográficas o, en algún caso, por temas).
- El Tribunal Supremo.

Normalmente, no suele haber grandes problemas para que el Presidente obtenga la aprobación del Senado para sus jueces de distrito. Los magistrados de los Tribunales de Apelación suelen ser otra historia, especialmente en situaciones, como ahora, en las que el Presidente es de un partido, y la mayoría del Senado es de otro. Lo que suele ocurrir en estos casos es que el Senado "aparca" las designaciones efectuadas por el Presidente saliente hasta que es sustituido por el nuevo Presidente, que entonces efectúa nuevas propuestas más del gusto del Senado (esta jugada se la hicieron los republicanos a Bill Clinton en el año 2000, y ahora los demócratas se la están devolviendo a George Bush, "reteniendo" sus designaciones hasta que Obama salga elegido y pueda efectuar nuevas designaciones, más de su gusto).

Pero la gran batalla se da, por supuesto, por la cúspide del Poder Judicial, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que tiene la facultad de revocar las leyes dictadas por el Congreso y el Senado y firmadas por el Presidente, siempre que entienda que las mismas son contrarias a la Constitución de Estados Unidos.

El control del Tribunal Supremo ha dado lugar a algunas de las confrontaciones más tremendas de la historia del Senado. En 1936, Roosevelt fue reelegido con una victoria abrumadora (con más del 60% de los votos). El Congreso y el Senado también estaban abrumadoramente copados por el Partido Demócrata. Sin embargo, el Tribunal Supremo se componía, en su mayoría, de magistrados elegidos por presidentes republicanos (que habían ocupado la Casa Blanca entre 1896 y 1912, y entre 1920 y 1932), y derogó muchas de las leyes del New Deal. Roosevelt, furioso, intentó modificar la composición del Tribunal, ampliándolo de 9 a 15 miembros. Sólo cuando la opinión pública y el ala sureña de su partido indicaron que se opondrían a él, el Presidente abandonó su plan (el llamado "Court-packing scheme"). Afortunadamente para Roosevelt, entre 1937 y 1943 se produjeron ocho vacantes en el Tribunal que le permitieron remodelar la cima del Poder Judicial. Y para cuando Harry Truman dejó la Presidencia en 1952, ya no quedaba ni un solo juez nombrado por un presidente republicano en el Tribunal Supremo.

Curiosamente, este hecho no provocó un giro liberal radical en el Tribunal, entre otros motivos porque el Partido Demócrata, por aquel entonces, no era ni mucho menos uniformemente de izquierdas (el ala sureña del partido era racista y socialmente muy conservadora) y varios de los Magistrados nombrados por Roosevelt y Truman eran moderados o conservadores.

Eisenhower tuvo ocasión de nombrar cuatro jueces durante su Presidencia. Basta para indicar su éxito en mover el Tribunal a la derecha con recordar su frase: "he cometido dos errores graves durante mi mandato, y los dos están sentados en el Tribunal Supremo".

Eisenhower se refería a los nombramientos de Earl Warren, exgobernador republicano de California, como presidente del Tribunal Supremo, y de William Brennan, católico de Nueva Jersey, como Magistrado del Tribunal.

Entre Warren y Brennan, ayudados por los miembros más liberales nombrados por Roosevelt, y por otros miembros liberales nombrados por Kennedy y Johnson, el Tribunal Supremo adquirió un tinte marcadamente de izquierdas (para Estados Unidos): entre 1953 y 1969, durante la llamada "Warren Court", el Tribunal Supremo, entre otras cosas, hizo lo siguiente:

- Declaró inconstitucional la segregación de las escuelas públicas.
- Exigió que los distritos electorales tuvieran como mínimo una población similar (hasta entonces había enormes diferencias de población en los distritos).
- Obligó a suministrar abogados de oficio a los acusados que no tuvieran medios para pagárselos.
- Declaró inconstitucional la prohibición de los matrimonios interraciales.
- Ordenó a la Policía leer sus derechos a los delincuentes en el momento de su detención.
- Declaró inconstitucional la prohibición de la venta de anticonceptivos por parte de los Estados.

Tras la elección de Nixon en 1968, la obsesión del movimiento conservador ha sido controlar el Tribunal Supremo para revocar todas las decisiones liberales de la época Warren (y algunas de las posteriores, como la más famosa de todas: Roe v. Wade, que declaró inconstitucional la prohibición de abortar en 1973). Sorprendentemente, los conservadores han sufrido fiasco tras fiasco en ese terreno:

- Nixon efectuó cuatro nombramientos, de los cuales uno, Blackmun, fue el que redactó precisamente Roe v. Wade y se volvió más y más liberal con los años, hasta el punto de que finalmente, en 1994, se declaró contrario a la pena de muerte.

- Gerald Ford efectuó un solo nombramiento, el de John Paul Stevens, que a sus 88 años todavía es miembro del Tribunal Supremo y que es hoy el líder del ala liberal del Tribunal (y este año ha indicado en una Sentencia que considera que la pena de muerte es anticonstitucional).

- Ronald Reagan efectuó otros cuatro nombramientos, de los cuales Sandra Day O' Connor y Anthony Kennedy han resultado ser conservadores moderados que se han negado a revocar Roe v. Wade, han declarado que la criminalización de la sodomía es inconstitucional, y que la aplicación de la pena de muerte contra retrasados mentales es inconstitucional.

- George Bush padre efectuó otros dos nombramientos, uno de los cuales, David Souter, ha seguido la misma trayectoria de Stevens y hoy forma parte del ala liberal del Tribunal Supremo (votó contra Bush hijo en el famoso caso "Bush v. Gore" que decidió las elecciones de 2000).

Sólo a raíz de estas defecciones se puede entender que, aunque en los últimos 40 años los republicanos han nombrado 11 jueces al Tribunal Supremo y los demócratas tan solo 2, el Tribunal Supremo todavía no está dominado de forma clara por los conservadores, y las decisiones del Tribunal durante la época de Earl Warren todavía no hayan sido derogadas (en su mayoría).

Precisamente en esta elección está en disputa el control definitivo sobre el Tribunal Supremo por parte de los conservadores, tras 40 años de espera. En el próximo comentario examinaremos la actual composición del Tribunal, y qué cabe esperar en los próximos cuatro años.