sábado, 18 de octubre de 2008

¿Una elección de realineamiento?

La prensa norteamericana se ve sometida a dos pulsiones muy distintas en el marco de unas elecciones presidenciales: o bien desea que la elección sea lo más ajustada posible (porque eso vende más periódicos y consigue mayor audiencia televisiva y radiofónica) o, por el contrario, quieren una victoria aplastante ("landslide" es como lo llaman ellos), porque eso les permite hablar de una elección "histórica". No hay punto medio: la elección debe resolverse como la de Bush-Gore en 2000 (medio punto de diferencia), o resultar en una victoria aplastante como la de Reagan sobre Mondale en 1984 (dieciocho puntos de ventaja, nada menos).

Por eso el actual estado de las encuestas les resulta un tanto molesto: Obama tiene una ventaja de unos siete puntos de media, lo que está a medio camino de los deseos de la prensa: o empate o victoria aplastante.

En cualquier caso, los liberales más optimistas y los conservadores más pesimistas han empezado a analizar las posibilidades de una derrota aplastante del Partido Republicano. Steven Stark, del Boston Phoenix (que pertenece a la segunda categoría), publicó un artículo hace unos días hablando de la posibilidad de que esta elección fuera una de las llamadas "elecciones de realineamiento".

¿Qué es eso? Pues bien, una elección de realineamiento es una elección que altera el panorama político de un país. Desde la fundación del Partido Republicano en 1856, la política norteamericana se puede dividir en cuatro períodos de dominación de uno u otro partido:

1) Entre 1856 y 1896: dominio del Partido Republicano. Fundado en 1856, el GOP ("Grand Old Party"), gana sus primeras elecciones en 1860 (con Lincoln- color azul en el mapa que os adjunto). Las gana con menos del 40% de los votos, aunque con mayoría en el colegio electoral, y tan solo porque sus oponentes están profundamente divididos: demócratas norteños (en rojo en el mapa), demócratas sureños (en verde en el mapa), y antiguos whigs (en amarillo en el mapa).



La Guerra Civil (y especialmente la posguerra), por supuesto, solidifican las posiciones políticas partidarias: tras la Reconstrucción del Sur, y tras las conflictivas elecciones de 1876 (en las que, al igual que en el año 2000, el candidato republicano ganó el Colegio Electoral, pero no el voto popular, y una muy controvertida decisión sobre Florida le dio la presidencia), el Partido Demócrata (representante de los sureños vencidos) gana TODAS las elecciones en TODOS los Estados de la antigua Confederación hasta 1920 (cuando los republicanos consiguen ganar en Tennessee). En cambio, el Partido Republicano (representante de los norteños vencedores) gana la mayoría de los Estados norteños, más poblados, lo que le suele garantizar la victoria.

Entre 1856 y 1896, los republicanos gobiernan la Casa Blanca 28 de 40 años (1860-1884, 1888-1892). Por cierto, el único presidente demócrata posterior a la Guerra Civil (Grover Cleveland) NO era sureño, sino gobernador de Nueva York.

2) Entre 1896-1932: 1896 es la elección de realineamiento más disputada por los historiadores, pero probablemente merezca ese título. 35 años después de la Guerra Civil, los recuerdos de ésta se empezaban a difuminar (McKinley, el candidato republicano, de hecho, fue el último Presidente que había combatido en la guerra). El Partido Demócrata, por su parte, harto de perder elecciones, intenta expandir su base electoral hacia el Oeste, con un mensaje muy populista, liderado por William Jennings Bryan. En el eje izquierda-derecha, el Partido Republicano se mantiene en el ala "izquierda" del espectro político hasta 1912, aproximadamente, y el Partido Demócrata, dominado todavía por el ala sureña, representa la "derecha" del país.

Los republicanos ganan las elecciones con comodidad, gracias a su victoria en Nueva Inglaterra, Nueva York y el Medio Oeste. Los demócratas ganan en el Sur y en la gran mayoría de los Estados del Oeste, pero no alcanzan el 47% del voto electoral:



(pensad que los Estados republicanos tienen más población y más votos electorales que los del Oeste y los del Sur).

Entre 1896 y 1932, los republicanos gobiernan la Casa Blanca 28 de 36 años (1896-1912, 1920-1932). Para más inri, el único presidente demócrata, Wilson, gana las elecciones de 1912 con el 42% de los votos únicamente porque el Partido Republicano se parte en dos pedazos: los seguidores del presidente Taft (oficialistas) y los seguidores del expresidente Theodore Roosevelt (que fundan el Partido Progresista).

Tras la presidencia Wilson (que había llevado al Partido Demócrata hacia posiciones más de izquierdas, especialmente a raíz de la Primera Guerra Mundial), sin embargo, se produce un fenómeno muy peculiar: el Partido Demócrata sigue esencialmente representando al Sur racista y conservador, mientras que el Partido Republicano abandona los principios progresistas que habían defendido Roosevelt y hasta cierto punto Taft, y también deriva hacia el conservadurismo económico.

3) 1932-1968: El crack de 1929 y la Gran Depresión destruyen al Partido Republicano (que llevaba doce años en el poder), y llevan al Partido Demócrata a la Casa Blanca. Franklin D. Roosevelt (una vez más, un gobernador de Nueva York) mueve al Partido Demócrata progresivamente hacia la izquierda, lo que lleva a la increíble paradoja de que en un momento determinado los demócratas abarcan TODO el espectro político: desde los racistas segregacionistas sureños de derecha dura hasta demócratas de izquierdas lindantes con el Partido Comunista en Nueva York. Eso, por supuesto, conduce a victorias aplastantes como la de 1932 (una elección de realineamiento clásica):



Entre 1932 y 1968, los demócratas gobiernan la Casa Blanca 28 de 36 años (1932-1952, 1960-1968). Tan solo Eisenhower, con su extraordinaria aureola de héroe de la Segunda Guerra Mundial y su imagen de moderación, unidos al natural desgaste de 20 años de gobierno, consiguen devolver temporalmente a los republicanos a la presidencia.

4) 1968-2008: Ya en el período anterior se estaba larvando un espectacular cambio en la orientación política de los dos grandes partidos. Roosevelt, como hemos dicho, movió a los demócratas hacia la izquierda. Truman, un demócrata de Missouri, inició las primeras maniobras claras contra la segregación racial (desegregó el Ejército, por ejemplo), lo que provocó ya un primer conato de deserción de los demócratas sureños en las elecciones de 1948:



(los Estados en verde votaron por el segregacionista Strom Thurmond, gobernador de Carolina del Sur).

El candidato demócrata al que Eisenhower derrotó en 1952 y 1956, Adlai Stevenson, mueve al Partido Demócrata definitivamente hacia la izquierda, mientras que el anticomunismo de McCarthy y sus seguidores ya había empezado a mover al Partido Republicano hacia la derecha desde el final de la II Guerra Mundial.

Los presidentes Kennedy y especialmente Johnson se enfrentan definitivamente al ala racista sureña de su partido, lo que provoca la ruptura del Sur con el Partido Demócrata y el desplazamiento masivo de los votantes blancos racistas sureños al Partido Republicano (a raíz primero de la campaña de Goldwater en 1964, y posteriormente de Nixon en 1972). El Partido Demócrata pasa a ser el partido de centro-izquierda, mientras que el Partido Republicano se convierte en el partido de centro-derecha.

Como una imagen vale más que mil palabras, para que veáis lo drástico que fue el cambio en menos de una década, comparemos el mapa electoral de 1956 (Eisenhower contra Stevenson):



Una rotunda victoria del Partido Republicano frente al Demócrata que apenas mantiene sus feudos en el Sur profundo (pero pierde ya nada menos que 5 Estados de la antigua Confederación). Apenas ocho años después, el mapa se invierte radicalmente:



La rotunda victoria de Johnson sobre Goldwater es el reverso de la victoria de Eisenhower contra Stevenson: Johnson arrasa, pero pierde precisamente los Estados del Sur profundo (Mississipi, Alabama, Georgia, etc) que no votaban por un republicano desde hacía 100 años.

1964 es claramente una elección de realineamiento (hay numerosos Estados en los que el Partido Demócrata no gana unas presidenciales precisamente desde 1964). Los demócratas pierden el Sur (en el que no han vuelto a ganar desde la victoria de Carter, un demócrata sureño, en 1976), mientras que los republicanos, aunque se recuperarán ampliamente hasta conseguir aplastantes victorias en 1972 y 1984, empiezan a perder pie en sus feudos tradicionales de Nueva Inglaterra y el Medio Oeste. Por otra parte, el tremendo crecimiento de población de la Costa Oeste hace de California el Estado más poblado de la Unión. La última ocasión en que los republicanos han ganado en California es en las elecciones de 1988, hace ya veinte años.

En cualquier caso, los republicanos han gobernado 28 de los últimos 40 años (1968-1976, 1980-1992, 2000-2008), y los únicos presidentes demócratas en ese período han sido dos sureños centristas (Carter y Clinton).

5) 2008 en adelante: la clave para captar si estas elecciones son de "realineamiento" no está en si Obama es capaz de ganar Estados como Ohio, Nuevo Mexico o Iowa, que han cambiado de manos en los últimos ciclos electorales de manera constante. Lo importante es si el hartazgo respecto del Partido Republicano por parte de los votantes es tal que, de manera similar a las elecciones de 1932, los demócratas son capaces de ganar Estados en los que hace décadas que no ganan y en los que Obama no sólo está compitiendo, sino en algún caso incluso liderando en las encuestas: Virginia o Indiana, que los demócratas no ganan desde 1964, Carolina del Norte, en la que no ganan desde 1976, o Colorado, en la que no ganan desde 1992. La victoria de Obama y, por supuesto, la continuidad de esa victoria en ciclos electorales sucesivos nos permitirá calibrar si estas elecciones son de verdad históricas, y si el Partido Demócrata es capaz de recuperar posiciones en el Sur y en el Oeste, las dos áreas desde las que el Partido Republicano ha dominado la política norteamericana en los últimos cuarenta años.

1 comentario:

Alfonsogt dijo...

Gracias Pedro por estos análisis. Hoy he leído que podría producirse el "efecto Bradley" según el cual los blancos dicen votar a Obama cuando les preguntan para no ser tachados de racistas pero en la intimidad de la cabina electoral votarán a McCain.