lunes, 27 de octubre de 2008

Éramos pocos...

...y un jurado popular ha condenado a Ted Stevens, senador republicano de Alaska durante los últimos cuarenta años (el Senador republicano más veterano), por:

a) recibir regalos y aceptar renovaciones gratuitas de su casa en Alaska efectuadas por una empresa petrolífera de la región, por un valor total de 250.000 dólares (hasta aquí es feo, pero no es necesariamente delito...)

y b) ... y no declarar un sólo dólar de esas "retribuciones en especie", percibidas durante ocho años (y aquí está el delito).

El día 4 de noviembre Alaska vota no sólo en las generales, sino también la renovación del asiento de Stevens. Salvo hecatombe, aquí os hago un pequeño perfil del nuevo Senador demócrata por Alaska, Mark Begich:

Begich es el alcalde de Anchorage, la ciudad más grande de Alaska, con más del 40% de la población total del Estado. Su padre, Nick Begich, fue el último congresista demócrata de Alaska (murió junto al entonces líder de la mayoría demócrata en el Congreso, Hale Boggs, en un accidente de aviación en 1972, ocurrido mientras volaban entre Anchorage y Juneau).

Begich, como corresponde a un demócrata de Alaska, es centrista: firme partidario de las armas de fuego, pero tambíen del aborto (Alaska es un Estado muy libertario, probablemente el más opuesto de todo Estados Unidos a las intromisiones del Gobierno en la vida privada), es evidente que la muerte de su padre le acabó conduciendo a la política (tampoco es que el Partido Demócrata de Alaska tenga mucho banquillo, que digamos).

En un año normal, probablemente no se hubiera arriesgado a enfrentarse a Stevens en la octava campaña de reelección de éste (y si se hubiera atrevido, hubiera perdido, y de goleada). Pero Stevens, obviamente, ha perdido el norte (lo cual no deja de ser sorprendente para un Senador de Alaska- perdón por la broma), y literalmente le ha regalado un escaño al Partido Demócrata en el Senado.

Nueva previsión: Demócratas 57, Republicanos 41, Independientes (alineados con los demócratas), 2. Los demócratas están a sólo uno de la cifra mágica de 60.