viernes, 24 de octubre de 2008

Las otras elecciones: Congreso

N.B.- Ayer me fui a dormir antes de acabar el comentario sobre el Senado. Así que para aquellos lectores que lo hayan leído esta mañana, les invito a leer los últimos cuatro párrafos, recién añadidos.

Además de las presidenciales y de las elecciones al Senado, el 4 de noviembre se celebran asimismo las elecciones a la Cámara de Representantes, el Congreso de Estados Unidos.

El Congreso se compone de 435 representantes, que representan de manera moderadamente proporcional a los Estados de la Unión. Los Estados menos poblados (como Alaska, Vermont, Dakota del Sur) tienen un representante, mientras que California, por ejemplo, tiene 53, y Texas, 32. Los 435 distritos se renuevan en su totalidad en elecciones que se celebran cada dos años.

Éste es un mapa con la composición de los distritos electorales a día de hoy:



Los distritos son rediseñados cada diez años, tras la publicación del Censo de Estados Unidos, con la finalidad de reflejar los cambios en la población. El próximo censo se publicará en 2010, y tras las elecciones de ese mismo año se procederá a reducir el número de distritos en Estados que hayan perdido población, y aumentar dicho número donde la población haya asimismo aumentado, siempre sin alterar el número total de 435.

La tarea de "dibujar" los distritos del Congreso federal les corresponde, en la mayoría de los casos, al Congreso, al Senado y al Gobernador de cada Estado (en algunos casos se le adjudica la tarea a comisiones independientes, aunque los resultados de estas "comisiones" muchas veces son tan o más lamentables que cuando se ocupan los políticos de cada Estado). Lógicamente, los Estados con un Congreso y un Senado republicanos tienden a redibujar los distritos para conseguir que los demócratas pierdan las elecciones o no puedan ser elegidos, y los Estados con un Congreso y Senado demócratas le hacen la vida imposible a los congresistas republicanos.

Maniobras clásicas: si un Estado pierde un distrito electoral por reducción de población, el partido que domina el Congreso y Senado estatales redibuja los distritos electorales de manera que dos congresistas del partido opuesto se tengan que pelear por un nuevo distrito, resultado de la fusión de sus dos distritos anteriores. Esta maniobra, por ejemplo, la van a intentar los demócratas del Estado de Nueva York, que en el próximo censo perderá posiblemente dos congresistas. Los demócratas quieren obtener mayorías en el Congreso y el Senado de Nueva York para poder dibujar los nuevos mapas de manera que los (pocos) republicanos que quedan en Nueva York acaban enfrentándose entre sí.

Otra maniobra clásica, ésta propia de los republicanos: se coge una ciudad (donde suelen ganar los demócratas), y se la divide en tres o más pedazos, a cada uno de los cuales se les añade una enorme extensión de terreno rural (donde dominan los republicanos). De este modo, el Partido Republicano acaba ganando en todos los distritos, cuando normalmente al menos en uno de ellos (el que contuviera la ciudad entera) ganarían los demócratas.

Como una imagen vale más que mil palabras, os muestro un ejemplo claro de esta treta: en el año 2000, Jim Matheson, hijo de un antiguo gobernador demócrata de Utah, ganó las elecciones al Congreso por el segundo distrito de Utah, que básicamente abarcaba el condado de Salt Lake, donde está la capital del Estado, Salt Lake City. Pues bien, unos meses después, el Congreso y el Senado de Utah, abrumadoramente dominados por el Partido Republicano (Utah es el Estado más conservador de Estados Unidos), redibujaron los tres distritos de Utah de manera que el condado y la ciudad de Salt Lake City quedaran troceados en tres partes:

En el mapa de la izquierda, los tres distritos de Utah tras la reforma del año 2000. En el de la derecha, marcado en rojo, el condado de Salt Lake. Observad que el condado quedó repartido entre tres distritos, a los que se les añadieron enormes extensiones de territorio rural, todo con el único fin de que Matheson perdiera las siguientes elecciones:

Por desgracia para los republicanos, la treta les salió mal: Matheson ganó por los pelos su campaña de reelección en 2002, y ha conseguido salir reelegido hasta hoy (¡en un distrito que votó por George W. Bush en 2004 con el 67% de los votos!).

No es que los demócratas estén eximidos de este pecado, ni mucho menos: observad qué preciosidad es, por ejemplo, el Distrito 4º de Illinois, diseñado por las mayorías demócratas del Congreso y el Senado de Illinois a medida del congresista demócrata hispano Luis Gutiérrez utilizando dos barrios no colindantes llenos de hispanos en Chicago, conectados tan solo por una carretera (la carretera forma parte del distrito, pero las casas a uno y otro lado del mismo, no... la caraba):



A esta práctica se le llama "gerrymandering", por un gobernador de Massachussets (Elbridge Gerry) que inició la práctica a principios del siglo XIX. Y os podría mostrar otros cuarenta ejemplos similares.

Así pues, en el Congreso de Estados Unidos no son los votantes los que eligen a los congresistas, sino los congresistas los que eligen a sus votantes, como regla general.

En las elecciones de 2006 la composición de la Cámara de Representantes fue la siguiente:

- 233 demócratas (ganaron 30 escaños)
- 202 republicanos (perdieron 30 escaños).

En el mapa, en rojo los distritos que conservaron los republicanos, en azul oscuro los que conservaron los demócratas, y en azul claro los que los demócratas les ganaron a los republicanos.

United States House of Representatives elections, 2006

Este año, lejos de poder recuperarse, los republicanos pueden sufrir una derrota tan o más tremenda que la de hace dos años. Ayer alguien filtró una lista, supuestamente elaborada por el Comité Republicano del Congreso, en la que el Partido Republicano estimaba sus posibilidades para las elecciones de este año en los siguientes términos:

1) Distritos republicanos:

- 11 se dan por perdidos sin lugar a dudas.
- 7 probablemente se perderán.
- 16 tienen un 50% de posibilidades de perderse
- 17 podrían llegar a perderse, si los demócratas tienen un buen día.
- 6 podrían perderse si hay una auténtica ola demócrata.

2) Distritos demócratas:

- 1 lo ganarán sin lugar a dudas.
- En 4 hay un 50% de posibilidades de ganarlos.
- 8 podrían llegar a ganarse con suerte
- 6 podrían llegar a ganarse con MUCHA suerte.

En resumen: los republicanos consideran que 57 de sus escaños están en distintos grados de riesgo (y creen que perderán 18 como mínimo) y consideran que sólo 19 escaños demócratas están en juego (y sólo creen que ganarán UNO).

Por supuesto, ir escaño por escaño sería una tarea de locos, pero sólo quiero hablaros de alguno de los congresistas que espero que pierdan, por corruptos o simplemente por idiotas:

Entre los republicanos:

- Don Young, el único congresista de Alaska, que pasará a la historia por el famoso "Bridge to Nowhere", un puente por valor de 223 millones de dólares que pretendía conectar un pueblo de 7.000 habitantes y una isla de 50 habitantes en Alaska, un despilfarro enorme de dinero público. Además, ha participado en diversas corruptelas en los últimos años.

- Robin Hayes, congresista por el 8º distrito de Carolina del Norte, que este 18 de octubre soltó la siguiente perla en un mítin: “liberals hate real Americans that work and accomplish and achieve and believe in God.” Asimismo, lleva varios años votando contra los intereses en materia de libre comercio de su propio distrito.

- Michele Bachmann, congresista por el 6º distrito de Minnesota, que el día 17 de octubre dijo en la televisión que estaba "very concerned that [Obama] may have anti-American views," (¿el candidato demócrata a la Presidencia tiene ideas anti-americanas?) y exigió a los medios que hicieran "a penetrating expose" on "the views of the people in Congress and find out, are they pro-America or anti-America?" (¿una nueva caza de brujas, Congresista? ¿Conoce a usted a algún congresista que sea antiamericano?).

- Vito Fossella, congresista por el 26º distrito de Nueva York: el único congresista republicano de la ciudad de Nueva York tenía un buen distrito (que votó a Bush con el 55% de los votos en 2004) y una buena familia (casado desde 1990, con tres hijos), y una segunda familia, compuesta de una teniente coronel del Ejército retirada con la que mantenía una relación desde 2003, y de la que nació una hija de tres años.

Pero a lo mejor todo esto no se hubiera sabido si al congresista no le hubieran arrestado por conducir borracho el pasado 1 de mayo. La "otra mujer" fue la que acudió a la cárcel para pagar su fianza, y la prensa de Nueva York (conocida por su delicadeza al husmear un escándalo) descubrió todo el pastel. Fossella no se presenta a la reelección, pero ha dañado tanto a su partido que su distrito es uno de los que los republicanos ya dan por perdido, incluso con un nuevo candidato.

Entre los demócratas:

- Tim Mahoney, congresista por el 16º distrito de Florida. Permitidme un poquito de historia: el 16º distrito de Florida había estado representado durante 11 años por un congresista republicano, Mark Foley, que tuvo que dimitir de su escaño por enviar mensajes obscenos y pedir fotos pornográficas a diversos pajes (masculinos) del Congreso. Por supuesto, cuando llegaron las elecciones, los republicanos perdieron el escaño, aunque el distrito había votado a Bush con el 54% de los votos en 2004.

Entra Tim Mahoney en escena, el nuevo congresista demócrata. Lamentablemente, algo debe haber en el aire del distrito que enloquece a sus congresistas: la semana pasada Mahoney confesó, tras ser expuesto por la prensa, que había pagado 121.000 dólares a una antigua amante que continuaba trabajando en su oficina para que no se fuera de la lengua sobre su relación. Y ya puestos, admitió que había tenido "numerosas amantes", "ciertamente más de dos". El FBI está investigando si ha hecho uso de dinero público para acallarlas, y su mujer solicitó el divorcio este lunes. Una perla de congresista, como podéis ver.

En resumen: los republicanos ganarán entre 1 y 3 congresistas, y perderán, en mi opinión, entre 30 y 40. Un perfecto desastre. Y esperad, que queda una semana para que alguno más diga otra estupidez o cometa algún otro adulterio.